(20 de marzo de 2008) En
nueve días durante este mes, cuatro sindicalistas colombianos fueron
asesinados, dos dirigentes de derechos humanos fueron secuestrados y
luego liberados, y más de 40 dirigentes sociales que participaron de la
marcha contra los paramilitares el 6 de marzo pasado recibieron
amenazas de muerte. “Es una represalia por haber sacado a la calle los
miles de crímenes que cometieron con total impunidad los paras en las
últimas dos décadas”, aseguró Iván Cepeda, uno de los líderes del
Movimiento Nacional de Víctimas de Estado. La denuncia no tuvo eco en
el gobierno de Alvaro Uribe, pero sí la tendrá en el Congreso
estadounidense en abril, cuando los demócratas vuelvan a cuestionar la
aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC), una iniciativa que
George Bush calificó recientemente de “esencial” para la seguridad
regional.
Según la mayor
central obrera estadounidense, la AFL-CIO, los nuevos asesinatos
demuestran que ni la persecución sindical ni los paramilitares han
desaparecido en Colombia, como jura y rejura Uribe. “Les presentamos
toda las pruebas y las denuncias a los líderes demócratas en el
Congreso. Tienen suficiente como para rechazar el TLC y tenemos
confianza de que eso harán”, explicó el encargado de Asuntos
Internacionales, Just Voight.
Las
amenazas empezaron en febrero, cuando el Movimiento de Víctimas de
Estado, los principales sindicatos y las organizaciones de derechos
humanos decidieron convocar la primera marcha nacional e internacional
en homenaje a los miles de asesinados, desaparecidos, torturados y
desplazados por los paramilitares. Dos días antes de las
movilizaciones, los organizadores tuvieron un adelanto de lo que les
esperaba. Carmen Carvajal, una líder del gremio docente de Ocaña, en el
norte de Santander, fue asesinada por dos hombres encapuchados cuando
salía de su casa. Le dispararon tres tiros en la cabeza. Nadie se
adjudicó el asesinato, pero las organizaciones sociales pidieron
protección al Estado.
Al
día siguiente, ya no quedaron dudas. Un grupo de paramilitares
secuestró al líder del sindicato de los bancarios de Bogotá, Leónidas
Gómez. Su cuerpo apareció dos días después, casi al mismo tiempo que en
Medellín asesinaban a Gildardo Gómez, un miembro del gremio docente
local, que el día anterior había encabezado la marcha.
La
cuarta víctima fue Carlos Urbano, un dirigente sindical de San Vicente
de Caguán, el departamento que hace seis años fue el escenario elegido
para las negociaciones de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y
las FARC. Desde el fracaso del proceso, Urbano venía denunciando las
arbitrariedades del Ejército –que recuperó el territorio sin escatimar
balas– y especialmente el megaoperativo de seguridad que habían
preparado para acompañar la marcha. Con limitaciones y todo consiguió
que cientos de personas lo acompañaran por las calles de la capital.
Tres días después, desapareció sin dejar rastros. El 12 de marzo su
cuerpo apareció en un basurero en las afueras de la ciudad con claras
señales de tortura.
“Denunciamos
la represión, los asesinatos y las amenazas, pero el gobierno y los
medios estaban más interesados en el conflicto con Ecuador y
Venezuela”, explicó frustrado Cepeda, que envió varias cartas a la
Presidencia. El vocero del Palacio presidencial, César Velázquez, se
excusó por no poder comentar sobre el tema. “Es que hace varios días
que todos estamos afuera de Bogotá”, explicó a Página/12.
Uribe
comenzó recientemente una gira por el interior para anunciar obras de
infraestructura; su canciller, Fernando Araújo, estuvo hasta el cuello
con las negociaciones en la OEA; el ministro de Defensa, Juan Manuel
Santos, está concentrado en la seguidilla de victorias en la lucha con
las FARC; y su asesor personal, José Obdulio Gaviria, está de
vacaciones.
Nadie en
Presidencia quiso comentar sobre el pedido de renuncia de Gaviria que
presentaron esta semana el Movimiento de Víctimas y los sindicatos. El
asesor había asegurado horas antes de la marcha del 6 de marzo que no
participaría porque era una iniciativa de la guerrilla. “Es una marcha
convocada por las FARC”, le había dicho a la prensa. Casualmente ésas
fueron las palabras que utilizaron los paramilitares que secuestraron a
dos líderes sociales el fin de semana pasado, durante su viaje a Bogotá
para participar de un congreso de organizaciones de desplazados. “Les mostraron fotos de las marchas y les dijeron que habían provocado una reacción que recién empezaba”, relató Cepeda.