El exterminio del pueblo autóctono
Diaguita, Omaguaca, Lule-Vilela, Mapuche, Araucano como así también de
otras poblaciones en el territorio Argentino tienen correlación con la
sociedad patriarcal, occidental y de las multinacionales capitalistas.
Sometieron a
las mujeres y a sus familias, las sometieron a una asimilación e
integración forzadas y se les negaron todos sus derechos fundamentales.
En homenaje a mi madre descendiente
de los primeros habitantes del territorio argentino. Probablemente
originaria del pueblo Diaguita o Calchaqui. Sus orígenes deben buscarse,
ya que es huérfana, pero sus características y sus gestos diarios
dicen largo sobre sus orígenes.
Las mujeres indias y sus
familias reclaman hoy el reconocimiento de su método de vida ancestral
que pasa por el acceso a la tierra y a los recursos naturales, así como
sus derechos a la autodeterminación como naciones o pueblo.
Veintitrés
etnias existían en Argentina a la llegada de los españoles, pero
siempre se ha afirmado que en Argentina "no hay Indios"; pues, en el
espíritu del argentino medio hay aún menos mujeres
amerindias.
En Argentina, "no
hay Indios"; oí este leitmotiv desde mi más tierna infancia.
¡En
cualquier caso, las "minorías" son inexistentes! No hay pueblo negro, no
hay pueblo Diaguita, Mataco, Calchaqui, y ningún otro pueblo autóctono.
Pues
no hay pasado. Y si no hay pasado cultural, no hay presente y no hay
futuro.
¿Cómo una nación puede
construirse y educar a sus niños ignorando el pasado cultural de sus
primeros habitantes?
Sólo algunos descendientes de los
supervivientes del genocidio (Laulin hablaba de ethno), y las ruinas
arqueológicas están allí para contar este pasado rico y misterioso.
La
historia de los vencidos no existe, los vencidos no tienen palabra, no
tienen historia.
Así pues, los primeros "desaparecidos", los
primeros "exiliados" de su propio territorio fueron los Amerindias y los
Amerindios,
que fueron borrados de la historia argentina.
¡Si es cierto que
nuestro pasado histórico es borroso, los descendientes de las naciones
Diaguitas, Calchaquies y Araucanas, como el pueblo Omaguaca y Mataco
existen completamente!
¡Basta con observar alrededor de Buenos
Aires, o en las provincias como Jujuy, Salta o Neuquén, para ver que sus
expresiones culturales y sus creencias están siempre vivas!
¡El
culto a la Pachamama (la Tierra Madre), la elaboración de la chicha y el
aloja, bebidas festivas y rituales, la ceremonia y la danza ceremonial
del PIM-CPim o los rituales del Carnaval "indígena" en Abra Pampa, son
la expresión de un culto que se resiste cara al formateado cultural de
la "Coca-Cola"!
Cuando los Conquistadores llegaron a las orillas
de las Américas, ignoraban aún que desembarcaban sobre otro continente, y
que no se trataba pues de India. Para la gran mayoría de los Argentinos
la historia comienza con
el "Descubrimiento" de América, con la llegada de Christóbal Colón en
1492.
Por otra parte es con este "a priori" que los dos autores
del libro "Introducción a la arqueología y a la etnología: diez mil de
años de Historia Argentina" - con toda la reputación de los científicos
que abordaron el pasado ethnohistórico de Argentina a partir de una
perspectiva crítica - sin embargo, comienzan el primer capítulo
"Cazadores y recolectores" (Cazadores y colectores) por estas palabras
(Ottonello y Lorandi, 1987 de:15.) : "cuando los Españoles llegaron a
esta tierra al principio del siglo XVI , es decir, cuando comienza para
nosotros el tiempo histórico..." Implícitamente, eso significa que no
tuvimos Historia antes de la llegada de los Españoles.
La pérdida de la tierra existenticial
Con
la pérdida de su tierra existencial, todo su universo social, político,
ecológico,
filosófico y espiritual, va a hundirse.
Tienen necesidad de la
Pachamama (Madre Tierra) para poder pensarse, para imaginarse, para
proyectarse, ya que es a partir de la tierra que ellos existen y pueden
comunicarse con el conjunto del Universo que los rodea: mundo vegetal,
animal, humano, y espiritual.
La Pachamama, nuestra Tierra Madre,
para las comunidades andinas está asociada a la fertilidad, a la
fecundidad (Coluccio, 1994:491), por lo tanto a una mujer y madre que
prodiga beneficios y cuidados, y alimenta a sus niños.
El
término Pachamama viene de las palabras quechua "pacha", que significa a
la vez "tierra" y "tiempo" (Paleari, 1982: 328-329), y mama, madre.
¿Madre del Tiempo, por lo
tanto, quizá porque vinculada al ritmo de las temporadas? Algunos se lo
imaginan en forma de una mujer, cuya edad puede variar según las
regiones. En algunas zonas de mi provincia
nativa de Jujuy, se elige a la mujer más vieja de la comunidad como
representante de la Pachamama. Del culto basado en el respeto por la
tierra y la armonía con la naturaleza, se pasó brutalmente a un culto
del terror, donde se discriminaba a las mujeres especialmente.
Para
nosotros, descendientes del pueblo "originario", no se trata de un
"encuentro" como se proclamó en las festividades oficiales del
"Encuentro de los Dos Mundos" que señalaron en 1995 los quinientos años
del "Descubrimiento" de América, sino más bien de una tragedia.
Por otra
parte la tierra no les pertenecía, ya que en nuestra concepción del
mundo, es más bien nosotros quienes pertenecemos a la Tierra, y a todo
el Cosmos.
A partir de allí,
son dos concepciones del mundo - dos sistemas de pensamiento - que van a
enfrentarse y siguen enfrentándose
hoy.
Tras la derrota, las comunidades indígenas de Argentina van
a replegarse sobre ellas mismas para seguir viviendo y practicar su
cultura.
Vieron cómo se distribuían sus tierras con voracidad por
la nueva oligarquía rural, dirigida desde Buenos Aires por la potente
Sociedad Rural Argentina [ 1 ].
Los Indios habían perdido algo
más que su tierra: habían perdido su "alma", (Sarasola, 1993). Vuelven a
entrar así de pleno en el túnel de la desintegración cultural y
espiritual.
Muchos factores negativos van a precipitar a las
comunidades indias en esta marcha hacia la nada. Para conquistar todos
los territorios los invasores establecieron mecanismos que dieron
resultado, es decir:
1. La exterminación sistemática del pueblo
autóctono - niños, mujeres y ancianos - no sólo por las guerras, sino
también por el trabajo forzado.
2. La prisión para los rebeldes
que no se sometían.
3. El
confinamiento y la deportación en "colonias", rompiendo así la lógica
del grupo familiar y comunitario.
4. Las transferencias en
regiones distantes y desconocidas, ratificando el alejamiento de la
tierra de origen.
5. La incorporación forzada a nuevas prácticas y
formas de vidas, la obligación de llevar camisas, pantalones, de cubrir
el cuerpo, ya que la desnudez se
consideraron como un pecado.
6. La supresión forzada de los hábitos
tradicionales y la obligación de practicar un único culto, el de la
religión católica, con la prohibición absoluta de practicar sus rituales
y ceremonias.
7. La
desmembración del núcleo familiar por el sistema de encomienda y los
"servicios personales", dónde sometían a las mujeres a la esclavitud
sexual.
8. La propagación
de distintas epidemias. Las mujeres indias no eran ahorradas para el
trabajo forzado, y sufrían los abusos y los fastidios de los Españoles
por medio del "servicio personal" (véase Guamán Poma de Ayala).
El trabajo forzado de las mujeres indias se
hacía bajo la vigilancia de los monjes. La clase dominante, la
oligarquía rural - y su emanación directa la casta militar -, siempre se
ha definido como de una cultura europea y patriarcal.
Argentina
está constituida mayoritariamente por inmigrantes de origen europeo
llegados por olas sucesivas, en un planteamiento de extensión y de
"conquista" de América.
Más tarde, en la primera mitad del siglo
XX, Argentina fue la esperanza de una mejor vida para millones de
emigrantes europeos pobres; vinieron de todos los horizontes, huyendo de
las distintas crisis económicas o las
guerras.
Mujeres en lucha
En
este contexto evoluciona la historia de las mujeres de los pueblos
originarios de la Argentina.
Actualmente, se organizan para
recuperar su espacio vital, y hacer vivir su cultura: se organizan
talleres en torno al tejido, la salud, y su concepción del mundo.
Transmiten así su conocimiento ancestral guardando al mismo tiempo un
vínculo muy estrecho con el mundo de hoy.
Por todas partes, en Centroamérica y América del Sur, defienden sus
territorios, se baten contra el genocidio y el ethno cultural con las armas en la mano en
Chiapas, defienden su cuerpo en Chile y Argentina, y llevan a sus niños
sobre las espaldas en Bolivia y
Perú.
Pero sus luchas son raramente visibles, ya que
pertenecen sobre todo a un grupo social o a una comunidad.
Por
lo tanto sus luchas son asociadas sistemáticamente a las de los hombres
por los medios de comunicación, ya que éstos seleccionan las imágenes
que deben verse: no se puede mostrar a
una mujer en tren de esgrimir sus puños, o hacerse salvajemente aporrear por la policía, ya que eso
perjudica a la imagen de la mujer que quieren dar.
La
resistencia de las mujeres se ocultó hasta cierto punto a lo largo de su
historia, y nunca fueron visibles.
El porcentaje de las mujeres
en la prensa política y social es muy escaso, es la mirada masculina que
prevalece. Mostrar la imagen del hombre en rebelión más bien que las de
la mujer es un hábito cultural.
Dado que se formateó su
educación visual desde la infancia, es una sola y única visión que se
nos da a ver: una imagen
distorsionada.
Las luchas de
las mujeres tienen sus especificidades: protegen los recursos naturales,
luchan por los derechos humanos, la protección de los lugares
consagrados, y sobre todo contra del ethnocidio y el genocidio.
Trabajan
en en el tiempo, protegen la vida, se baten contra la deportación y el
exilio.
Desde el territorio Mapuche y Pehuenche Ralko Lepoy, las mujeres
Mapuche del Bio Bio en Chile luchan contra la cultura patriarcal
occidental y expansionista. Resisten a la construcción de una represa:
Ralko, Domuche Newen, en el territorio Chileno.
Y "piden a la empresa Endesa renunciar a la
persecución y al encarcelamiento de cada uno de ellos, y que quieren
detener la obra de la Central Hidráulico Eléctrico Ralko".
La
lucha de las mujeres es larga, pero no
se detendrá, ya abrieron camino. Algunas mujeres indias, como Nina
Pacari en Ecuador, están a la cabeza de Ministerios, otras son
dirigentes para la recuperación de la tierra en Brasil, o son mujeres
piqueteras en Jujuy o en la Patagonia Argentina. Y hay muchas otras,
anónimas, que recorren el camino de la liberación política y social.