“Energía antimperialista”

El Protocolo de Kyoto y la cumbre de Copenhague

Es de conocimiento público que el protocolo de Kyoto es el acuerdo internacional con miras a la reducción de emisiones de gases invernaderos responsables del calentamiento global. El principal de estos gases es el Dióxido de Carbono (CO2) que es producido en todo proceso de combustión. Este acuerdo se propuso como meta la reducción de emisiones en un 5% para el año 2012, con respecto a las emitidas en el año 1990. Para los países firmantes el acuerdo entró en vigor el año 2005. El protocolo de Kyoto clasifica a los países en anexados (Europa, Japón, Canadá, Australia, etc.) y los no anexados (Latinoamérica, África, India, China, etc.) Para los países anexados, el protocolo impone un límite de emisiones. Los países que se exceden en sus límites tienen que compensar al resto a través de mecanismos de intercambio de créditos por emisiones. En los países no anexados no hay límite de emisiones pero se incentiva la reducción por medio de los denominados “Mecanismos de Aire Limpio” que otorgan “Certificados de Emisiones” a los proyectos que permitan la reducción o el secuestro de CO2.

En Diciembre del 2009, en Copenhague, se llevó a cabo la XV Conferencia sobre cambio climático, en la que los jefes de Estados de todos los países se reunieron con el propósito de establecer un régimen post 2012. Sin embargo, como también sabemos, no hubo humo blanco. Los países de la Alba se opusieron al engaño que escondía el acuerdo. ¿Por qué?

Primero: Este intercambio de emisiones por dinero permite driblarse los límites de emisiones impuesto a cada país desarrollado (los anexados), comprando los certificados a los países no anexados, en donde la reducción de emisiones es cien veces más barata. Segundo: Estos límites de emisiones que se querían imponer a los países anexados son insuficientes para detener el cambio climático.

Es harto conocido que es Estados Unidos el mayor contaminante (consume 1/4 de la energía fósil producida en el mundo). En el año 2001 EE.UU. se retiró del Protocolo porque el tratado “no servía a la competitividad de su economía”. Es aquí donde está la gran traba a cualquier intento de salvar el planeta: colocar sus intereses económicos por encima de la humanidad. Lo anterior aunque suene absurdo, es la lógica del poder político que ha gobernado los Estados Unidos.

Sería muy interesante que, así como se nos enseña la importancia de las tasas de crecimiento económico, PIB y todos los demás indicadores económicos, empecemos a hacer un paralelismo y observar tasas de crecimiento (o decrecimiento) ambiental y nos demos cuenta de que esta sí es vital.


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