Suponemos que la Conferencia Episcopal de Honduras retrasó su decisión de apoyar el golpe de estado buscando justificaciones que le permitieran quedar bien con Dios y con el diablo. No creo que hayan discutido mucho y que se haya polemizado en su seno acerca de las consecuencias de tomar la determinación de manifestar su alianza a los fascistas. De entrada podemos afirmar que las jerarquías de la iglesia católica en todo el mundo jamás les ha importado las clases más desposeídas. Los pobres y sus problemas le sirven de bandera para recaudar dinero y aparentar un sentido de servicio a los más necesitados; pero en el fondo, les gusta usufrutuar el poder, estar al lado de quienes explotan al pueblo. De las enseñanzas de Jesús no conservan nada. El interés espiritual y la máxima dicha por Jesucristo acerca del poder cuando afirmó “que mi reino no es de este mundo” están lejos de ser consideradas unas razones válidas para servir a sus semejantes.
En realidad poco distancia encontramos entre un partido político y la conferencia episcopal de Honduras. Cuando se usan los púlpitos para denigrar de los adversarios políticos que hacen vida en un país, se está utilizando el templo para fines que no contemplan las enseñanzas dejadas por el redentor. Los obispos están apoyando al dictador, a los momios que amparados en la fuerza expatriaron al presidente Manuel Zelaya y se hicieron con el control de estado. La iglesia avala con esa actitud la represión, el asesinato, la suspensión de las garantías constitucionales, las persecuciones y el fenecimiento de la libertad de expresión. Los obispos son cómplices de la dictadura que se ha instaurado en el país centroamericano.
Quienes detentan el poder terrenal de la iglesia no escatiman esfuerzos para acercarse a los filofascistas que usurpan la soberanía de los pueblos del mundo. La oligarquía eclesiástica forma parte de la cúpula que domina la economía y que pretende ejercer su poder hegemónico, férreo contra el colectivo hondureño. En gran parte del mundo, la jerarquía de la iglesia católica usa su influencia para enriquecerse, para guardar en sus arcas lo que timan a sus fieles; América Latina no es la excepción pues es el continente con mayor número de creyentes. Los pastores de la iglesia dedican su tiempo a vivir como reyes mientras sus seguidores padecen de hambre, de justicia social, de abandono.
Es lamentable que la Conferencia Episcopal Hondureña haya cerrado filas al lado de los golpistas; es terrible que justifiquen su actitud mencionando la posibilidad de un baño de sangre; es abominable que mientan descaradamente acerca de la “legalidad” del golpe de estado. En este siglo ya no es posible engañar ni atemorizar a la gente y eso debe tenerlo en consideración la banda de sátrapas que dicen representar a Dios en la Tierra.
[email protected]