Relaciones comerciales Argentina-Venezuela a la vuelta del siglo XXI. ¿Hacia un patrón de relacionamiento Sur-Sur?

Durante los últimos años, la cobertura mediática y académica de las relaciones entre Argentina y Venezuela ha experimentado una tendencia a concentrarse en el análisis de asuntos de tipo político-diplomáticos, relegando, de esta manera, cuestiones claves que constituyen la base material y una de las instancias reales y concretas de las relaciones bilaterales: los vínculos económicos.

Lo cierto es que, más allá de esta llamativa omisión, el componente económico que tiñe las relaciones entre ambas naciones constituye una variable de enorme valor analítico, que ha tomado gran relevancia a partir de mediados del 2003, como consecuencia de un proceso complejo en el que se sucedieron simultáneamente transformaciones en la coyuntura económica internacional (aumento de los precios internacionales de las commodities) y en las circunstancias políticas y económicas domesticas (estabilización de las crisis internas).

Ahora bien, un método eficaz para evaluar la real dimensión de los cambios económico-comerciales que se están sucediendo a nivel bilateral, consiste en verificar los rasgos característicos que estos vínculos experimentaron en épocas anteriores. En este sentido, el análisis de las principales tendencias presentes en el intercambio comercial entre Argentina y Venezuela durante las últimas dos décadas, permite identificar dos etapas claramente diferenciadas. La primera se inició en 1990, en el marco del auge del libre mercado y el regionalismo abierto, y experimentó un declive abrupto a principios del nuevo milenio. La segunda tuvo lugar entre 2003 y 2008, como consecuencia de la estabilización de las crisis internas, el surgimiento de un entorno regional favorable y el establecimiento de un nuevo marco de cooperación bilateral. Durante este período, las relaciones económicas argentino-venezolanas experimentaron un salto cuali-cuantitativo.

En relación a la primera etapa, transcurrida entre 1990 y 2003, Argentina y Venezuela mantuvieron un volumen de intercambios moderado aunque relativamente estable, con una fase de auge entre 1995 y 1998, cuando el valor total de los intercambios se incrementó en un 52%. La suma promedio de las transacciones efectuadas durante estos años alcanzó la cifra de US$ 314 millones de dólares, con un saldo comercial de alrededor de US$ 210 millones favorable a Argentina.

A pesar de esta significativa performance, durante el año de mayor expansión de las exportaciones argentinas a Venezuela (1995), el mercado caribeño significó apenas el 1,8% del total de las ventas nacionales, ubicándose en el décimo segundo lugar entre los principales destinos. Por el lado de las importaciones, es preciso destacar que históricamente Venezuela nunca ocupó un lugar destacado entre los países proveedores más importantes para la economía argentina y la década del noventa no fue la excepción. El país caribeño tuvo una débil participación en el total de compras nacionales, ubicándose en el lugar 41 en la lista de las principales fuentes de importación nacional y exhibiendo pisos históricos como el de 1990, cuando sólo se exportaron a nuestro país mercancías por un total de US$ 8 millones de dólares.

Respecto a la composición de las transacciones comerciales durante este periodo, de acuerdo con datos de ALADI, el rasgo principal lo constituye la alta participación de los intercambios de bienes de tipo primarios. Por el lado de Argentina, en 1999 el rubro de mayor participación en las exportaciones hacia Venezuela fue Grasas y aceites (45%), seguido por Hortalizas y legumbres sin elaborar (8%); Cereales (7%); Metales comunes y sus manufacturas (6%); Leche y productos lácteos (3%); Productos químicos (2%) y Semillas y frutos (2%). Esto significa que, con excepción de los Productos químicos y las Manufacturas de fundición, todos los productos de mayor participación en las ventas son de un nivel de valor agregado relativamente bajo. Las ventas venezolanas hacia Argentina experimentaron una tendencia similar. En este caso, los combustibles y aceites minerales concentraron una participación de alrededor del 80% de las exportaciones totales.

Hacia el final de la década, el ciclo de comercio bilateral comenzó a transitar por una abrupta fase de declive. De acuerdo a datos del Centro de Economía Internacional (CEI), en 1999 el volumen total de los intercambios se redujo en un 45% dando inicio a una pendiente de contracción de los flujos bilaterales. Para 2003, las transacciones de bienes entre ambas economías descendieron a US$ 129 millones dólares, menos de la mitad del monto registrado en 1998.

El punto de inflexión de esta situación sobrevino en el transcurso del 2004, como resultado de la confluencia de dos factores de suma relevancia. Por un lado, el progresivo desarrollo de un marco internacional favorable a la región, en términos económicos. Por otro, la estabilización de los procesos políticos en ambas naciones y el surgimiento de intereses y objetivos de gobierno complementarios.

Respecto al primer punto, desde principios del 2003 la evolución de la economía internacional comenzó a experimentar cambios significativos que tuvieron un impacto decisivo para la recuperación del crecimiento de América Latina. Como sostiene el economista Julio Sevares, durante los últimos años “el relanzamiento de la demanda internacional, motorizado en especial por la fuerte demanda china, contribuyó al crecimiento de la economía latinoamericana y a la mejora de los términos del intercambio”. Según la UNCTAD, los precios de los commodities aumentaron 44,8% entre 2002 y 2005 en dólares corrientes, excluyendo el petróleo (que experimentó un incremento en un 114%). En consecuencia, gracias a esta expansión de precios de los productos primarios, la región adquirió los ingresos necesarios que le permitieron solventar un notable aumento de sus flujos comerciales.

Respecto al segundo factor, la asunción de Néstor Kirchner a mediados del 2003 en conjunto con la reafirmación del gobierno de Chávez, tras la victoria en el referéndum revocatorio del 2004, inauguró un nuevo marco de relaciones bilaterales caracterizado por el estrechamiento de la cooperación política y la intensificación de los vínculos económicos. Paralelamente, diversos elementos de interés, vinculados a objetivos internos tuvieron una relevancia clave. Del lado argentino, la necesidad de superar una crisis energética que empezaba a tener impactos significativos sobre la actividad productiva y que ya generaba roces con países vecinos (sobre todo con Chile que importa grandes cantidades de gas argentino) y la necesidad de abrir canales alternativos de financiamiento externo, ante las restricciones recibidas tras el default del 2001. Del lado venezolano, debido al aumento fenomenal de los precios del crudo la disponibilidad de divisas se multiplicó exponencialmente. Esta verdadera bonanza petrolera favoreció la expansión del gasto público y posibilitó la puesta en marcha de programas de cooperación financiera con países de la región, como la Argentina, que se vio beneficiada por compras millonarias de bonos del Estado. Por otra parte, las insuficiencias estructurales del sector agroalimentario nacional (Venezuela importa alrededor del 80% de sus alimentos), sumado a las necesidades de infraestructura de la industria petrolera y a la puesta en marcha de ambiciosos proyectos de construcción (todos sectores donde nuestro país posee altos niveles de competitividad); hicieron posible una “simbiosis” bilateral sin precedentes.

Gracias al surgimiento de este nuevo marco bilateral, durante el período 2003-2008, Argentina y Venezuela lograron instrumentar una serie de acuerdos bilaterales de significativa relevancia que apuntaron a profundizar el proceso de integración entre ambas economías. En este sentido, la suscripción del Tratado de Libre Comercio CAN – Mercosur en 2003, o Acuerdo de Complementación Económica (ACE 59), en conjunto con el Convenio Integral de Cooperación, puesto en marcha a partir del 2004, incluyen una serie de medidas concretas en materia de preferencias arancelarias y cooperación técnica en sectores económicos y actividades productivas diversas, que han servido como marco normativo de las relaciones económico-comerciales entre ambos países, favoreciendo la intensificación de los intercambios bilaterales.

De esta manera, gracias al impulso brindado por el Convenio Integral y el ACE 59, durante el periodo 2003 – 2008, el valor total de los intercambios entre ambas naciones experimentó un incremento record de alrededor del 970%, pasando de US$ 146 millones de dólares en 2003, a US$ 1.422 millones en 2008.

En cuanto a la evolución del patrón de relacionamiento comercial es preciso destacar que durante los últimos años se ha iniciado una tendencia al incremento del valor agregado de las mercancías participantes en los intercambios bilaterales. Por el lado argentino, de acuerdo con datos elaborados por el INDEC, durante el año 2007 las exportaciones a Venezuela alcanzaron los 1.176 millones de dólares. De esa suma, las manufacturas de origen industrial (MOI) se erigieron como el rubro más dinámico de la relación bilateral, obteniendo un crecimiento del 763% entre 2003-2006 y una participación dominante del 71% del total de las colocaciones argentinas. En segundo lugar de importancia se ubicaron las manufacturas de origen agropecuario (MOA), con el 24,5%; seguidas por los productos primarios (3,9%); y los bienes pertenecientes al rubro de combustibles y energía (0,06%). Del lado venezolano, de acuerdo con datos de ALADI, durante el año 2007 el valor de las exportaciones destinadas al mercado argentino alcanzó un total de 25 millones de dólares. Si ordenamos este valor global en categorías conforme a los usos económicos de las mercancías colocadas, los bienes de tipo intermedios concentran más de la mitad de lo exportado hacia Argentina y, en conjunción con las piezas y accesorios para bienes de capital, suman alrededor del 90% del total. De esta forma, la participación de productos elaborados vuelve a ser protagonista en los intercambios bilaterales.

En suma, el análisis comparado de la composición de las relaciones comerciales bilaterales entre los años 1999 y 2007, ha dado como resultado que los productos de origen primario y sus manufacturas han bajado su participación, para dar lugar a un mayor volumen de intercambio de productos de origen industrial. Por tanto, gracias a la profundización de los vínculos económicos y al establecimiento de un marco de regulación normativo capaz de sostener y ampliar los limites de dicha expansión, es posible concluir que las relaciones entre Argentina y Venezuela avanzan hacia un patrón de relacionamiento comercial cada vez más orientado al tipo de cooperación Sur-Sur, abriendo nuevas posibilidades a sectores económicos que se vieron relegados durante la década del noventa, vinculados a la producción de bienes elaborados.

(*)Mariano Roark, tesista de la Licenciatura en Relaciones Internacionales (U.N.C.P.B.A.) y becario de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de la Provincia de Buenos Aires. CEIPIL- U.N.C.P.B.A.

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