La
burguesía transatlántica y su brazo
armado, la OTAN, están logrando el sueño dorado de
su complejo militar-industrial: regresar el mundo hacia los tiempos
de la Guerra Fría de Winston Churchill y Harry Truman. Y, al igual
que aquellos delincuentes políticos
clásicos, no escatiman imponer sus intereses al precio de un holocausto
nuclear, como evidencia cada vez más su prepotente geopolítica belicista
en el Caucaso (Georgia), Ucrania y Europa oriental.
El duo Cheney-Bush
cosecha los frutos de la política trazada por el imperialista Bill
Clinton. Al colapsar la Unión Soviética, con el inepto e
iluso Gorbatchev y el borracho golpista de Estado Yeltsin, en el poder,
Clinton tenía dos opciones estratégicas: integrar a las partes europeas
de la URSS y Rusia, en la Unión Europea y la OTAN, o seguir considerándola
enemigo. En el segundo caso era “necesario” seguir aplicándole
las dos doctrinas fundamentales de la política imperial estadounidense:
el Grand Area y el Containment
(contención).
Contra la
opinión del fundador de ambas doctrinas, John Kenneth Galbraith, que
habían sido extraordinariamente exitosas para Washington, Clinton decidió
que a Rusia tenía que rodearse
con una “cortina de hierro” (Churchill). Es decir, el brazo militar
del imperialismo transatlántico, la OTAN, reforzado por Israel,
debía amenazar directamente a Rusia desde sus fronteras. Balcanización
y cordon sanitaire militar, apoyado en la amenaza nuclear-antimisilística
(Star wars), fue la política
de Clinton durante ocho años, en el ajedrez de
dominación mundial y frente a la nueva colonia.
La política
de colonialismo nuclear tuvo extraordinarios éxitos. Ucrania y Bielorrusia
que nunca habían sido naciones ni Estados propios, se convirtieron
en tales. Para darse una idea de la importancia de la expropiación
de Ucrania a Rusia, era comparable
a quitarle a Estados Unidos la extremadamente importante región del
Midwest.
Sin embargo,
la estrategia comenzó a fallar cuando Putin
recuperó el Estado ruso del control mafioso y occidental.
Putin bloqueó el trascendental paso
transcaucásico conquistador, que
Washington había planeado a través de la separación de Chechnya;
aplicando el modelo de represión militar que Washington usa en Irak
(Falluya).
Con los
reveses en Irak, Afganistán y Pakistán,
la camarilla en torno al duo Cheney-Bush
decidió dar el golpe estratégico en el Caucaso. Creó una fuerza de
choque georgiana mediante instructores gringos, la dotó de armamento
y le dio experiencia de combate en Irak. Estacionó avanzadas fuerzas
de defensa aérea misilística ucranianas en Georgia, aprovechó
la distracción mundial de los juegos olímpicos en Beijing y la ausencia
de Putin y Medvedev de Moscú, para un ataque con artillería pesada
contra una ciudad civil (Tskhinvali), ocuparla después con tanques
y cometer masacres.
No respetando
más su status neocolonial, Putin reaccionó como es necesario
reaccionar ante el fascismo: de manera mesurada y fría, pero con capacidad
real para liquidar la intriga imperial-oligárquica en el nivel donde
se plantea. En este caso, en el campo
militar.
Desde entonces,
Cheney-Bush han escalado el conflicto autorizando el despliegue del
escenario reaganiano Star Wars (misiles antiaéreos) en Polonia
que no es otra cosa que el intento de construir condiciones para dar
un golpe preventivo nuclear (first strike capacity) contra Rusia
y China. Y ahora han aumentado el peligro de un conflicto militar directo
con Rusia al introducir buques militares estadounidenses en el Mar negro.
La Guerra
Fría a la cual la lumpenburguesía atlántica no ha renunciado nunca
desde 1945, es congénita a esa clase, porque es la guerra contra el
Tercer Mundo y por los recursos y mercados mundiales. Cuando la URSS
era el aliado estratégico de los movimientos de liberación nacional,
la “Guerra Fría” asumió la máscara de una guerra contra
“el socialismo”. Hoy día, que no hay más socialismo histórico
en Rusia y China, la guerra sigue. Y es obvio porque.
La lumpenburguesía atlántica sigue con la ilusión del sistema mundial unipolar, controlado
por ella. Por eso tiene que “contener” a Rusia, China y Hugo Chávez.
Y si lo considera necesario lo hará al precio de un holocausto
nuclear.