El efecto demostración

El efecto demostración es una expresión del léxico económico tomada por el campo general de la conducta humana para señalar un acontecimiento social capaz de actuar ejemplarmente en puntos contiguos o aun muy alejados. Entre más destacada sea una persona o el desarrollo de un hecho cualquiera, mayor será la fuerza de contagio que ejerce este efecto demostración.

Así pues, uno no se explica cómo es que el gobierno colombiano se muestra escandalizado porque militares que hicieron parte de la Operación Jaque[1] vendieron el video que sigue paso a paso el desarrollo del operativo. La verdad es que los militares que se lucraron con la venta no hicieron más que copiar los principios con que se montó el operativo, que se realizó comprando la conciencia de dos comandantes guerrilleros que traicionaron a su organización y a sus compañeros.

Si la traición lucró a miembros del ejército opositor, era lógico pensar que el efecto demostración contagiara a los integrantes del Ejército. Y como la mentira fue la nota predominante del proceso de rescate, falsear la verdad y traicionar se convirtió en el valor preponderante que acompañó toda la acción, desde sus preparativos hasta las informaciones que se le dieron al público en general.

El gobierno traicionó el respeto que las normas internacionales y la lógica elemental le otorgan a la Cruz Roja y el Presidente de la República , en escena transmitida al mundo, obligó a Ingrid Betancourt a mentir, insistiéndole al preguntarle si ella había visto alguna insignia de cualquier organización reconocible, insistencia que sonó sospechosa.

El gobierno mintió cuando una parte del video le fue presentada a la opinión pública y se filtró que uno de los del equipo de rescate portaba un chaleco de la Cruz Roja porque se le alcanzaba a leer “Genéve”. Fue entonces cuando el Presidente Uribe se inventó el cuento de que el militar que lo llevaba se lo había colocado al entrar en pánico al ver tantos guerrilleros armados, explicación que sólo cabe en quien cree imbéciles a sus conciudadanos.  ¿Acaso el presidente no piensa que uno se pregunta de dónde salió el chaleco de la Cruz Roja ? No le habrá caído del cielo… aún cuando Uribe cometió la herejía de decir que era Dios quien les había “dado una mano” para el operativo, como si Dios, deliberadamente, permitiera los secuestros y le diera por liberar a algunos y dejar a los demás padeciendo semejante tortura. Es que “cada ladrón juzga por su condición”, como dice el adagio popular y los que creen en un Dios que le hace milagros a unos - cuando le da la gana - y deja en el lodo y el dolor a otros, es simplemente el Dios que ellos son capaces de imaginar, un Dios arbitrario y caprichoso como ellos mismos.

Cuando el noticiero de televisión RCN mostró la totalidad del video y se comprobó que no era el pánico el que había hecho salir de la lámpara de Aladino la chaqueta de la Cruz Roja , sino que se trataba de un gesto premeditado, salen a decir el Ministro Juan Manuel Santos y el Presidente Uribe que ellos no habían visto con anterioridad la totalidad del video y que, en consecuencia, no tenían “ni idea” de que el chaleco lo habían usado desde antes de que despejaran los aviones. ¿Quién le puede creer a Uribe semejante mentira? Nadie. Pues es imposible que el Presidente no haya querido ver en todos sus detalles una operación que ha sido admirada por amigos, adversarios y enemigos, y Uribe, que goza de un ego gigantesco, no podía dejar de saborear las escenas que le dieron un inmenso prestigio.

De modo que la Operación Jaque es el producto del soborno, de la mentira, de la manipulación de la opinión pública y de la compra de la lealtad a unos guerrilleros para que traicionaran  a su organización y a su gente, y eso tendrá efectos, no sólo sobre los integrantes del operativo, como en efecto sucedió, sino entre toda la población colombiana. Porque el gobierno de Uribe está modelando una cultura de la compra de conciencias, de la deslealtad y del engaño.

Nos mienten a diario y nos demuestran que la mentira produce jugosos dividendos. Nos están enseñando que los asesinatos de mil, dos mil y más colombianos lleva a sus actores a viajar a los Estados Unidos, donde les dan penas irrisorias – que nada tienen que ver con esos crímenes, sino con el tráfico de droga – y luego, si cooperan, les dan nueva identidad y entran a vivir el sueño americano, mientras que las víctimas quedan sumergidos en el dolor, el desplazamiento y el desamparo. A nuestra juventud, y a los viejos también, el gobierno de la llamada “seguridad democrática” nos está enseñando que el camino del éxito es la delación, el asesinato y la droga y que el vía crucis sin fin se le otorga a quien es inocente. Eso, sin contar que para llegar al Congreso de la República , a los ministerios y embajadas, hay que ser aliado de los asesinos y narcotraficantes de profesión.

Los uribistas nos dirán que bien vale la pena forjar una cultura de la corrupción y la violencia si de esa manera logramos la “seguridad democrática”. Pues bien, eso tampoco lo han logrado. En efecto, RCN, que la sabiduría popular llama “Radio Casa de Nariño[2]”, informó el viernes pasado que el gobierno norteamericano acaba de expedir una comunicación oficial instando a sus conciudadanos a no viajar a Colombia, debido al peligro de secuestro y muerte que representa el turismo en nuestro país y les pide a los que insistan en viajar, que no lo hagan sino a las grandes ciudades, porque las medianas y pequeñas son muy peligrosas y que, si van a desplazarse, lo hagan por avión y no por tierra. ¿Pero, acaso, el único argumento de la eficiencia de este gobierno mentiroso no es que ya los colombianos sí podemos viajar en automóvil?



[1] Operativo preparado por el Ejército Colombiano para rescatar 14 secuestrados que estaban en poder de las FARC.

[2] La Casa de Nariño es el Palacio Presidencial en Bogotá


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Gloria Gaitán


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