Ahora
los europeos andan en una de decir que los latinoamericanos no
entendemos el objetivo de la Directiva de Retorno recientemente
aprobada por el Parlamento Europeo. Consustanciado con ello, Jacques
Barrot, vicepresidente de la Comisión Europea (CE), ante medios de
América Latina, precisamente de donde son originarios la mayoría de
quienes pueden resultar afectados por aquella, expuso recientemente, de
manera clara, lo que quiere Europa: una inmigración controlada y
capacitada, es decir, sencilla y vulgarmente, mano de obra disciplinada
y calificada.
Uno
se preguntaría ¿a qué se refiere Barrot con inmigración controlada y
capacitada?, bueno, no precisamente a la inmigración que conforman
quienes, sin haber cursado estudios universitarios, ostentan las
cualidades de un albañil, plomero, carpintero, agricultor, etc.,
dignos oficios que, por cierto, eran los que realizaba la mayoría de
quienes emigraron de la devastada Europa de la Postguerra y recalaron
en América, para fortuna tanto de nuestros países como para los de
origen, porque mucho fue el dinero que salió de aquí, en forma de
remesas, para contribuir con algunas economías europeas.
Convendría
recordarle a los gobernantes del pequeño continente noratlántico, que
nuestra América no recibió una inmigración masiva de técnicos y
científicos europeos, con la notable excepción de aquella integrada por
los españoles y las españolas que resultaron expulsados(as) de Europa
como consecuencia del triunfo del fascismo en España y la caída de la
República, y que, en la década de 1940, también para fortuna de
nuestros países, llegaron con sus cualidades de médicos, ingenieros,
filósofos, juristas, educadores, creadores e intérpretes culturales,
que junto a soldados, obreros y campesinos (todos ellos comunistas,
anarquistas, socialistas, liberales, socialdemócratas), se vieron
obligados a emigrar por ser republicanos, es decir, que fueron
expulsados de su país por razones políticas.
Bueno,
volviendo al tema de la Directiva, los europeos, ante el envejecimiento
de su población con los problemas de seguridad social que ello implica,
porque son más personas que pensionar con menos personas que cotizan,
han decidido que sus sistemas no pueden seguir compartiendo su sistema
social con quienes tengan limitaciones para incorporarse al aparato
productivo por carecer de capacidades y destrezas técnicas;
especialmente cuando se avizora una recesión, con la consiguiente
disminución de la oferta de trabajo y engrosamiento del desempleo, que
afecta en principio a los llamados “ilegales”, quienes son la mano de
obra barata y prescindible sin graves consecuencias para el patrono,
reducida ahora casi a un estado de esclavitud, porque ante el temor de
esos trabajadores a que se les aplique la Directiva, son capaces de
aceptar condiciones inhumanas y vulneradores de los derechos humanos,
incluso, en contra de los instrumentos internacionales sobre derechos
de trabajadores inmigrantes.
Ahora
bien, se infiere de lo dicho por Barrot, que la Unión Europea no es
contraria a recibir inmigrantes latinoamericanos, pero, siempre y
cuando a los países europeos no les cueste nada formarlos, por lo
imaginamos que deben ser jóvenes, sin discapacidades (aunque se aceptan
miopes, hipermétropes o astigmáticos), educados, profesionales
universitarios, y preferiblemente con rasgos indios, pero
indioeuropeos, es decir, indoeuropeos o caucásicos. Hay excepciones,
claro que sí las hay, los nacidos en América Latina con carencias en
educación, sin profesión u oficio conocido, con discapacidad severa y
cierto mestizaje (condiciones concurrentes o no) pueden aspirar a
ingresar a Europa, pero solo si sus padres son europeos, y en el caso
de españoles, una abuela o abuelo emigrado político, ahora que se
plantea la Ley de la Memoria Histórica, a los fines de adquirir una
nacionalidad europea.
Europa,
a cambio, con la Directiva, nos devuelve de manera voluntaria (o
forzada si no aceptan lo primero) a quienes les significan una carga
porque no tienen empleo, son maleducados, no culminaron el Bachillerato
o la Universidad (ni siquiera la Tercera Etapa de la Educación Básica
en el caso de venezolanos); tienen algún síndrome congénito o adquirido
discapacitante (malo para la seguridad social); ya alcanzaron cierta
madurez sin adaptarse; y con rasgos indios, esta vez sí, de indio
americano o indoamericano, o cuando menos de mesticito. Lo malo es que
muchos de esos que son devueltos de manera forzada o voluntaria, traen
el resentimiento por la expulsión de sus mecas personales y son
inevitables la comparación que hacen entre nuestros países y aquellos
de donde son expulsados, pagando los platos rotos sus naciones, de
donde salieron sin que se nadie se los obstaculizara, y a donde vuelven
sin ser reclamados.
Con
la afirmación de Barrot se ratifica la vocación rapaz y expoliadora de
Europa, pero ya no se trata de riquezas minerales o materia prima; sino
de la juventud formada con recursos económicos de los países
dependientes, y que éstos necesitan para avanzar en la búsqueda de la
independencia tecnológica, científica y económica. Así, Europa procura
obtener de manera gratuita, el talento humano que cuesta décadas a
nuestros países formar; y lo incorpora a su sistema económico de manera
inmediata, pero en funciones subalternas a las que podrían ejercer en
sus países de origen, no siéndoles reconocidos los títulos
universitarios para desempeñarse en las áreas que estos acreditan, las
que resultan reservadas para los que se titulen en universidades
europeas. Lo triste es saber que muchos profesionales formados en
nuestras universidades públicas, asumen la oferta quimérica con
entusiasmo.
Ante
esta nueva política europea de saqueo de talento humano, valdría la
pena explorar alternativas que permitan a nuestros países recibir
compensaciones por la inversión social hecha por sus respectivos
estados nacionales, en la formación de profesionales universitarios
que son captados por Europa sin que los países de origen puedan obtener
los beneficios del ejercicio de sus profesiones y la aplicación de sus
conocimientos y destrezas en los procesos de desarrollo que se plantean
ahora, cuando se producen cambios en las economías nacionales en
correspondencia de la liberación nacional y la independencia económica,
y, en algunos casos, de cara al socialismo. Las metas de desarrollo e
independencia no pueden alcanzarse si se agudiza la pérdida de los
recursos humanos, si se mantiene esa especie de sangría que significa
la partida del talento humano para Europa, atraídos por los cantos de
sirena de ese pequeño continente.
*Abogado-Licenciado en Historia-ExDirector de la Defensoría del Pueblo
omarroaveliz@hotmail.com