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    Mundo en revolución

La directiva de retorno, inmigración controlada o saqueo europeo del talento
Por: Omar Roa Véliz*
Fecha de publicación: 23/07/08
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Ahora los europeos andan en una de decir que los latinoamericanos no entendemos el objetivo de la Directiva de Retorno recientemente aprobada por el Parlamento Europeo. Consustanciado con ello, Jacques Barrot, vicepresidente de la Comisión Europea (CE), ante medios de América Latina, precisamente de donde son originarios la mayoría de quienes pueden resultar afectados por aquella, expuso recientemente, de manera clara, lo que quiere Europa: una inmigración controlada y capacitada, es decir, sencilla y vulgarmente, mano de obra disciplinada y calificada.

Uno se preguntaría ¿a qué se refiere Barrot con inmigración controlada y capacitada?, bueno, no precisamente a la inmigración que conforman quienes, sin haber cursado estudios universitarios, ostentan las cualidades de un albañil, plomero, carpintero, agricultor, etc.,  dignos oficios que, por cierto, eran los que realizaba la mayoría de quienes emigraron de la devastada Europa de la Postguerra y recalaron en América, para fortuna tanto de nuestros países como para los de origen, porque mucho fue el dinero que salió de aquí, en forma de remesas, para contribuir con algunas economías europeas.

Convendría recordarle a los gobernantes del pequeño continente noratlántico, que nuestra América no recibió una inmigración masiva de técnicos y científicos europeos, con la notable excepción de aquella integrada por los españoles y las españolas que resultaron expulsados(as) de Europa como consecuencia del triunfo del fascismo en España y la caída de la República, y que, en la década de 1940, también para fortuna de nuestros países, llegaron con sus cualidades de médicos, ingenieros, filósofos, juristas, educadores, creadores e intérpretes culturales, que junto a soldados, obreros y campesinos (todos ellos comunistas, anarquistas, socialistas, liberales, socialdemócratas), se vieron obligados a emigrar por ser republicanos, es decir, que fueron expulsados de su país por razones políticas.

Bueno, volviendo al tema de la Directiva, los europeos, ante el envejecimiento de su población con los problemas de seguridad social que ello implica, porque son más personas que pensionar con menos personas que cotizan, han decidido que sus sistemas no pueden seguir compartiendo su sistema social con quienes tengan limitaciones para incorporarse al aparato productivo por carecer de capacidades y destrezas técnicas; especialmente cuando se avizora una recesión, con la consiguiente disminución de la oferta de trabajo y engrosamiento del desempleo, que afecta en principio a los llamados “ilegales”, quienes son la mano de obra barata y prescindible sin graves consecuencias para el patrono, reducida ahora casi a un estado de esclavitud, porque ante el temor de esos trabajadores a que se les aplique la Directiva, son capaces de aceptar condiciones inhumanas y vulneradores de los derechos humanos, incluso, en contra de los instrumentos internacionales sobre derechos de trabajadores inmigrantes.

Ahora bien, se infiere de lo dicho por Barrot, que la Unión Europea no es contraria a recibir inmigrantes latinoamericanos, pero, siempre y cuando a los países europeos no les cueste nada formarlos, por lo imaginamos que deben ser jóvenes, sin discapacidades (aunque se aceptan miopes, hipermétropes o astigmáticos), educados, profesionales universitarios, y preferiblemente con rasgos indios, pero indioeuropeos, es decir, indoeuropeos o caucásicos. Hay excepciones, claro que sí las hay, los nacidos en América Latina con carencias en educación, sin profesión u oficio conocido, con discapacidad severa y cierto mestizaje (condiciones concurrentes o no) pueden aspirar a ingresar a Europa, pero solo si sus padres son europeos, y en el caso de españoles, una abuela o abuelo emigrado político, ahora que se plantea la Ley de la Memoria Histórica, a los fines de adquirir una nacionalidad europea.

Europa, a cambio, con la Directiva, nos devuelve de manera voluntaria (o forzada si no aceptan lo primero) a quienes les significan una carga porque no tienen empleo, son maleducados, no culminaron el Bachillerato o la Universidad (ni siquiera la Tercera Etapa de la Educación Básica en el caso de venezolanos); tienen algún síndrome congénito o adquirido discapacitante (malo para la seguridad social); ya alcanzaron cierta madurez sin adaptarse; y con rasgos indios, esta vez sí, de indio americano o indoamericano, o cuando menos de mesticito. Lo malo es que muchos de esos que son devueltos de manera forzada o voluntaria, traen el resentimiento por la expulsión de sus mecas personales y son inevitables la comparación que hacen entre nuestros países y aquellos de donde son expulsados, pagando los platos rotos sus naciones, de donde salieron sin que se nadie se los obstaculizara, y a donde vuelven sin ser reclamados.

Con la afirmación de Barrot se ratifica la vocación rapaz y expoliadora de Europa, pero ya no se trata de riquezas minerales o materia prima; sino de la juventud formada con recursos económicos de los países dependientes, y que éstos necesitan para avanzar en la búsqueda de la independencia tecnológica, científica y económica. Así, Europa procura obtener de manera gratuita, el talento humano que cuesta décadas a nuestros países formar; y lo incorpora a su sistema económico de manera inmediata, pero en funciones subalternas a las que podrían ejercer en sus países de origen, no siéndoles reconocidos los títulos universitarios para desempeñarse en las áreas que estos acreditan, las que resultan reservadas para los que se titulen en universidades europeas. Lo triste es saber que muchos profesionales formados en nuestras universidades públicas, asumen la oferta quimérica con entusiasmo.

Ante esta nueva política europea de saqueo de talento humano, valdría la pena explorar alternativas que permitan a nuestros países recibir compensaciones por la inversión social hecha por sus respectivos estados nacionales,  en la formación de profesionales universitarios que son captados por Europa sin que los países de origen puedan obtener los beneficios del ejercicio de sus profesiones y la aplicación de sus conocimientos y destrezas en los procesos de desarrollo que se plantean ahora, cuando se producen cambios en las economías nacionales en correspondencia de la liberación nacional y la independencia económica, y, en algunos casos, de cara al socialismo. Las metas de desarrollo e independencia no pueden alcanzarse si se agudiza la pérdida de los recursos humanos, si se mantiene esa especie de sangría que significa la partida del talento humano para Europa, atraídos por los cantos de sirena de ese pequeño continente.

*Abogado-Licenciado en Historia-ExDirector de la Defensoría del Pueblo

 

omarroaveliz@hotmail.com

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Omar Roa Véliz*


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