A finales de
2008 entrará en vigor la Ley de Memoria Histórica, que concede la
nacionalidad española a los nietos de españoles que tuvieron que exiliarse
por razones económicas o políticas. La aplicación de la ley, para
la recuperación de la nacionalidad española, será de dos años, pudiéndose
prorrogar por uno más, hasta 2011.
Mil preguntas
acuden a la cabeza de los cientos de miles de personas que podrán acogerse
a esta ley. El número de beneficiarios es tan inexacto que las mismas
autoridades españolas no conocen bien el número de cientos de miles
que se podrán acoger. Voceros del Ministerio de Exteriores del estado
español cifran en 1.500.000 los que podrán acogerse a la Ley, doblándose
de esta manera el número de españoles residentes en el exterior, que
llegaría a más de 3.000.000.
La concesión
todavía no está clara en sus requisitos, ni el Ministerio los conoce
a día de hoy, julio de 2008, pero lo que sí es seguro es que se hará
una interpretación laxa del termino “exiliado” alargando su significado
a los emigrantes económicos de la época de la dictadura.
Uno de los
errores de la Ley de Memoria Histórica, a mi entender, es el pretender
reducir el exilio a la dictadura de Franco. La República española,
durante los dos años de gobiernos de la derecha, el llamado “Bienio
negro” mandó al destierro a infinidad de políticos con las
excusas más peregrinas. Antes de la República, la dictadura-monarquía
del abuelo de Juan Carlos, Alfonso XIII, exilió a centenas de miles
de hombres y mujeres huyendo de las guerras que organizaba en África
para enriquecerse, a costa de los pobres campesinos que eran secuestrados
en las aldeas para que el rey Borbón continuase jugando (y perdiendo)
en los casinos de Europa.
Mi abuelo fue
uno de esos exiliados que tuvo que huir a Cuba para volver a morir a
su tierra cincuenta años más tarde.
Esta Ley que
llega tarde, como les gusta a los políticos, llenará Latinoamérica
de ciudadanos con ciudadanía española, que en su momento servirán
de mano de obra barata y cotízante, cuando los españoles, ya
viejos, necesiten hombres y mujeres que los ayuden a mantener su nivel
de vida. Los primeros en llegar serán aquellos que tengan carreras
universitarias y obligarán a las universidades públicas de Latinoamérica
a exigir a los estudiantes a firmar un contrato por el que se comprometen
a devolver el tiempo y dinero invertido en éllos en su país.
Pero... ¿cuál
es su país? Esa es una buena pregunta, que un pasaporte no puede responder,
porque la patria es mucho más que un pasaporte, es algo más... ¿o
no?
Xurxo Martínez
Crespo xurxomartinez@cantv.net es el redactor de Vieiros-Venezuela http://www.vieiros.com/edicions/20/venezuela desde Compostela, Galiza.