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Ecuador
¿Cuál es la razón de ser de los símbolos patrios?
Por: Guillermo Navarro Jiménez
Fecha de publicación: 16/05/08
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Ante todos los malentendidos generados por la propuesta de la sociedad civil expuesta por la Asambleísta Tania Hermida, cuya intención era, según sus palabras, plantear “un gran debate a nivel nacional, sobre la vigencia o no de los contenidos de los actuales símbolos patrios”, cabe reflexionar sobre la razón de ser de los símbolos patrios, que explique, simultáneamente, si es cierta o no la supuesta intangibilidad, el carácter de eternos que algunos medios de información los han adjudicado, en su afán de manipular la opinión pública.

Un reconocido intelectual francés, a la pregunta: “¿en que lugar usted nació?”, respondió sin dilaciones: “en una nación a la que los militares llaman patria”. Respuesta con la que puso sobre el tapete cuatro problemas claves para entender el debate propuesto por la sociedad civil:

1. La Nación es anterior a la Patria;
2. La Patria es una construcción social arbitraria;
3. Los símbolos tienen un objetivo aglutinador; y
4. La Patria y sus símbolos son hechos concertados, volitivos.

La Nación es anterior a la Patria

La historia de la humanidad, es una historia de Naciones. Basta recordar al Popol Vuh o la Biblia, para confirmar nuestro aserto. Estos grandes libros cuentan la historia de dos Naciones, la primera del pueblo Maya que luego pasaría a ser parte de varias Patrias, y, el segundo de una Nación que se constituyó en Patria, 1945 años luego de que se iniciará su historia contenida en el segundo libro.

Nuestras Naciones ancestrales: Puruha, Cayambi, Shuar, Taromenani, Zápara, Chachi, Ashuar, por citar algunas, como lo confirman los libros escritos por los conquistadores sobre las “Indias”, fueron muy anteriores al Estado Nacional Ecuador. Para ello hubo antes de transitarse por el Virreinato de Lima, la real Audiencia de Quito, la Gran Colombia. Por esto indigna cuando se pretende negar la existencia de nuestras Naciones ancestrales y sólo se reivindica esa Patria etnocéntrica, excluyente. Cuando se niega la plurinacionalidad histórica y se pretende que la historia se inició en 1830, tratando de contrariar los nuevos tiempos que anuncia la reivindicación de las Naciones.

La Patria es una construcción arbitraria

Cuando se observa el mapa de la África de hoy, se constata que muchos de los límites fueron trazados con regla. Delimitaciones arbitrarias del imperialismo europeo que determinó incluso la división de Naciones. Las Naciones Fang, Hutus son claros ejemplos de esta afrenta. No se diga la Nación Hausa, obligada por la furia imperialista a la diáspora, al igual que sus bíblicos primos hermanos blancos. En América Latina la historia no es diferente. Por límites de las iniciales repúblicas o por posteriores nuevas divisiones, tras de las cuales igualmente siempre estuvo el interés del imperialismo de turno, las Naciones fueron separadas, incluidas en países, en Patrias diferentes, incluso con enemistades aparentemente irreconciliables.

Si los comportamientos ante brevemente reseñados no son clara muestra de la arbitrariedad de la delimitación y de la construcción de las Patrias, valga recordar la creación de Liberia mediante la forzada emigración de los esclavos negros desde territorio norteamericano a la tierra de sus ancestros: África, o los repartos e intercambios de territorios de la actual Argentina y Brasil por España y Portugal, entonces los colonialistas hegemónicos en el mundo.

Las Patrias entonces, no son otra cosa que construcciones sociales arbitrarias, construidas por intereses que no son los de nuestras Naciones.

Los símbolos tienen un objetivo aglutinador.

En tanto las Naciones son un cúmulo de elementos históricamente trascendentes: cosmovisión, historia, lengua, cultura material y espiritual, etc. La Patria, por la forma de constituirse, y en el momento que se funda, carece de todos los elementos que aglutinan a la Nación. Para resolver esa carencia los creadores de la Patria recurren a símbolos como banderas, escudos e himnos, y, a la mitología histórica. De ahí devienen los héroes, niños y adultos, que formaron parte de nuestros sueños y creencias infantiles.

Pero todo ello no basta. Los símbolos devienen en instrumento para exacerbar el chovinismo, con todas las aberraciones que ello implica, puesto que conducen a los hombres de la razón a lo irracional. Hasta el punto que la “defensa de la Patria” conduce incluso a la inmolación innecesaria e incluso a la auto inmolación suicida. Los kamikazes son buena prueba. Pero también justifica lo injustificable como el genocidio de Hiroshima y Nagasaki. O las grandes guerras a las que como rebaños concurren los hombres al son del himno y enarbolando banderas. Siempre guiados por los militares, que tratan de que olvidemos que somos parte de Naciones, para tratar de reducirnos, inútilmente a las Patrias.

La Patria y sus símbolos son hechos concertados, volitivos

Todos ,alguna vez nos hemos preguntado, más allá de las primitivas explicaciones: ¿Cuál es la razón, el por qué de los variados y diferentes colores en las banderas de las Patrias, de los contenidos de los himnos? La respuesta es evidente: responde a las predilecciones estéticas de quienes las adoptaron, a su ideología e intereses. En consecuencia, son creaciones que dependieron de la voluntad de los hombres que las asumieron. De los tiempos, como dicen nuestros ancestros. Cuando de verdad deberían enseñarnos que fue de las minorías que entonces decidieron los instrumentos para arrebañarnos.

Pero, los axiomas enseñan que todo hecho volitivo puede ser reemplazado por otro hecho volitivo. En consecuencia, si la adopción de banderas e himnos, de los símbolos patrios correspondió a la decisión de un grupo de hombres en 1830, también los hombres de hoy tienen todo el derecho a escoger sus propios símbolos. La historia es rica en ello. La Rusia revolucionaria de 1917 adoptó la bandera roja y la hoz y el martillo, como símbolo de su internacionalismo y del ascenso al poder de la alianza obrero-campesina. La Rusia de hoy, cuando retornó transitoriamente al capitalismo retomó el rojo, azul y blanco. ¿Por qué el Ecuador de hoy, que es distinto del Ecuador de 1830, no puede asumir los colores que la transformación demanda? ¿Por qué se niega a las fuerzas insurgentes del Ecuador de hoy el mismo derecho que tuvieron las minorías dominantes de 1830?

Más los cambios inevitablemente se producen. Las Patrias iniciales dejan de ser tales. Se transforman, conforme avanzan las Naciones. Entonces, inevitablemente, contra todos aquellos que se oponen, también deben transformarse los símbolos, para guardar coherencia con las nuevas condiciones. Para responder a los nuevos sueños. Esto es lo que reclama Tania Hermida como portavoz de la sociedad civil. Exigencia incontrastable a la cual, por cierto y como no puede ser de otra manera, se oponen los conservadores de siempre: el poder económico, el fáctico, los militares en desuso, puesto que también las transformaciones simbólicas permiten a los hombres avizorar nuevas épocas.

g_navarro_j@yahoo.com
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Guillermo Navarro Jiménez


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