|
Tengo muchos lectores que no leen mis columnas y me critican de oídas
porque, dicen, sólo escribo contra el presidente Bush; y, explican, es
por eso que no me leen. Otros, que tampoco me leen porque según ellos
sólo escribo contra el presidente Uribe, me reprochan precisamente
eso: que sólo escriba contra Uribe. Y por eso no me leen. Tal vez ni
los unos ni los otros tengan razón en los detalles, pero aciertan en
el fondo: llevo toda la vida escribiendo contra lo que Bush y Uribe
representan: contra la derecha.
Por eso voy a escribir hoy a favor de Barack Obama.
Oh, claro, ya sé que Obama no es ni mucho menos de izquierda. No es
que me esté haciendo ilusiones. Alguien que aspira al poder, sea por
las buenas o por las malas, en los Estados Unidos o en donde sea, no
puede ser la izquierda. Izquierda y poder son conceptos antagónicos,
en mi sentir. Así que Barack Obama, que ha sido senador por Illinois y
es precandidato del Partido Demócrata a la Presidencia de los Estados
Unidos, no es un hombre de izquierda. Pero, por su temperamento, por
su talante, por su historia personal, por su discurso, representa en
mi opinión lo menos dañino que hay dentro de lo imaginable del poder,
lo menos peligroso de lo políticamente posible. Representa lo que me
atrevo a llamar no-derecha.
La no-derecha es un espíritu, antes que una práctica. Para poner un
ejemplo: el programa de Hillary Clinton sobre salud pública para la
población norteamericana es en la práctica (quiero decir: en su
proyecto; después, habría que verlo), más ambicioso y progresista que
el de Obama: más "de izquierda". Pero a Hillary no hay que creerle
mucho, porque el espíritu que la inspira es el del oportunismo: está
dispuesta a decir o hacer lo que sea con tal de ganar, a ser lo que se
necesite o lo que crea que convenga a cambio de llegar al poder. A
Obama, en cambio, y cualquiera que sea su ambición de poder (pues si
no, no estaría en esas), lo inspira un espíritu de franqueza: dice lo
que cree. Dos ejemplos, o tres: el del patrioterismo, el de la
religión y el de la raza. Tres temas cruciales en la política interior
de los Estados Unidos.
(No voy a hablar aquí de la política exterior: es una política
imperial, y en consecuencia no caben muchas diferencias entre la de
Obama y la de Hillary o entre la de los demócratas y la de los
republicanos).
El del patrioterismo. Le han reprochado a Obama que haya dicho que los
Estados Unidos son "un gran país" en vez decir que son "el más grande
país del mundo". Y sigue aferrándose a la primera fórmula. Y le han
echado en cara la vergüenza de que no lleve clavada en el ojal de la
solapa una banderita de barras y estrellas. Y sigue sin llevarla.
El de la raza. Obama es negro, como todo el mundo sabe. Pero, como ha
dejado en claro en un par de espléndidos discursos, su concepción
sobre el tema de la raza es lo contrario del racismo. O sea, no el
anti-racismo, sino el no-racismo, en el que caben tanto su madre
blanca, norteamericana y antropóloga, como su padre negro, africano y
pastor de cabras en Kenya antes de ser economista en Hawai, o su
padrastro indonesio. La inclusión, y no la exclusión ni el
enfrentamiento.
El de la religión. Ningún político norteamericano puede declararse
agnóstico, por supuesto, ni mucho menos ateo. En los Estados Unidos es
obligatorio creer activamente en Dios. Pero Barack Obama, que
pertenece a una de las innumerables mini-iglesias protestantes negras
norteamericanas -la llamada Iglesia Unida de Cristo de la Trinidad,
que cuenta con 6.000 (sí, seis mil) miembros-, ha tenido el valor
cívico de romper con su pastor, el beligerante predicador racista
Jeremiah Wright, y el de defender la creencia de su agnóstica madre en
"un sano escepticismo sobre la religión como institución".
Es por cosas así que Barack Obama le inspira desconfianza y miedo a la
derecha norteamericana (y a todas las derechas del mundo: la del ex
liberal Uribe en Colombia, la del neo-comunista Putin en Rusia, la del
neo-fascista Berlusconi en Italia, la del ex comunista Hu en China, la
del neo-liberal Sarkozy en Francia, la del neo-conservador Fukuda en
Japón. No es de izquierda, por supuesto. Pero es de no-derecha. Puede
resultar todavía más peligroso que Jimmy Carter.
Así que ojalá gane. Ya tendrá tiempo de sobra para decepcionarnos.
nomaspolitiquerosbaratos@gmail.com
Articulo leido aproximadamente 213 veces
|