Álvaro Uribe
es muy católico. Él dice que le reza a los santos, todos los días
de esta vida, por la paz de Colombia: le reza al vicepresidente, Santos,
y al Ministro de la Defensa, Santos.
Los Santos
en Colombia son muy diferentes a los santos latinoamericanos. Santos
como San Antonio, por ejemplo, consiguen novias; Santa Eduviges consigue
casas; y, aunque San Pancracio tiene todos los poderes, se queda corto
con los Santos colombianos.
En Colombia,
un Santos es dueño de El Tiempo y el otro es dueño del espacio. El
espacio colombiano, el campo, que es muy rico, sobre todo en campesinos
pobres.
Una prueba
de esa fertilidad es, como su nombre lo indica, la finca “El Ubérrimo”,
propiedad de Uribe. Finca que crece todos los días, finca de una gran
movilidad, finca que se desplaza de manera proporcional a los desplazados.
Mientras más grande la finca, mayor es también el número de desplazados.
Pero para
que un latifundio crezca es necesaria la vigilancia. Alguien que tenga
ojo de águila, y quién mejor que Las Águilas Negras, “el último
grito” de la tortura en Colombia, hijas putativas de Uribe.
Es que Uribe
es un gran ecologista. Le gustan las flores y las aves. Su flor favorita
es la amapola, dulcísima amapola. Y dentro de las aves, además de
las águilas ya mencionadas, Uribe tiene especial admiración por los
halcones norteamericanos. Pero, sin duda, el ave preferida del seminarista
Uribe es el perico.
fragui2000@yahoo.com