Mientras a Washington se le complica cada vez más su geopolítica de dominio
imperial en Irak y en Afganistán y se reactualiza la escalada con Irán en Medio
Oriente,
se precisan cada vez más las líneas matrices y las
variables clave de una crisis económica mundial del sistema capitalista
que se incuba en la anunciada recesión de la economía estadounidense.
La
excesiva "interdependencia" de las economías en el actual modelo
globalizado juega un papel clave.
Informe
especial
En el actual pronóstico sombrío de la
economía imperial estadounidense coinciden instituciones claves del actual
sistema económico-financiero como la Reserva Federal y el Tesoro de EEUU,
el Banco Mundial, el FMI, así como el G-7 (los siete países más ricos)
y los bancos centrales de Europa y de Asia, que ven en la confluencia crisis
hipotecaria-derrumbe del dólar-escalada de los precios del petróleo, el
detonante central de un (por ahora potencial) proceso recesivo del capitalismo a
escala mundial.
El temor a una recesión en Estados
Unidos y su impacto en la economía mundial, una enorme volatilidad en los
mercados financieros y la contracción del crédito han impactado
negativamente en la confianza de la élite económica y política del sistema
capitalista a escala global.
El jefe de la Reserva Federal de
Estados Unidos, Ben Bernanke, dijo que su país puede caer en un proceso recesivo
y que enfrenta el doble reto de un mercado inmobiliario en caída, y al mismo
tiempo la necesidad cuidar que la inflación no aumente por los altos precios del
petróleo y de los alimentos.
La Organización de las Naciones
Unidas (ONU) advirtió en enero que existe un riesgo elevado de caer en una
recesión económica global, predice una desaceleración moderada del
crecimiento global este año, y señala que una mayor desaceleración en EEUU
podría golpear duramente a muchas naciones en vías de desarrollo.
Los líderes de las más ricas y
poderosas potencias del mundo acaban de advertir sobre una recesión en EEUU
con implicancias mundiales en el foro de Davos, realizado en enero en los
Alpes suizos, realizando sombríos pronósticos para este año.
Los ministros de Finanzas y los
bancos centrales de los siete países más ricos del mundo (G7) estimaron el
sábado pasado que sus economías iban a sufrir una desaceleración a corto
plazo, según el comunicado final de una reunión en Tokio.
"En todas nuestras economías, en diferentes grados, se prevé que el crecimiento
se ralentice (se desacelere) a más o menos corto plazo", advirtieron los
representantes de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia,
Canadá y Japón.
El terreno en el que se mueve la
economía mundial es "más difícil e incierto" que durante la última
reunión del G7 el pasado octubre, según el texto final.
La preocupación de las autoridades
del capitalismo mundial, según The Wall Street Journal, es que el inmenso
castillo financiero construido sobre los cimientos del mercado de bienes raíces
podría derrumbarse, lo que desaceleraría la economía estadounidense con un
efecto dominó recesivo sobre la economía global, tal como lo vienen
anticipando el FMI, la Reserva Federal y el Tesoro norteamericano, además de las
autoridades monetarias y principales gurúes (Greenspan, entre ellos) de los
países centrales.
Sí estas "turbulencias" en los
mercados bursátiles se juntan con la escalada de los precios del petróleo, la
baja del dólar, y un desenlace de los conflictos militares latentes, se
pueden convertir en dinamita recesiva para la economía mundial liderada por el
Imperio estadounidense.
La crisis del crédito hipotecario
en EEUU terminó con el boom inmobiliario e hizo temblar los mercados
mundiales en septiembre, y continúa pendiendo como una amenaza sobre el
crecimiento, acompañada de sombríos vaticinios sobre la economía global
realizados por las máximas entidades oficiales del sistema.
Los bancos que financiaron
originalmente los créditos hipotecarios baratos en EEUU (la base del "boom
inmobiliario"), para deshacerse del riesgo a largo plazo vendieron los bonos de
esa deuda (hipotecas subprime), a poderosos bancos y fondos de inversión (entre
los que se encuentran los grupos controladores de la Reserva Federal), que los
colocaron a altísimos intereses en los mercados de capitales globalizados a
nivel planetario.
O sea que, el negocio original en
EEUU, el "boom inmobiliario" estadounidense derivó (a través del capital
especulativo y sin fronteras) en una "burbuja financiera" descomunal que
derramaba altísimos niveles de ganancias entre los tenedores de esos bonos, los
llamados "inversores", en los mercados de Europa, Asia y América Latina.
La crisis con las hipotecas subprime
finalmente estalló en septiembre del año pasado arrastrando consigo a los
mercados globales y desatando el
temor a una recesión en EEUU
que puede arrastrar a toda la economía mundial.
La excesiva "interdependencia" de las
economías en el actual modelo capitalista generó una
enorme volatilidad en los mercados
financieros globalizados, y la crisis bancaria y la contracción del crédito terminaron
por impactar negativamente en la confianza de la clase dirigente política y económica
del sistema a nivel mundial.
El primer ministro japonés, Yasuo
Fukuda, que preside este año el club de los siete países más ricos del mundo más
Rusia (G8), advirtió que la crisis de los créditos hipotecarios de riesgo en
Estados Unidos y el alza de los precios del petróleo aumentan el riesgo de que
la economía mundial comience a decrecer.
Las autoridades monetarias de EEUU y
Europa, así como los principales analistas y voceros periodísticos del sionismo
financiero (como The Wall Street Journal, The Economist y The Financial Times)
ven en un proceso recesivo en EEUU y en su inter-relación con la suba de
los precios del petróleo, un elemento clave para la ruptura del actual modelo de
desarrollo y "crecimiento capitalista" a escala global.
La recesión y la inflación llegan
juntas porque la crisis financiera converge con la crisis energética que
hace subir el precio del petróleo arrastrando hacia arriba a un amplio abanico
de materias primas.
El petróleo es el elemento clave
y (el motor de todos los motores) para mantener una ecuación equilibrada del
"modelo" de explotación capitalista vigente que tiene en el boom de las
exportaciones de materias primas controlado por las trasnacionales en los
"países emergentes" (pagando salarios africanos y eludiendo impuestos), y en el
boom industrialista de los mercados asiáticos controlado por las
trasnacionales (pagando salarios africanos y eludiendo impuestos) y en la
"burbuja financiera" controlada por los grandes consorcios financieros
sionistas (desde la Reserva Federal y los bancos centrales europeos y
asiáticos), sus motores de crecimiento y expansión a escala global.
A su vez, la repercusión más
inmediata de la suba récord de los precios del petróleo -según los expertos-
puede llevar a una escalada mundial de los precios de los alimentos de
consumo diario en el 2008, esenciales para la supervivencia, debido a la
alta incidencia de los combustibles en sus costos, principalmente en el sistema
de producción y comercialización y en el transporte.
La suba de los alimentos de consumo
esencial, a su vez, actúa en EEUU, como principal disparador de
la tasa de inflación y del consecuente proceso de recesión económica que
conlleva lo que los expertos denominan estanflación.
Y hay dos elementos claves que
explican porqué una crisis recesiva en EEUU se proyectaría inmediatamente a todo
la economía mundial, tanto en los países centrales como en los "emergentes" y en
los "periféricos":
A) En el actual modelo globalizado de
economía mundial EEUU es el principal comprador y consumidor de productos y
recursos energéticos, y representa 22,5% de la economía mundial,
según los últimos cálculos del Banco Mundial.
B) la economía mundial capitalista
está "dolarizada" (el dólar es la moneda patrón de todas las
transacciones comerciales y financieras a escala global).
Estos dos factores centrales explican
porqué cualquier oscilación o desequilibrio económico-financiero que tenga a
EEUU como protagonista, impacta y se esparce inmediatamente por todo el
"sistema".
Una crisis recesiva en EEUU,
por efecto dominó de la economía globalizada e interdependiente, impactaría
inmediatamente a las bolsas y en los mercados globalizados del dinero ( la
"pata financiera" del modelo) y se proyectaría finalmente a la estructura de la
economía real (la pata productiva del modelo) completando el ciclo del
derrumbe del actual modelo de economía capitalista a escala global.
Además de la recesión económica
generalizada a escala global, el derrumbe del modelo rompería el equilibrio
de la "gobernabilidad" política y desataría una ola de conflictos
sociales y sindicales a escala mundial que afectaría por igual tanto a EEUU
y a las potencias centrales como a los países "emergentes".
Como efecto de la interdependencia
económica, el factor crisis financiera dólar débil-petróleo alto, hoy
afecta en primer término a las "economías centrales" de EEUU y Europa, y se
cierne como un fantasma sobre China, la llamada "fábrica del mundo", y
mayor demandante global de petróleo y materias primas, que ya empieza a
experimentar los primeros síntomas inflacionarios-recesivos en su economía.
EEUU y Europa son los principales
compradores de productos chinos, y el gigante asiático, a su vez, es el
principal importador de petróleo y materias primas de los "países emergentes",
con lo que se puede deducir que si el Imperio estadounidense (en proceso
recesivo) reduce sus compras, el impacto se va a proyectar inevitablemente en
una crisis de China proyectada a los "países emergentes".
Con un proceso recesivo de su
economía y un dólar devaluado, EEUU (el principal comprador de la "gran fábrica"
asiática) reduciría drásticamente sus compras a China, y Europa, que ya
enfrenta un fenómeno recesivo en su economía comunitaria, ingresaría en una
contracción de sus sistema económico productivo.
Como impacto inmediato, la
economía china también ingresaría en un proceso recesivo (detención del
crecimiento) que la obligaría a reducir sus importaciones de materias primas y
de petróleo,
A su vez la
reducción en la importación de materias primas y de petróleo por parte de China
(el principal importador mundial) impactaría en las economías de Rusia y de
los "países emergentes" (los principales exportadores de petróleo y de
materias primas a China) que también podrían ingresar en un proceso recesivo.
Este es en definitiva, y en términos
simplificados, el cóctel que combinaría y detonaría una crisis del sistema
capitalista a escala global, cuyo proceso inicial -según la mayoría de los
analistas del sistema- ya comenzó a desarrollarse en EEUU con el desenlace de la
crisis financiera-hipotecaria.
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(*) Manuel Freytas
es periodista, investigador y analista, especialista en inteligencia y
comunicación estratégica. Es uno de los autores más referenciados de la
red.
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