“Y
si al final sólo quedara uno -porque vivir mal es siempre real, aunque no
siempre verdadero-; si sólo un cubano en pie dijese "no" a los
estadounidenses, la razón, la moral, la dignidad y la belleza estarían de su
parte; y yo lo admiraría locamente, insensatamente, y le daría las
gracias”. (1)
Acostumbrados desde siempre a
ver el gigantesco roble enhiesto, firme, como dispuesto a enfrentar el huracán
en el momento en que se le ocurra aparecer por terrible que sea, para vencerle
otra vez, y otra, y otra, cuando de repente nos salta con lo inesperado y es a
nosotros que nos deja, momentáneamente, atónitos y sin palabras.
No es fácil digerir no
volverle a ver con su uniforme verde olivo, enrostrándole con su agudo verbo de
agua clara, con su acerada retórica no superada, a los canallas que con su
actividad irresponsable y criminal, están destruyendo el mundo.
Pero, incurrió en un error -¡al fin uno y flagrante!-, ¿quién le dijo a él que podía dejar de ser
nuestro comandante? Pero… ¿cómo es que hará para despojarse de esa
condición a él inherente? Y nosotros
¿Cómo podremos hacer para pensar en otro distinto a él, cuando oigamos
“El Comandante”? ¿Cómo por antonomasia no asociarlo? Eso no es
posible. Ese trayecto recorrido, el que recorre y por supuesto, el que
recorrerá fue, es y será, fuera de toda duda, el dignísimo magisterio de un
gigante que por años hemos recibido como savia vivificante que fortificó y
cementó nuestras luchas.
No resulta fácil escribir
sobre Fidel. ¿Qué aspecto de su dilatada vida debemos destacar en detrimento de
otras, tan importantes como la que podamos elegir? Pero, además, tenemos que
saber que resulta imposible separarle de su pueblo, que sin él no habría habido
obra, pues esa es una simbiosis consolidada y entonces, para pergeñar unas mal
escritas letras, podemos referir algunas cosas que sabidas, anudaron nuestra
garganta y nublaron nuestros ojos. Veamos, combinando, que sale de ello en el
entendido que en nuestra intención, el
homenaje de admiración a Fidel es el homenaje de admiración a su pueblo y viceversa.
“En el grupo había un periodista del diario de Bahía Blanca, La Nueva Provincia,
que, según confesó ya en el avión, iba a constatar que Cuba era una farsa de
equidad y justicia”
“Cuándo llegó el momento de
hablarles, de tomar el micrófono y agradecerles semejante demostración de
cariño hacia un grupo de perfectos desconocidos, nosotros elegimos al
periodista de La Nueva Provincia
para que fuera el vocero del grupo. Estábamos seguros de que esa ráfaga también
a él le había traspasado. Y el hombre, a paso lento, subió a la tarima, tomó el
micrófono y comenzó a hablar, pero no pudo seguir. Un llanto lento se le trabó en el cuello,
porque la ideología es una cosa, pero otra cosa es la verdad”. (2)
Los dos
párrafos precedentes presentan facetas repetitivas de una realidad. Es común
encontrar gente que cree que Cuba es una enorme prisión, donde quien discrepe
va de cabeza para la cárcel. Muchos creen que en Cuba verán, cuando llegan por
primera vez, al igual que en muchos países en el mundo –de los cuales
incluimos países desarrollados-, personas escarbando en la basura buscando qué
comer. Eso no se conoce en la
Isla. Nadie está privado de un plato de comida. Otra cosa que
a ese visitante primerizo también le llama la atención es no encontrar niños de
la calle, y no los encuentran porque no existen. Este desconocimiento, que es
producto de la manipulación mediática que oculta ese tipo de información, es
comprensible en personas no informadas, pero de ninguna forma es admisible en un
periodista.
En el caso citado no se trata
de un manipulador pues su llanto refleja su pudor, su decencia pero, también
muestra, y eso es lo grave, el profundo desconocimiento de una sociedad que ha
estado, desde el triunfo de la Revolución en el candelero, por lo que no es
aceptable tal desconocimiento en un comunicador. Es él, sin duda, una persona
honorable, confundida y engañada como miles de personas que ubican a la Isla en la antípoda de donde
ella está en su cotidianeidad.
Claro que Cuba no es un paraíso
–ningún país en el mundo lo es-, que hay carencias notorias en su
satisfacción de vida pero, aquello que se entiende como imprescindible para
vivir, se posee, y está al alcance de cualquier cubano. El promedio de vida de
sus habitantes está al nivel del de los más elevados en el planeta. La
mortalidad infantil es la más baja en Latinoamérica y en el mundo; no existe
analfabetismo, no hay desnutrición y la sanidad tiene niveles de excelencia.
Pero, con todas esas carencias que mortifican a su población, no se escucha una
queja de su pueblo por la ayuda que Cuba presta al mundo. Y, deliberadamente
decimos mundo, pues no hay Continente que no tenga un profesional cubano
colaborando en él.
Ninguna nación en el planeta
puede decir que iguala a Cuba en la ayuda internacional. Tampoco ninguna tiene
tantos becados en su país como los que sí tiene Cuba en el suyo. ¿Cuántos miles serán ya
los que estudian hoy ahí medicina? Hasta jóvenes estadounidenses impedidos por
razones económicas de estudiar esa carrera en su país, lo hacen becados en Cuba
¡y son varios cientos, ellos! ¿Cuántos los que cursan licenciaturas deportivas?
¿Y en otras áreas? Diviértase, pregúntele a un nativo de la Isla cuántas becas se otorgan
y verá su cara de sorpresa pues lo probable es que no lo sepa. Pregúntele si no
es injusto que se bequen miles de jóvenes estudiantes de otros países
existiendo carencias no resueltas en Cuba. Se sorprenderá al ver la reacción
cercana al enojo y a la paciencia, pues comprenderá que usted es otro más de
los que no conoce a Cuba y a su pueblo. Más, le mirará con extrañeza como si
usted fuera marciano ¿cómo no va a colaborar Cuba con quien le necesite?
¡Cuidado!, una cosa es la carencia que se mastica diariamente, y otra muy
distinta, la solidaridad que es intrínseca a la cubanía.
“Para vivir decentemente y construir una sociedad libre los
hombres sólo necesitan cuatro cosas –una casa, una herramienta, un poco
de queso y algún adorno- y, si llegan a tener cinco, de nada le sirven ya las
otras cuatro,…”. (3)
Generalmente,
cuando se habla de Cuba se hace como si fuera una de las sociedades más
desarrolladas del mundo, y se le exige más que a Alemania, Francia o el mismo
EEUU. En los países nombrados existe pobreza, y muy cruel por cierto en Francia
y EEUU, pero no se dice nada de ello. ¿Cuál es la razón que induce a exigirle a
quienes hablan de Cuba, lo que no le exigen a naciones desarrolladas?
No existen en esos análisis de
Cuba, el efecto de un criminal bloqueo contra ella por parte de la mayor potencia del mundo, que no es sólo que no le permite adquirir
el repuesto imprescindible para reparar una máquina médica japonesa estropeada
de muy alto precio, o cualquier otra en su misma condición comprada vaya
uno a saber en qué país, inutilizándose por esa carencia, sino que coacciona
con castigos económicos a quién se los suministre. Un ejemplo, de los
tantísimos que hay es el de la sanción a todo barco que arribe a un puerto
cubano. Ya, al sólo hacerlo, queda inhibido de ingresar a EEUU por equis
cantidad de meses.
Pero, no es sólo en la
economía que EEUU expande contra Cuba su hostilidad, sino también la guerra
química y biológica que desarrolló sin solución de continuidad hasta nuestros
días, desde el triunfo de la
Revolución. Esto que denunciamos, no es el
efecto de la elucubración de una mente calenturienta, sino un exiguo y frío
resumen de lo que admiten los documentos que ha desclasificado la nación
genocida.
No conocemos la razón, el
fundamento, por el cual existe esa doble medida aplicable cada una, según qué
país se examine. Para lograr la aprobación de algunos analistas Cuba tendría
que ser una sociedad en la cual sus integrantes jamás se enfermaran, todos
tendrían que ser longevos y mantener una activa vida sexual; deben ser también
atletas con cualidades de medallistas olímpicos, profesionales universitarios
con varios posgrados en sus curricula, políglotas, y
haber transformado su país en un vergel superior al que describen como el
paraíso. Dice Santiago Alba que hablan “(…) como si la Revolución fuese
un experimento de laboratorio y no una revuelta aún sin ganar;…”.(4)
Para algunos críticos, los
logros cubanos ajenos a muchas naciones incluso desarrolladas, como la salud,
la educación, el deporte, la ciencia, no se consideran en lo absoluto. Cuba,
que tiene un aporte humano enorme en el mundo, no recibe jamás ni siquiera una
mención destacada por esa vastísima y noble actividad. Ejemplo de ello el
Programa “Yo sí puedo”, creado para apoyar la lucha de otros pueblos contra el analfabetismo. Recuérdese que
desde hace varias décadas, no hay analfabetismo en Cuba, lo que acrecienta su
mérito al poner a sus investigadores al servicio generoso de otras naciones. La forma como se informa de un logro de tal
importancia, no coincide con la magnitud del mismo. Se busca la forma de
disminuirlo, se procura poner peros en los detalles más nimios con el objeto de
reducir su enorme mérito.
Si habláramos de la MISIÓN MILAGRO,
por la cual ya se han operado de la vista más de un millón de personas que
fueron trasladados con algún familiar hasta el lugar donde irían a ser operados,
con todos los gastos sufragados por Cuba o por Venezuela, que fueron en su
principio quienes lo auspiciaron, y que hoy se desparrama en otras naciones
latinoamericanas, pasan por debajo de la mesa de los media que de ello no
obtienen nada que informar.
Como recordará el atento
lector, cuando ocurrió la tragedia originada por el KATRINA en Asia, la primera
nación que levantó su voz reclamando al mundo la ayuda que demoraba en hacerse
llegar, fue Cuba con las airadas palabras de Pérez Roque en la ONU. Cuba fue la primera
en llegar al área afectada. Pocas horas después llegaron más médicos,
enfermeros y todo el personal especializado con varios hospitales de campaña
dotado con lo más moderno de lo necesario para enfrentar la horrenda
contingencia. Los problemas más frecuentes en este tipo de catástrofes son fracturas
óseas, por lo cual Cuba privilegió en Pakistán, los especialistas de esa rama.
Al concluir la gestión, Cuba
dejó en donación hospitales e instrumental utilizados en la emergencia. Habían
atendido a más de las tres cuartas partes de los afectados. Descubrió Cuba la
necesidad de médicos que tiene Pakistán, por lo cual becó para estudiar
medicina en la Isla,
a casi 1.500 bachilleres paquistaníes, que serán regresados a su país cuando
hayan obtenido su título de médicos.
Ante el desastre que ocasionó
en el Sur de EEUU el KATRINA, el gobierno cubano ofreció de inmediato el envío
de una brigada médica corriendo con todos los gastos que el mismo originara.
Las apocadas autoridades estadounidenses, que no atendieron de
inmediato los efectos del huracán, se negaron a ser auxiliados. Le
informamos al lector que desconoce la actualidad en el sitio de la desgracia,
que todavía esas autoridades que se negaron a recibir la ayuda, aun no han resuelto el drama de los afectados. Ningún medio
reseña esta realidad que lacera a un sector de la sociedad de la mayor potencia del mundo. ¡Ay, si esto
hubiera pasado en Cuba!
Los daños que originaron estos
trágicos hechos ocurrieron por falta de prevención. Pero, mientras en Pakistán
la precaución está postergada por la pobreza, en la nación que destina cifras
multimillonarias para sus armas y para matar, que no sólo no eroga ni la
centésima parte de ese monto para salvaguardar a su población de bajos recursos
sino que disminuye los fondos presupuestarios de la sanidad pública,
alimentación a los necesitados y un larguísimo etcétera, muestra con ello, el
desdén por todo aquello que sea ajeno al lucro y a la codicia. Cuba está entre
las naciones que mejor previene estos desastres y aún con esa condición, ha
creado una Brigada Médica experta en este tipo de tragedia. Obvio que como con
el Programa YO SÍ PUEDO, lo ha hecho para atender contingencias en el exterior.
Esto, que se ha esbozado se ha
hecho para contrastar valores. Los que se han mostrado de Cuba están a años luz
de quienes le adversan. Asumimos nuestra responsabilidad de la escasez de lo
enumerado. Nuestro propósito era rendir homenaje a uno de los más grandes Maestros que ha dado
América para el mundo y concluimos diciendo SOLAMENTE FIDEL… Y VAYA QUE
ESO BASTA.
(1) Santiago Alba Medidas y cálculos: algunas razones para
apoyarse en Cuba Rebelión 22 -04 -2005
(2) Sandra Russo: Esa noche: Página 12 09 -08 -06
(3) Santiago Alba; id.
(4) “ “ “
roosbar@cantv.net