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En la firma del acta de fundación del Banco del Sur hubo poco protocolo, escasa seriedad de esa que implantan los hombres de negocios para precisar distancia y categoría financiera, se fugó de la firma la enumeración de ganancias de capital y las cifras de inversión de cada uno de los implicados. Aunque por prensa se sabe que el capital inicial es de 7.000 millones de dólares.
El acto visto ayer por la noche fue derroche de afecto entre hermanos latinoamericanos y compañeros de camino de un tiempo de gobiernos compartido, de un tiempo de búsquedas latinoamericanas comunes y valoración de ilusiones concretadas en programas y proyectos socio-económicos ejecutados en ese colectivo de presidentes a favor de cada unos de sus respectivos países. En la noche de ayer fuimos testigos de un acto de reconocimiento y diálogo entre mujeres y hombres de buena voluntad que administran sus Estados guiadas por el amor a sus respectivos pueblos, se reconoció las gestiones realizadas en la lucha contra el capitalismo. Fue un acto de enumeración de buenas acciones y reconocimiento de entrañables relaciones.
Una firma de acta constitutiva de una institución de manejo de capital puede ser creada para inversiones de mejoras en la calidad de vida de los pueblos pobres; las finanzas pueden tener otros intereses distintos al de ganar más dinero y volcarse a sanar “males endémicos y académicos” de nuestras sociedades; los bancos pueden tener otras intencionalidades y otra organización distinta a la de acumular o explotar a los que no tienen. Y La solidaridad de Venezuela para el resurgimiento de la economía de Argentina quedó destacada, a diferencia de otros países que ayudan al empobrecimiento de otras naciones. Sin embargo, la lectura de la oposición de ese intercambio comercial y ayuda económica al más débil es vista como despilfarro.
En la presentación de la firma del acta de fundación del Banco del Sur se confirma que otra economía es posible, y sus signos, los estamos viendo. Cómo es eso posible? Por hacer las cosas de otra manera, lo decía con orgullo el presidente de Argentina: “Cuando nos decidimos a creer en nosotros mismos, cuando entramos a consolidar nuestras convicciones”, ocurren estos milagros como el Banco del Sur. CREER, TENER FE y arriesgarnos en lo soñado es necesario. Parte de la abstención que hemos tenido en el referéndum fue la falta de fe, el temor paralizó la nueva sociedad propuesta. “La larga y triste noche neoliberal está pasando”, dijo el Presidente del Ecuador. Sí, están pasando grandes cosas en América Latina que dan alegría, que vislumbran la posibilidad de nuevas sociedades, de nuevos organismos a favor la justicia y la equidad. Nacen poco a poco esas acciones que institucionalizan otras formas de organización y distribución de riquezas, y como a todo recién nacido hay que darles su tiempo para que crezcan y se fortalezcan.
En tiempos de fin de año, desde una fe renovada en la posibilidad de que Dios siempre vuelve a encarnarse en medio de los seres humanos cada Navidad, alienta la esperanza ver que un acto de intercambio financiero se convierte en una fiesta a la generosidad compartida, en una celebración del camino común recorrido por siete naciones hermanas, usando una misma sonrisa, un mismo vocabulario, un mismo sueño, y juntos dar mayores pasos para garantizar la independencia financiera de Sudamérica, y así podernos liberar de esos organismos internacionales de crédito que al tiempo que nos quitan nuestra libertad de acción disminuyen los signos de alegría como los que presenciamos en el acta de nacimiento del Banco del Sur.
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