Un
informe publicado en junio de 2005 por la organización no lucrativa Action Aid
indica que mucho dinero aportado por los contribuyentes de EEUU para la
reconstrucción de Afganistán realmente terminó en los bolsillos de las
corporaciones estadounidenses más ricas.
La
"ayuda fantasma" nunca explica que en el país receptor se pagan con sobreprecio
trabajos mal hechos por "expertos” y empresas estadounidenses, a menudo
incompetentes, contratados por la Agencia Internacional
de Desarrollo de EEUU (USAID, su sigla en inglés). El dinero pasa directamente
de la USAID a
cuentas bancarias estadounidenses. Además, el 70% de la ayuda destinada al país
receptor es cuidadosamente “amarrado” al país donante porque se exige que el
país receptor use el dinero donado en comprar productos y servicios del país
donatario, a menudo a precios inflados drásticamente. EEUU supera lejos a otras
naciones en estos esquemas. Action Aid calcula que 86 centavos de cada dólar de
ayuda estadounidense son fantasmagóricos.
Los
autores Ana Jones y Fariba Nawa sugieren que para entender la negligencia y el
fraude en la reconstrucción de Afganistán, resulta importante observar el
sistema peculiar de la ayuda estadounidense al desarrollo internacional. Las
agencias internacionales y nacionales, incluyendo al Banco Mundial, el Fondo
Monetario Internacional y la
USAID, que tradicionalmente distribuye ayuda monetaria entre
los “países en desarrollo”, han diseñado un sistema que es eficiente en
concentrar el dinero de regreso nuevamente en los países donatarios ricos,
mientras el desarrollo sustentable de los estados pobres resulta
erosionado.
Un
ex jefe de la
USAID describió la ayuda exterior como "un instrumento
dominante de la política exterior" diseñado para ayudar a los países "a que se
conviertan en mejores mercados para las exportaciones de EEUU”. A fin de
garantizar esa misión, el departamento de Estado asumió recientemente el control
de la agencia de ayuda. USAID y el Cuerpo de Ingenieros del Ejército ahora
comenzó a “cortar” en los negocios de interés para el gobierno de EEUU,
cerciorándose de que el dinero esté asignado según las prioridades económicas,
políticas, estratégicas y militares estadounidenses, sin tomar en cuenta lo que
pueda considerar importante la nación receptora.
Aunque los afganos han solicitado asignar el dinero de la
ayuda como ellos lo encuentren apropiado, los países donatarios se oponen,
demandando que el gobierno afgano es demasiado corrupto para ser confiable. Las
comunidades afganas están cada vez más frustradas y enojadas. Mientras tanto,
demandan que ninguna nueva oferta o ampliación de contratos sean concedidos a
contratistas como Kellogg, Brown and Root/Halliburton (KBB/H), DynCorp,
Blackwater y el Grupo Louis Berger, equivalentes a una licencia de soborno,
corrupción, hurto y lavado de dinero.
El
gobierno de Karzai, confinado a servirse a sí mismo la agenda estadounidense, ha
entregado poco al afgano medio, que en su mayoría todavía vive en una pobreza
despreciable. Las nociones occidentales del progreso son evidentes en los
hoteles, restaurantes y centros comerciales estadounidenses, rebosantes de
adminículos electrónicos y aplicaciones nuevas, pero están más allá de la
imaginación o el sentido práctico de 3,5 millones de ciudadanos afganos
victimados por la guerra que no tienen alimento, abrigo, sistema de aguas
residuales, agua limpia ni electricidad.
La
infraestructura construida precipitadamente con materiales mal fabricados y
ningún conocimiento o respeto por las condiciones geológicas y climáticas está
culminando en costosos desastres, uno tras otro. El sitio web de la USAID, por ejemplo, se jacta
solamente de sus logros en realización de infraestructura en Afganistán
–la Autopista
Rápida Kabul-Kandahar–, una carretera estrecha y endeble que a
los afganos les cuesta un millón de dólares por milla [equivalente a 1,6 km]. La
carretera fue presentada en el periódico semanal de Kabul, en marzo de 2005,
bajo el título: "Millones perdidos en caminos de segunda clase". El artículo
observa que mientras otras firmas más competentes en la construcción ofrecieron
la mitad del costo, el contrato fue adjudicado al Grupo Louis Berger, una firma
de estrechas conexiones con la administración Bush, como bien lo registra su
notorio expediente de numerosos proyectos de construcción defectuosos y
abandonados en Afganistán.
El
ex ministro de Planeamiento Ramazan Bashardost visitó la construcción de los
caminos y se quejó de que el Talibán había hecho un trabajo mejor. También
preguntó: “¿dónde fue el dinero?”. Ahora, en un movimiento seguro para rebajar
la aprobación del presidente Karzai y disminuir más lejos la reputación de EEUU
en el área, la administración Bush ha ejercido presión sobre el jefe de Estado
para que éste devuelva "el regalo del pueblo de EEUU" con un camino de peaje,
cobrando a cada conductor 20 dólares por un permiso válido para utilizar la vía
durante un mes. De esta manera, según los "expertos americanos" que proporcionan
asistencia técnica altamente pagada, Afganistán puede recoger 30 millones de
dólares anuales de sus ciudadanos empobrecidos y de tal modo disminuir la
"carga" de la ayuda exterior de EEUU. Jones comentó: "No es ninguna maravilla
que los sistemas de ayuda foránea les parezcan a los afganos ordinarios algo de
lo que solamente gozan los extranjeros”.
Actualización
de Fariba Nawa
Afghanistan, Inc. es un informe de 30 páginas que cava
profundamente en la corrupción implicada en la reconstrucción de Afganistán. El
informe se centra en las compañías contratadas y financiadas por el gobierno de
EEUU para reconstruir Afganistán. La importancia de este informe es que se trata
de la primera mirada seria sobre la corrupción en el gasto del dinero de origen
popular de la ayuda. Pone énfasis en varios proyectos en aldeas y ciudades que
cubren diversos aspectos del documento. Muestra cómo mucho dinero está
gastándose en malos trabajos.
El
informe, primero fue publicado en inglés en CorpWatch, un “perro guardián” de
las corporaciones, el 2 de mayo de 2006. Fue traducido a las lenguas persas dari
y pashto en septiembre de 2006. Las compañías investigadas en el informe
continúan recibiendo millones de dólares en contratos del gobierno de EEUU a
pesar de su incompetencia y gasto derrochador. Louis Berger, Bearing Point,
Chemonics y DynCorp todavía están tomando el dinero de los contribuyentes
estadounidenses y están demostrando resultados mínimos en Afganistán.
Algunos de los grandes medios de prensa dieron cobertura
al informe, incluyendo la edición matinal de noticias NPR, del canal 4 KRON de
San Francisco cuando fue publicado por primera vez y más adelante, la radio de
la BBC y muchos
otros medios europeos continuaron llamando y preguntándole al autor acerca del
informe. Sin embargo, ésa es una respuesta limitada al hecho de que éste era un
primer informe con datos importantes para cambiar las políticas. El informe ha
sido una fuente para muchos otros investigadores del tema. Si usted quisiera más
información sobre la corrupción en la reconstrucción en Afganistán, diríjase por
favor al sitio web www.corpwatch.org de CorpWatch. Integrity Watch Afghanistan
es otra organización que supervisa la corrupción en el país y produce variados
informes.
Actualización
de Ann Jones
Nueve meses después de descrito todavía persiste este
acertijo –ninguna paz, ninguna seguridad, ningún desarrollo– y las amargas
esperanzas afganas. EEUU todavía busca una solución militar. En los primeros
cinco meses de 2007, fueron muertos 75 efectivos de la coalición (comparados con
53 del mismo período del año pasado), incluyendo a 38 estadounidenses. Las
víctimas civiles fueron variadamente divulgadas. Algunas fuentes hablaron de
“cerca de 1.800”, incluyendo a 135 muertos por
las fuerzas de EEUU o de la
OTAN. La postura de EEUU respecto a los "progresos" militares
contra el Talibán, expresada por el secretario de Defensa Robert Gates, el 4 de
junio de 2007, mientras se preparaba para visitar Afganistán, seguía “guardando
optimismo”. Gates dijo a los reporteros que una meta de su viaje era asegurar
una coordinación más cercana entre las operaciones de combate y los esfuerzos
por el desarrollo y la reconstrucción. Eso es un interruptor, dijo, sugiriendo
una cierta pista de que la reconstrucción pudiera ser una manera mejor "de
matar" al Talibán, pero dejando sin contestar la cuestión de cómo coordinar
guerra y actividad pacífica.
La
real importancia de "¿Por qué no se está trabajando en Afganistán?" son las
mentiras escondidas detrás de la primera página de la cobertura militar, al
revelarse una pillería sistémica que muestra los escándalos de la ayuda
estadounidense. La historia hace noticia ahora y después cuando "desaparecen"
mil millones de dólares para proyectos de reconstrucción en Iraq, pero a mi
entender todavía tiene que haber una investigación de los medios o del Congreso.
Se discute si es un agujero negro presupuestario ocasional que sugiere un cierto
hecho delictivo al azar, muy similar a la manera en que la tortura en Abu Ghraib
fue presentada como la acción de algunas "manzanas podridas". Quizás los reporteros no desean tomar la
historia porque es complicada. Aborda números, como Enron. Es aburrida, da
sueño…, no sé. Pero hay una cosa curiosa: cuando mi libro Kabul in Winter (Kabul
en invierno) apareció en 2006, una larga sección sobre este tópico fue un asunto
que ningún comentarista tocó.
Ahora hay voces más fuertes que la mía hablando hacia
fuera. Abdullah Abdullah, el distinguido ex ministro de Asuntos Exteriores de
Afganistán, recientemente se quejaba de que por cada 100.000 dólares prometidos
para el desarrollo afgano, menos de un tercio llega al país. Matt Waldman,
encargado de la política de Afganistán en Oxfam, una de las ONGs humanitarias
más respetadas del mundo, escribió en The Guardian (26 de mayo de 2007) que
"EEUU es un barril sin fondo en Afganistán" pero "como en Iraq, una gran parte
de la ayuda está perdida". Y más al punto: "Cerca de la mitad de la ayuda de
desarrollo de EEUU va a los cinco contratistas estadounidenses más grandes del
país". Waldman argumentó que demasiado dinero de la ayuda está perdido en altos
sueldos y gastos de vida de los expertos internacionales, en la compra de
recursos no-afganos y en beneficios corporativos. El autor calcula en medio
millón de dólares el costo anual de un experto medio (léase “estadounidense”).
¿Por qué no se busca a representantes de gobiernos extranjeros, de
organizaciones humanitarias extranjeras y de la prensa internacional para
exponer este fraude?
Para
conseguir noticias sobre Afganistán vea news@afghanistannewscenter.com, un
recuento diario de historias de la prensa de la lengua inglesa del mundo. Para
las ediciones políticas vea el sitio web del Centro para la Cooperación
Internacional de la Universidad de Nueva York
(www.cic.nyu.edu) o consulte a Barnett Rubin (brr5@nyu.edu), el
mayor experto en Afganistán de ese Centro. Para vigilar los vericuetos del
poder, ver el sitio web del Centro para la Integridad
Pública (www.publicintegrity.org), y para información sobre trabajos corporativos mal
hechos vea específicamente www.corpwatch.org.
Los
periodistas deben también ser advertidos de que varias organizaciones
profesionales están protestando por las dificultades en aumento para la
cobertura de Afganistán debido a las interferencias de EEUU, el gobierno afgano
y las fuerzas de la
ISAF (International Security Assistance Force). Las
organizaciones que protestan incluyen a la Federación
Internacional de Periodistas, la Asociación Afgana
Independiente de Periodistas y el Comité para la Protección de Periodistas Afganos.
Actualmente, los periodistas afganos también están boicoteando la cámara baja
del parlamento (Afghan Wolesi Jirga) para protestar por su aprobación de leyes
represivas de los medios y el consiguiente encarcelamiento de
periodistas.
Fuentes:
Tomdispatch.com,
August 27, 2006
Título: “Why It’s
Not Working in Afghanistan”
Autor: Ann Jones
http://www.tomdispatch.com/index.mhtml?pid=116512
CorpWatch, October
6, 2006
Título:
“Afghanistan Inc: a CorpWatch Investigative Report”
Autor: Fariba Nawa
http://www.corpwatch.org/article.php?id=13518
Student
Researchers: Madeline Hall and Julie Bickel
Faculty Evaluator:
James Dean, Ph.D.
Traducción: Ernesto Carmona