Arrepentidos
de la izquierda y apóstatas que se afirman siempre defensores de causas
populares, ven el mundo con los anteojos de la ideología, la política,
la moral y la praxis de derecha. Sugieren que el orbe está, en lo
esencial, transformado, exceptuando de este cambio a la que llaman
“izquierda ortodoxa” que se quedó, afirman, anclada en los años ochenta
del siglo XX. Excluyen, asimismo, a las fuerzas “terroristas” (léase
las que resisten al dominio global) que “amenazan” al mundo “libre”,
pero los representantes de esa “izquierda” “ignoran” que el verdadero
terrorismo, incluido el de Al Qaeda, es el que promueven y perpetran
las naciones ricas (llamadas “comunidad internacional”).
Al
igual que los ideólogos del capital, hablan desde una supuesta
ideología única –ocultando que se trata de la ideología del imperio
capitalista-, y atacan a la izquierda por estar decididamente en contra
de la misma, argumentando que su pensamiento es anacrónico. Pretenden,
así, legitimar su identificación con las “fuerzas democráticas” del
mundo. Son, pues, apologistas de la “democracia” que promueve la “comunidad internacional”,
“democracia” que ha colmado de desgracias y miserias a la inmensa mayoría de la humanidad y que, con sus prácticas, amenaza con barrer todo vestigio de vida en el planeta.
Conviene
preguntarse: ¿Qué de fondo le ataca la vieja y la nueva derecha a la
izquierda? Paradójicamente la repuesta más exacta que tenemos a mano la
dio el mismísimo Richard Nixon al plantearse lo que más le preocupaba
de Fidel Castro: “Fue su casi subordinación esclava a la opinión
mayoritaria prevaleciente
-a saber, la voz de la plebe- más que su ingenua actitud hacia
el comunismo y su obvia falta de comprensión de los más elementales
principios económicos, lo que más me preocupó al evaluar qué clase
de líder sería a la larga.” (Citado por Fidel Castro Ruz, en La tiranía mundial. (http://www.cubadebate.cu/index .php?tpl=design/especiales.tpl .html&newsid_obj_id=9507)
Prosigamos nuestros planteos sobre los renegados de izquierda:
Se
tragan, porque quieren, el cuento de la “ética” y la “transparencia”
que impulsan las “fuerzas civilizadas” para exigirle a la izquierda
auténtica que actué ceñida estrictamente a los marcos del orden burgués
y muestre sin reservas su juego entero a todo el mundo, aunque la
derecha no haya dejado, ni dejará jamás, de conspirar y tramar los más
perversos planes para preservar, cueste lo que cueste, el orden
capitalista mundial.
¿Acaso
la CIA y sus réplicas en el orbe ya dejaron de existir o se han
reformado? ¿La publicación de sus archivos secretos revela sólo lo
histórico de su actuar y no lo contemporáneo? Representantes de la
oposición al gobierno sandinista y de la embajada yankee ¿no se han
reunido secretamente para diseñar una estrategia conjunta en contra del
actual mandatario nicaragüense?
Haciéndole coro a la barahúnda mediática que encabeza la
CNN , se escandalizan por hechos, en verdad apegados a derecho y, sobre
todo, a la voluntad de pueblos soberanos como el de Venezuela que, ante
la necesidad de ponerle coto a un medio comprometido por entero con el
imperio y la oligarquía local, le niega la renovación de la concesión
sin vacilaciones de ningún tipo y lo pone en función de la auténtica democratización de la comunicación masiva.
Empero,
a tono siempre con las grandes naciones “civilizadas”, callan los más
atroces hechos criminales que éstas perpetran impunemente en países a
los que Bush llama, con cinismo inaudito, los más “oscuros rincones”
del planeta. Para qué declararse antiimperialistas, preguntan
haciéndose los inocentes, como si lo que ocurre hoy en contra de un
pueblo del cercano o mediano Oriente, por ejemplo, no pueda ocurrir
mañana contra cualquier nación del mundo, lejana o no de la propia.
Piensan
“ingenuamente” que para establecer buenas relaciones con Estados Unidos
y sacarle máximo provecho a las mismas, basta con hacerse de la vista
gorda ante su comportamiento prepotente, intervencionista y genocida en
el mundo. Pero debemos preguntar:
¿De
qué le sirvió a nuestro país que los Somoza se comportaran local e
internacionalmente como lo deseaba el imperio yankee? ¿Progresó
Nicaragua? Se beneficiaron tan sólo los grandes capitalistas y
terratenientes del país que, tratando inútilmente de impedir que el
gran descontento de las masas despojadas del campo y la ciudad
desembocara en una revolución violenta, promovieron una “revolución
pacífica”.
¿De
qué le sirvió a Nicaragua que Violeta Barrios, Arnoldo Alemán y Enrique
Bolaños, siguiendo los pasos del somocismo, cumplieran cabalmente las
recetas fondomonetaristas, si su población quedó convertida en la más
pobre del continente americano después de la haitiana?
Acusan
al actual gobernante de Nicaragua de arremeterla contra los medios,
sólo que soslayan que el atacado es él y no aquéllos que, no por
casualidad, están mayormente en poder de la derecha; sin embargo,
aducen que en las sociedades que se rigen por normas democráticas se
garantiza la libertad de pensamiento. ¿Cuáles son esas sociedades que
garantizan plenamente esa libertad, cuando en Estados Unidos, que es
por sí mismo mucho, tan sólo seis grandes conglomerados (DISNEY, AOL/TIME WARNER, VIACOM, GENERAL ELECTRIC, RUPERT MARDOCH'S NEWS CORPORATION, BERTELSMANN)
“controlan el 90% de las acciones de las grandes empresas mediáticas
que, a su vez, producen el 90% de lo que leen, ven y oyen los estadounidenses” (Manuel E. Yepe. Globalización mediática neoliberal. http://www.argenpress.info /nota.asp?num=044923&Parte=0).
“El control interesado de las noticias por parte de los medios más influyentes -leemos en un artículo de Ernesto Carmona- comienza desde la selección de lo que es “noticia”, es decir,
la información que se dará a conocer a los ciudadanos e incluye cómo
deben conocerla, o sea, la presentación, tratamiento y enfoque de los
hechos a través de los “hombres ancla” o presentadores de noticias, las
imágenes de televisión o los textos de los grandes periódicos.”
(Ernesto Carmona. Medios: Los amos de la Información. http://www.ola.cse.ufsc.br /analise/20070614_carmona.htm)
Stella
Calloni, por su parte, plantea que, con la participación decidida de
los medios de comunicación de masas, América Latina está siendo
silenciosamente ocupada en los planos político, económico, militar,
científico y cultural, lo que ocurre en un momento en que la
información se ha convertido en un arma de destrucción masiva que,
manipulada por Estados Unidos, se vuelve el “arma más poderosa que
antecede al disparo de los misiles y a los bombardeos”. (Stella Calloni. La información como arma de guerra: La palabra que mata. http://www.voltairenet.org /article150308.html)
Para
el hombre con auténtica formación y convicción de izquierda, es claro
que los medios en manos de la derecha son un arma ideológica poderosa
que pone en acción el mecanismo que permite a los opresores convertir
sus ideas, aspiraciones y opiniones en asunto de mayorías. Pero también
es claro que no hay nada democrático, ni inocente o inocuo en el hecho
que la derecha ponga “generosamente” a disposición de renegados sus
periódicos, radios y televisoras.
Así
tampoco hay inocencia alguna en esa “izquierda” renegada que presenta
dicha oportunidad para expresarse no en contra del imperio, sino en
contra de los proyectos de la izquierda revolucionaria, como mera
expresión de la “democracia”, de esa a la que pretende mostrar, como
hace con todo, sin su correspondiente sello de clase.
¿Debe sorprender
que la crítica de los renegados al sandinismo, a Cuba revolucionaria, a
la Bolivia indígena, a Correa y a Chávez coincida siempre o casi
siempre con la que desatan las fuerzas de la derecha local e
internacional?