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    Mundo en revolución

Reflexiones sobre un Viaje a Cuba
Por: Clayton Mendonça Cunha Filho*
Fecha de publicación: 17/03/07
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Desde los tiempos de primaria, Cuba y su revolución siempre me llamaron la atención, despertaron curiosidad y admiración por los hazaña de los barbudos de Sierra Maestra liderados por Fidel, Guevara y Cienfuegos que, armas en manos, depusieron al protegido estadounidense Fulgencio Batista e instalaran el hasta hoy único régimen socialista de las Américas, que logró resistir a 45 años de bloqueo económico y agresiones de su poderoso vecino del Norte y al fin del antiguo Bloque Socialista liderado por la extinta URSS. Las ganas de visitar Cuba y conocer en vivo la situación del país y su pueblo nunca me faltaron, aunque confieso que ella siempre estuvo cerca de un cierto miedo de encontrar una realidad que yo, en verdad, no quisiera conocer y decepcionarme y frustrar mi admiración y mis convicciones de izquierda. Felizmente, no lo pasó.

Cuba es un país pobre. Correcto. Es una isla angosta, más pequeña que muchas de las menores provincias de Brasil, sin ningún recurso natural estratégico y que necesita importar muchos de las cosas de que necesita a precios más elevados que los cobrados a otros países gracias al bloqueo estadounidenses, así como casi todo el petróleo de que depende. Pero aún así, logró atingir niveles de educación y salud de causar envidia a muchos de los países desarrollados, motivo de orgullo para todos sus ciudadanos, mismo aquellos de quién escuché críticas más ácidas a la naturaleza cerrada de su régimen político o a las dificultades de la vida cotidiana, en la cual de hecho no hay espacio para muchos lujos, algunos ítems de necesidad básica, como higiene personal, son racionados y el transporte público es bastante precario. Pero los tiempos de penuria del "régimen especial" que se siguió a la caída de la URSS y al fin de la ayuda económica que ese país concedía a la isla parecen haber llegado al final. Gracias a los recursos que han ingresad con el turismo y más recientemente con la ayuda de Venezuela y su Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), la recuperación económica cubana de los últimos años ha progresado y sus señales son sensibles en la mejora general de las condiciones de vida en el país y visibles en el inmenso número de edificios en proceso de restauración en el hermoso centro histórico de La Habana. A pesar de que, es verdad, ese mismo turismo ha traído un aumento de la desigualdad relativa, antes mucho menor o casi inexistente, entre aquellos que con el turismo tienen un acceso más fácil a divisas y con ellas a bienes que a otros cubanos siguen casi inaccesibles.

Todavía, el punto que muchos de los críticos más coléricos de la isla parecen olvidarse, y que a mí me parece central, es que todo tiene que ser comprendido en su contexto, y simplemente no se puede comparar Cuba con Alemania, Suiza o Inglaterra. La comparación hay que hacerse con países de historia y pasado semejante, y comparada con El Salvador, Guatemala, Bolivia o Perú, por ejemplo, la ventaja cubana es inmensa. O mismo si comparada con los países más ricos de América Latina como Brasil, México o Argentina. No me quedan dudas de que, hijo de la clase media brasileña que soy, llevo una vida mucho más confortable que muchos cubanos, pero también sé que soy minoría en mi país. Y comparándose como viven los cubanos y los habitantes de las favelas o de los rincones rurales más alejados de acá, simplemente no hay comparación posible. Por más austera que sea la vida en Cuba, se la viven con dignidad, lo que no se puede decir de la mayoría de la población latino-americana y si es cierto que algunas cosas podrían y deberían ser mejoradas en Cuba, me parece cuestionable, para decir lo mínimo, que esta mejoría pueda lograrse a través de la privatización de los servicios públicos cubanos como se hizo (y no funcionó) en el resto del continente o legalizando partidos políticos conservadores y convocando elecciones generales. Ciertamente, Cuba no es ningún paraíso. Como bien dijo Ignacio Ramonet en debate publicado en la revista estadounidense Foreign Policy más reciente, "paraísos existen apenas en anuncios turísticos. Pero para las decenas de millones de personas que viven en la selva de concreto del mundo contemporáneo - sin abrigo, trabajo, comida, atención médica, educación, electricidad o agua potable - Cuba puede ser, a pesar de todas sus imperfecciones, un paraíso deseable en el horizonte". La Revolución Cubana, con todos sus equívocos, progresos y defectos, continúa motivo de orgullo y fuente de inspiración a todos aquellos que luchan por un mundo más justo, cada vez más urgente y necesario.

clayton.filho@gmail.com

*Politólogo
Observatorio de las Nacionalides/Universidad Federal del Ceará
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Clayton Mendonça Cunha Filho*


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