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Pocas veces se ha podido ver y escuchar, a través de los llamados medios de
comunicación colectiva de Costa Rica, una campaña tan falsa e insidiosa,
propia de regímenes totalitarios, como la que se ha desatado, alrededor del
presunto cierre de las instalaciones de la empresa Aluminios Nacionales S.A.
(ALUNASA), ubicada en el cantón de Esparza de la provincia de Puntarenas.
Esta empresa que fue, durante los años setenta y ochenta, una de las más
importantes y emblemáticas del grupo de la Corporación Costarricense de
Desarrollo (CODESA), fue vendida al estado venezolano, durante los primeros
años de la década de los ochenta, respondiendo a las orientaciones
neoliberales de liquidar el conjunto de empresas nacionales estratégicas,
impulsadas durante la administración socialdemócrata del presidente Daniel
Oduber (1974-1978). Sería bueno establecer las condiciones en que fue
realizada dicha venta (muy probablemente a valores muy inferiores a los del
mercado), lo que nos permitiría establecer si quienes hoy se rasgan las
vestiduras por el cierre de esa planta, cosa que abrigamos la esperanza de
que no ocurra, actuaron en función del legítimo interés nacional, el cual no
puede ser sólo el de un reducido grupo de empresarios, hoy empeñados en
vender a nuestra patria y a continuación saquear sus despojos, por medio de
esa entelequia que algunos llaman TLC entre los países centroamericanos y
los Estados Unidos. Como las cosas cambiaron en Venezuela, terminándose los
corruptos y autoritarios gobiernos adecos y copeyanos del pacto de Punto
Fijo, acostumbrados a hacer negocios tigres (o “buenos negocios” como dicen
algunos) con sus homólogos del PLN y del PUSC de Costa Rica, entonces si
viene a cuento la oficiosa satanización de lo actuado en esa empresa durante
los últimos años y hablar de represalias, por parte de un gobierno como el
del presidente Hugo Chávez, que ha dado muestras más que evidentes de
solidaridad con otros pueblos latinoamericanos.
Ahora en plena segunda administración de Oscar Arias, convertido en el Catón
de América Latina que le da lecciones de democracia a los gobernantes de
otros países al tiempo que socava la institucionalidad y la histórica
convivencia democrática del pueblo costarricense, se nos informa que el
gobierno venezolano ha decidido cerrar dicha planta, con graves
consecuencias para un numeroso grupo de obreros que allí laboran, una
decisión que desde luego deploramos. Sin embargo, pensamos que no se trata
de una situación irreversible dado que los gobernantes venezolanos y
nuestros amigos de Caracas son conscientes de la heroica y decidida lucha
que el pueblo costarricense viene librando con el régimen autoritario de
la “tiranía democrática” de los hermanos Arias y en contra de la aprobación
legislativa del TLC CAEU-RD, que haría de nuestra patria un simple
protectorado de la nación imperial del Norte, aunque sin estatuto colonial
definido.
Esperamos que así como Venezuela le ha tendido la mano al sufrido pueblo
nicaragüense, víctima de la contrarrevolución neoliberal “blanda” que
auspició Oscar Arias, en los últimos años de la década de los ochenta, para
el Istmo Centroamericano, como resultado de las negociaciones para poner fin
al conflicto armado en la región, lo siga haciendo con el pueblo y los
trabajadores de Costa Rica, tal y cómo ocurrió con la “Misión Milagro
Venezolana”, la que nos ayudó a muchos costarricenses a mejorar nuestra
vista, mediante cirugías que nos costaron un céntimo. En cuanto a la
historia reciente, digámoslo de una vez por todas: Se trató de unos acuerdos de paz que no han permitido construir una paz positiva en la región y nos tienen
anclados en un simple cese del fuego, dada la violencia e intensidad con que
se produjo la restauración oligárquica en todo Centroamérica y que, para
colmo de males, culmina ahora con el famoso TLC, tan caro a don Oscar Arias
y a otros oligarcas centroamericanos que no pueden ver otro
interés “nacional” que no sea el de sus negocios particulares.
Sabemos que la vocación bolivariana del pueblo venezolano se pondrá, una vez
más de manifiesto, para darle una salida justa y digna a este problema. La
instalación de dos plantas similares en Nicaragua no es excluyente con que
se mantenga la existente en nuestro país, en especial si tiene en cuenta la
valiosa experiencia de un cuarto de siglo que han acumulado sus obreros. Si
Venezuela le tiende hoy la mano a Ecuador, a Bolivia, a Nicaragua y a otros
pueblos del Nicaragua no hay razón alguna para que no lo siga haciendo con
Costa Rica, a pesar de las voces del odio de los oligarcas de La Nación y
Canal 7 de Costa Rica o de Globovisión y El Nacional de Caracas, a quienes
afortunadamente nuestros pueblos han dejado de creerles sus mentiras.
Muchos amigos de la solidaridad y la hermandad latinoamericana marcharemos
por los calles de San José de Costa Rica, este lunes 26 de febrero, sin
hacer caso a la insidiosas afirmaciones de la Cámara de Comercio de Costa
Rica, en el sentido de que Venezuela instalará dos plantas de procesamiento
de aluminio en Nicaragua porque ese país ya ratificó el TLC con los Estados
Unidos. La solidaridad entre los pueblos del Sur no es un delito, a pesar de
que al columnista de La Nación, Julio Rodríguez le moleste que la “chequera
fácil” de Hugo Chávez haya servido para tenderle una mano al pueblo
nicaragüense, tan satanizado por los xenofóbicos de hoy de y de siempre,
olvidando que fue una de las primeras víctimas de la exitosa
contrarrevolución neoliberal que le permitió a Violenta Barrios de Chamorro,
restaurar los privilegios de su clase y vender, a precios ridículos, las
empresas y bienes, propiedad del pueblo de Augusto César Sandino, a quien
Violeta y sus sucesores han querido matar de hambre e inanición durante casi
veinte años...Por fortuna otros vientos corren hoy por América Latina. Este
lunes marcharemos todos por la patria y en especial los universitarios, que
hemos estado de primeros en la construcción de conocimiento sobre las graves
amenazas que representa el TLC con los Estados Unidos, como también sobre la
necesidad de abrir un gran debate nacional que reoriente los rumbos de Costa
Rica, en función del bienestar y las oportunidades para todos los
costarricenses. He ahí la solidaridad con nosotros mismos y con las luchas
de otros pueblos hermanos, como los de Venezuela y Nicaragua, que también
entienden la importancia y el significado de nuestra lucha...Estamos seguros
que dentro de este espíritu, el problema de ALUNASA se superará en beneficio
de sus obreros y de todos los habitantes del cantón de Esparza, al mismo
tiempo que sepultaremos, de una vez por todas, al TLC con los Estados
Unidos...
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