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El pueblo ecuatoriano, laborioso, creativo y solidario, que ya fue alabado en el imperio incaico por su hábil manejo de la agricultura, su finura artística y su rica gastronomía, se encuentra hoy asfixiado por una versión rudimentaria del capitalismo neoliberal y diezmado por la emigración de cuatro millones de padres y madres de familia, víctimas de la privatización de su país..
El Estado ecuatoriano, con el dólar como moneda, una clase política tradicional temerosa de perder su visa americana, una base militar gringa y dos mil agentes de la CIA, con una burguesía dividida entre la sierra y la costa, mafias financieras que vampirizan el tesoro y leyes criminales que protegen a la inversión extranjera hasta de su propio fracaso, atraviesa hoy una silenciosa crisis terminal que se intenta disfrazar de crisis de crecimiento.
El desprestigio irreversible de partidos y dirigentes, la descomposición del sistema electoral y la confianza desmedida de los medios de comunicación en su manejo de la opinión pública, se enfrentarán, el próximo domingo 15 octubre 2006, a la clase trabajadora urbana, la clase media deteriorada y un buen porcentaje de intelectuales, que han adquirido una conciencia crítica de la situación desesperanzada del país y preconizan una solución semejante a la venezolana, la argentina o la boliviana, incluso con idénticos íconos históricos bolivarianos. Cinco de los trece candidatos presidenciales que hacen campaña para las elecciones del 15 de Octubre (Macas, Villacís, Correa, Torres y Larrea) se declaran “chavistas” y uno de ellos, Rafael Correa, financiado por una parte de la oligarquía financiera, insinúa ser también beneficiario del “auspicio” del Presidente venezolano.
MARCELO LARREA Y EL “EFECTO CHÁVEZ”
En las encuestas realizadas en Ecuador en los últimos dos años, el grado de aceptación del Comandante Chávez, fluctúa entre el 74 y el 82 por ciento. Ecuador es y siempre ha sido un país profundamente bolivariano y venezolanista, donde sólo el Mariscal Antonio José de Sucre goza de mayor veneración que el Libertador Simón Bolívar. Chávez, por mérito propio y como continuador de esa tradición libertadora, tiene en Ecuador un porcentaje de admiradores mayor que en Venezuela, país en donde ha sido metódicamente satanizado por los medios de comunicación de la oligarquía financiados y coordinados por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos.
Es usual escuchar gritos de “Viva Chávez” o la consigna “Alerta, alerta que camina, la espada de Bolívar por América Latina” en las concentraciones de Marcelo Larrea, el candidato más abiertamente radical y el único que postula, entre otras medidas revolucionarias, la eliminación del Dólar como moneda del Ecuador y el retiro inmediato e incondicional de las tropas norteamericanas de la Base Aérea “Eloy Alfaro” del puerto de Manta en la provincia de Manabí.
Marcelo Larrea es también el único candidato cuya participación fue obstruida por el Tribunal Supremo Electoral, pretextando que de los 130 mil apoyos individuales que introdujo para su candidatura, no eran aceptables los de los indígenas que suscribían con huella dactilar. Larrea apeló y ganó en el Tribunal Constitucional, cuando ya había perdido 3 de las 6 semanas de campaña autorizadas. Solo cuenta con los escasos apoyos financieros de sus partidarios, y carece de seguridad personal por falta de dinero para costear transporte y alimentación de la escolta que le asigna el Estado.
Sin embargo, las limitaciones del candidato Larrea hacen parte de su fuerza pues, al contrario de los demás, nunca fue ministro, funcionario del Estado, legislador o dirigente de partido. Su lucha política, desde el Liceo Gustavo Herrera de Caracas durante el exilio de sus padres, hasta su participación en los levantamientos populares que han derrocado a dos presidentes ecuatorianos, se inscriben en la más pura tradición revolucionaria de “nunca pactar por arriba”, y su paso por instituciones autónomas del Estado o por el movimiento sindical, ha dejado una estela de éxitos sin tacha.
A Larrea se lo asocia con el “elemento sorpresa” presente en las últimas elecciones ecuatorianas, y los observadores locales estiman que con un 15% de los votos pasaría a la segunda vuelta prevista para el domingo 29 de Noviembre. Para el momento de escribir este informe, apenas celebrado el matrimonio simbólico de Marcelo Larrea con la periodista venezolana Marichina García Herrero, la prensa situaba a Larrea en un 5to lugar ascendente, mientras caía la intención de voto por Correa y ascendía la del derechista Noboa.
RAFAEL CORREA Y EL “EFECTO LUCIO GUTIERREZ”
Rafael Correa, a pesar de sus declaraciones “chavistas” y del apoyo masivo de grupos financieros y medios de comunicación, es el ejemplo vivo del negativo “Efecto Lucio Gutierrez” en la intención de voto de los ecuatorianos.
Correa es un joven de aspecto yupie, boy scout durante muchos años, educado por los salesianos, becado para estudios superiores en Estados Unidos y post-grado en la Universidad católica de Lovaina, Bélgica. Dio clases en la muy elitista Universidad de San Francisco, en Quito, y hace gala de ser un tecnócrata de la globalización.
La campaña electoral multimillonaria de Correa es financiada por el “Cartel de los Deudores”, integrado por financistas que deben 8.000 millones de US dólares en el extranjero, y que pretenden que el Estado asuma dicha deuda, lo que equivale a transferirla al pueblo ecuatoriano. Sus declaraciones oficiales sobre el origen de sus fondos de campaña son contradictorias: no reconoce haber recibido dinero del Grupo Isaías, integrado por la familia del mismo nombre, beneficiaria del “salvataje bancario” del 1998-99, ni del grupo Nobis, coordinado por Isabel Noboa (hermana del candidato derechista Álvaro Noboa), pero incluye entre sus patrocinantes a socios y empleados de esta dama, así como a Isidro Romero su ex-esposo, actualmente casado con una sobrina de la misma, financista que aportó 80 mil dólares para la campaña de Correa..
Correa fue ministro del actual gobierno, y asesor del Presidente Alfredo Palacio, cuando éste era Vicepresidente de Lucio Gutierrez.
Las declaraciones “chavistas” de Correa son tímidas y ornamentales, comparadas con su posición sobre asuntos claves que afectan la soberanía ecuatoriana, como su apoyo al dólar como moneda nacional (“no estoy de acuerdo pero lo mantengo”) y la permanencia de la base norteamericana de Manta, sobre lo cual su posición es igual a la de otro candidato “bolivariano”, el ex militar Lenin Torres, quien se cubrió de ridículo al declarar que “la base de Manta sólo permanecerá hasta el 2009 cuando concluye el contrato, ni un día más”.
Rafael Correa (copiando la tradicional posición de Chávez) declaró hace tres días que no denomina a las FARC “organización terrorista” sino guerrillera, para no tomar partido en un conflicto ajeno. Pero inmediatamente después anunció que, como Presidente, solicitará la intervención de una fuerza militar internacional para la vigilancia y control de su frontera con Colombia.
EL MOVIMIENTO INDÍGENA
Ecuador tiene 13 millones de habitantes y los 3 millones de indígenas ecuatorianos no constituyen, como en Bolivia, la mayoría de la población. Sin embargo, en la década de los 90 emergieron como una fuerza importante en el escenario político y social. El movimiento Pachacutik (“renacer”) despertó simpatías y apoyos en todo el continente, pero hoy, después de 10 años de políticas desafortunadas, se presenta fracturado y con mucho menos prestigio y apoyo internacional:
1996. El Pachacutik apoya al candidato Freddy Elher, de la Izquierda Democrática, equivalente ecuatoriano de la Acción Democrática de Carlos Andrés Pérez.
1997. El Pachacutik apoya, simultáneamente, a Rodrigo Borja, de la Izquierda Democrática y a Elher, que ha fundado su propio movimiento.
2002. El Pachacutik apoya a Lucio Gutiérrez, quien resulta electo Presidente. Algunos dirigentes indígenas ocupan ministerios importantes, como Relaciones Exteriores y
Agricultura, que luego abandonan sin pena ni gloria para sumarse a la mayoría parlamentaria opositora dirigida por la Izquierda Democrática y el Partido Social cristiano
(equivalentes a AD y COPEI).
2006.- Se presenta el primer candidato indígena, Luís Macas, ex ministro de Agricultura de Lucio Gutiérrez. La
candidatura de Macas carece de empuje, incluso en el
dividido y frágil movimiento indígena.
EL EFECTO NICOLAS MADURO
El gobierno venezolano, a diferencia del estadounidense, no interfiere en asuntos internos de otras naciones, limitándose a responder cuando es atacado, como en el caso del corrupto Alan García o el cachorro del Imperio Vicente Fox. No obstante la pregunta más frecuente dirigida a los venezolanos que trabajan o hacen turismo en Ecuador, es si el petróleo de Venezuela está financiando la millonaria campaña de Correa. Esta interrogante tiene su origen en el mismo candidato que se dice “auspiciado” por Chávez.
El peligro de esta identificación no reside en los más o menos votos que obtenga el candidato “auspiciado” o no por Venezuela, sino en el daño eventual al prestigio y autoridad histórica de Chávez, al verse asociado con un nuevo Lucio Gutiérrez a quien, durante su presidencia, las paredes de Quito conminaban: “Lucio, payaso traidor, devuelve las entradas”.
La anunciada visita de Nicolás Maduro a Quito el próximo 11 de octubre, de paso a las celebraciones del Dia de la Resistencia Indígena, el 12 de octubre en Bolivia, genera curiosidad y aprehensión en muchos líderes bolivarianos del Ecuador. Este asunto fue tema de corredor entre delegados y periodistas latinoamericanos durante la XIV Cumbre de los No Alienados celebrada en septiembre en La Habana, Cuba. Mientras unos sugerían que líderes como Marcelo Larrea y Lenin Torres, aparentemente sin opción de triunfo, debían apoyar a Correa como candidato fuerte contra la derecha encarnada por Roldós y Noboa, otros sostenían que Correa era una versión maquillada de los mismo, y que apoyarlo equivaldría al apoyo que hubiera podido dar Chávez y su entonces incipiente movimiento al candidato Andrés Velásquez para evitar el ascenso del derechista Rafael Caldera en las elecciones venezolanas de 1993.
Terminada la Cumbre de los NOAL, a finales de septiembre corrió en Caracas el rumor del reemplazo del embajador de Venezuela en Ecuador, Oscar Navas, quien nunca ocultó su preferencia por Rafael Correa, por la diplomática Jenny Figueredo. Se pensó que eso expresaba una distancia con Correa, el “candidato de izquierda de la derecha”. Pero este cambio quedó sin efecto.
¿Y LA CIA?
Sería ingenuo ignorar la influencia de la los servicios de inteligencia civiles y militares de los Estados Unidos en la posición venezolana en relación al Ecuador en general y a sus elecciones en particular. El embajador Navas, dueño de una variopinta fama de desmedida pasión por el sexo femenino, ha estado bajo la seductora influencia de la señora Victoria S., elegante colaboradora de la CIA y el Mosad israelita.
La eventual elección de Rafael Correa como Presidente del Ecuador sería una victoria de la diplomacia secreta de los Estados Unidos, que les permitiría crear una “muralla del Pacífico” con Colombia. Ecuador y Perú integrados en el “Plan Andino”, prolongación del Plan Colombia y edición aumentada y corregida del “Plan Cóndor”.
Creer o hacer creer que en Correa la Revolución Bolivariana tiene un partidario del mantenimiento del status quo y de algún acuerdo de no agresión con Venezuela y Bolivia, es hacer gala de ingenuidad y hacerse responsable de futuras retrasos y derrotas de la Revolución Latinoamericana. Peor que un crimen, sería una falta.
Las elecciones ecuatorianas no hacen sino empezar, para una segunda (y hasta tercera o cuarta vuelta electoral) y el subterráneo movimiento revolucionario del Ecuador necesita de todo, menos que sus aliados históricos, Cuba, Venezuela y Bolivia, favorezcan a la oligarquía local y a las fuerzas de ocupación económicas y militares.
Rafael Correa es un candidato del dólar que no merece ningún apoyo de los sectores concientes de América Latina. El gobierno venezolano adoptará la posición oficial u oficiosa que corresponda a sus intereses, como lo ha hecho con Uribe y otros políticos latinoamericanos y mundiales.
Sería lamentable, sin embargo, que líderes bolivarianos de Venezuela, que en ocasiones han caído en contradicciones por confundir la posición oficial de Chávez con la línea política revolucionaria continental (caso Rodrigo Granda, caso entrega de vascos a la tortura española, caso derribo de estatua de Colón en Caracas…) se mostraran más chavistas que Chávez en su posición frente a Correa.
Si algo debe conservar la revolución bolivariana es la libertad de pensamiento y expresión de tendencias, y si algo debe rechazar es el apoyo acrítico, rayano con la adulación, a la política oficial venezolana respecto a Ecuador. Pero será el pueblo ecuatoriano quien, en mayor o menor medida, dará a los “observadores políticos” una nueva lección de revolución latinoamericana.
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