Costa Rica: antecedentes históricos y evolución hasta nuestros días

El siglo XX, fue la época de las grandes confrontaciones, de los choques de las grandes potencias imperiales por la implantación de nuevas esferas de influencia, política y comercial. Fue la época en que la amenaza del exterminio nuclear estuvo en el orden del día, pero que sirvió a la vez para crear una paz precaria entre las grandes potencias, las que saldaron sus cuentas pendientes, mediante conflictos bélicos y enfrentamiento sociales limitados, en diversas regiones del mundo.

Durante las décadas de los años 70 y 80, América del Sur fue testigo de las acciones de la CIA en contra del gobierno popular de Allende y Centroamérica sintió los efectos de la descarada intervención de la Administración Reagan en contra de la revolución popular sandinista y de los extraordinarios esfuerzos políticos y militares del FMLN en El Salvador, y la noche larga del fascismo se iniciaba para muchos pueblos en América Latina. El continente africano vio modificado su mapa político por la acción solidaria de los combatientes cubanos en contra del apartheid y el racismo, y en la península indochina, el ejército de EE.UU se vio obligado a aceptar una negociación vergonzosa para ponerle fecha a la retirada de sus tropas de ocupación de Vietnam del Sur.

Costa Rica, ese pequeño país, cuya capital San José, se encuentra a 50 minutos de vuelo del Canal de Panamá y a menos del Lago de Nicaragua, no conoció los horrores del siglo XX o sus manifestaciones fueron muy limitadas, mitigadas por gobernantes con sentido de la realidad y políticos responsables, talvez representantes genuinos de nuestros antecedentes y orígenes históricos.

La provincia pobre de la Capitanía General de Guatemala, perdida allá en los extremos del sur de la cintura de América, tenía poco que ofrecer a la colonia española. El territorio de lo que ahora es Costa Rica no fue el asiento de grandes culturas y la población originaria era escasa. Talvez por eso los representantes de la colonia tuvieron poco que repartirse y en lugar de saquear la poca riqueza material, se dedicaron a la agricultura y la cría, tomando como modelo de explotación la pequeña propiedad, lo que le dio un carácter distinto a nuestra nacionalidad, en los albores de su historia. La independencia nos llegó por emisarios a lomo de bestia, mes y medio después de haber sido decretada por la corona española y no fue el producto de grandes luchas sociales, políticas y militares, que se dieron entre las nuevas burguesías criollas y los representantes de la corona, en otras latitudes del continente.

Sin embargo Costa Rica no ha estado al margen de los grandes conflictos políticos que han marcado la historia centroamericana. En el pasado reciente, cuando los países vecinos fueron gobernados por castas militares o dictaduras dinásticas, Costa Rica fue el medio facilitador para el despliegue de iniciativas pacificadoras para que los fusiles le dieran paso al diálogo o también en forma efectiva, nuestro suelo se convirtió en retaguardia militante de combatientes revolucionarios. El mapa político del presente en la región, se debe en parte al esfuerzo permanente del país, a la disposición de diversas administraciones gubernamentales de involucrarse en la búsqueda de soluciones a los conflictos regionales y también al sacrificio de combatientes revolucionarios costarricenses que dieron su vida y lo mejor de sus esfuerzos, incorporados a los movimientos armados en Nicaragua y El Salvador. Así como en el pasado reciente, de la misma manera en los albores de nuestra historia y construcción de la nacionalidad costarricense, en la década de los años 50 del siglo XVIV, un gobierno integrado por patriotas no tuvo reparo alguno en enviar un ejército de campesinos descalzos y mal armados para combatir en Nicaragua a un gobierno entreguista liderado en esencia, por una gavilla de aventureros esclavista provenientes de los estados sureños de los EE.UU. El esfuerzo combinado de los ejércitos centroamericanos y en especial las acciones decisivas del improvisado ejército costarricense, derrotaron y expulsaron del suelo centroamericano los intentos anexionistas, de lo que podría identificarse como las primeras acciones del naciente imperialismo norteamericano en América Central.

Durante décadas, a finales del siglo XVIV y principios del XX el país le dio más importancia a la consolidación de las instituciones vigentes y continuar con el proceso de construcción del estado nacional. Y dentro de las posibilidades de una economía limitada, aquella provincia pobre de la Capitanía General de Guatemala comenzó su camino hacia los mercados internacionales, con una oferta exportadora que giró alrededor de la actividad cafetalera, azucarera y ganadera, y en forma paralela se inició el crecimiento de la actividad bananera, en manos de empresas extranjeras de origen norteamericano. El auge de la actividad bananera en la región atlántica del país dio origen a la aparición de lo que podríamos identificar como una especie de proletariado agroindustrial, lo que generó el nacimiento de los sindicatos clasistas, como producto de un trabajo prolongado de educación orientado por las primeras manifestaciones orgánicas de la incipiente organización comunista, que hace su aparición a finales del primer tercio del siglo XX. Los enfrentamientos clasistas entre los sectores patronales representados por la United Fruit Company y los trabajadores organizados en sindicatos revolucionarios, crearon las condiciones para un escalamiento de la influencia comunista en sectores importantes del país y abrieron las puertas a una presencia más efectiva en la vida política de Costa Rica.

La década de los años 40 del siglo XX fue rica en acontecimientos políticos en Costa Rica. Una coyuntura internacional especial. Europa sufriendo los embates de las guerras de ocupación del fascismo de Hitler, y la presencia pujante de la URSS combatiendo desde el este europeo, hizo posible en nuestra América, la aparición de gobiernos de coalición de diversos matices, con la participación de sectores revolucionarios de izquierda y Costa Rica no fue la excepción.

Una coalición de gobierno que nace en 1942, integrada por socialcristianos y comunistas con una activa presencia de la jerarquía católica, crea las condiciones políticas para encauzar al país por nuevos derroteros que permiten la aprobación parlamentaria y posterior implementación como política de gobierno, de una serie de leyes de claro contenido transformador, que pone en manos de los trabajadores del país de instrumentos novedosos de protección social y laboral, que abre los accesos a la educación y cultura mediante la apertura de la universidad pública y la consolidación de la educación media y que crea las condiciones primarias para regular las relaciones entre el esfuerzo del productor y el consumidor. Errores políticos acumulados, y manifestaciones sectarias desde la izquierda que culminan en febrero de 1948, con el desconocimiento del triunfo electoral de las fuerzas opositoras a la coalición gobernante, justifican y abren paso a un movimiento armado representativo de los sectores medios de la ciudad y el campo, instigado por sectores del capitalismo nacional afectado por las iniciativas de transformación del gobierno de coalición, que en menos de 45 días asume el poder.

Cosas raras de una sociedad distinta. La caída del gobierno de coalición que significó el exilio, cárcel y condiciones de clandestinidad para los derrotados, comunistas, socialcristianos y personalidades democráticas, también propició las condiciones para que las medidas de avance social, que nacieron con la década, se mantuvieran y se abriera a la vez un período de avance progresista en algunas expresiones vitales por medidas instauradas por la junta de gobierno encabezada por José Figueres. Políticas de estado, entre las cuales destacan la abolición del ejército, dejando en manos de cuerpos de policía lo relativo a la seguridad interior y protección fronteriza, la nacionalización de la banca, la puesta en marcha de una política estatal de desarrollo energético, mediante la creación del Instituto Costarricense de Electricidad, la aplicación de impuestos al capital, como medio de fortalecer las finanzas públicas y otra serie de iniciativas con vista a la consolidación del estado nacional, se constituyeron en el inicio de un período de transformación y modernización del estado costarricense.

Durante la segunda mitad del siglo XX la sociedad costarricense se hizo más compleja y diversa. La ampliación del sistema educativo a todos los niveles y a todas las regiones del país, el incremento significativo en la cobertura de servicios públicos en electrificación y salud, y la apertura del mercado común centroamericano en los años 60, creo las condiciones para la diversificación de una economía limitada al consumo interno y de poca vocación exportadora. Con excepción de la producción cafetalera, bananera y de carnes, la oferta exportadora del país, no iba más allá. Un país que abría las puertas a la inversión extranjera atraída por los procesos de integración de la región a finales de la década de los 60, y que a la vez transitaba por el camino del fortalecimiento de sus instituciones públicas y de consolidación de un régimen social de derecho, incrementaba su capacidad de producción de energía y de servicios de comunicación telefónica, mediante una empresa del estado nacional, el Instituto Costarricense de Electricidad, desarrollaba proyectos de crecimiento de la red vial y mejoraba su capacidad de manejo de carga de exportación. No obstante este proceso de consolidación y diversificación de la base productiva, de apertura cultural y expansión del sistema de educación pública, Costa Rica mantenía en la ilegalidad a las fuerzas políticas de izquierda derrotadas 20 años atrás como consecuencia de los hechos armados del 48. No obstante que su funcionamiento y desarrollo orgánico era público, notorio y su influencia en el movimiento sindical y social del país iba en crecimiento, hasta conquistar la legalidad a comienzos de los años 70, las consecuencias de la guerra y una profunda cultura anticomunista derivada, las fuerzas de izquierda nucleadas alrededor del Partido Vanguardia Popular y algunas otras manifestaciones menores, nunca lograron recuperar la capacidad de convocatoria y de organización de los años 40.

Mientras en todos los confines del continente la noche la noche negra del fascismo se imponía a sangre y fuego, en Costa Rica, dentro de las circunstancias de una economía limitada, el estado social de derecho se consolidaba e iniciativas gubernamentales impulsaban la creación de empresas, bajo la visión de sociedades anónimas del estado en áreas diversas de la economía como, producción de azúcar, cemento, procesamiento y distribución de combustibles, transporte público vial y transporte ferroviario.

La agudización de los conflictos políticos en Centroamérica afectó de manera directa la economía del país. A finales de la década los 70 y parte de los 80, nuestro patio de intercambio comercial más cercano, el segundo socio comercial, los países del istmo agrupados en el Mercado Común Centroamericano, entraron en crisis de consumo y dificultades internas, al incrementarse los alcances y presencia de los movimientos insurgentes que desarrollaban acciones militares, especialmente en El Salvador y Nicaragua. No obstante el triunfo del FSLN en Nicaragua, tarea histórica en la cual estuvieron involucrados amplios sectores de la sociedad costarricense, y el ascenso de las acciones armadas del FMLN en El Salvador, las nuevas condiciones políticas que se estaban creando en el istmo centroamericano, actuaron en forma diametralmente opuestas hacia el interior de Costa Rica. Condiciones externas, que de alguna manera pudieron haber actuado en forma positiva en la creación de condiciones internas favorables a un ascenso de la presencia e influencia de las organizaciones políticas de izquierda, que a finales de los años 70 contaban con representación parlamentaria de alguna influencia en la vida del país, visiones aventureras, corto-placistas y dependencias internacionales que actuaron en forma negativa, así como un mal manejo de las relaciones bilaterales entre los gobiernos sandinista y costarricense respectivamente, propiciaron la división hacia el interior del movimiento revolucionario costarricense, en forma paulatina hasta la desaparición del Partido Vanguardia Popular, el partido de los comunistas costarricenses, principal fuerza política del movimiento social del país en la primera mitad de los años 80.

La crisis generada por la caída de las exportaciones al Mercado Común Centroamericano producto de las dificultades políticas en los países vecinos del norte, un aumento desmedido de los precios internacionales del crudo y una caída de los precios internacionales del café, juntos todos estos fenómenos, generaron un incremento del déficit en las finanzas públicas que lanzó al país por la vía de la inflación sin control. En respuesta, a partir de 1982, la política económica y hacendaria de Costa Rica entra en un período de total subordinación a los dictados del FMI y del Banco Mundial por medio de la implantación del primer programa de ajuste estructural, y el país se encarriló hacia la implementación de iniciativas de reforma del estado nacional, de contracción del gasto público, que incluyó la liquidación paulatina de activos y empresas estatales y la restricción del gasto social.

De alguna manera la inestabilidad de la región nos favoreció como país. Por la presencia del FSLN a la cabeza del gobierno nicaragüense y el ascenso de la influencia del FMLN en El Salvador, que generó un equilibrio militar en la correlación de fuerzas que se enfrentan en el conflicto de ese país, y para evitar "los malos ejemplos" que puedan desencadenarse en Costa Rica, el país se vio favorecido durante toda la década de los 80, con una importante ayuda financiera de parte del gobierno de EE.UU, convirtiéndonos en una economía subvencionada, que permitió, de alguna manera, compensar los desajustes en las finanzas públicas, que obligaban a una restricción del gasto en el área social y en infraestructura pública.

En las últimas dos décadas, Costa Rica ha sido un país "exitoso" dentro de los marcos de una economía subdesarrollada, que no logra establecer los cimientos materiales para emprender ascensos importantes. Un desarrollo vertiginoso de su capacidad exportadora ha generado brechas importantes, un claro desequilibrio en las cuentas internacionales que favorece la importación y un déficit importante en las finanzas públicas. El crecimiento del PIB y el crecimiento real del producto per cápita, a cuenta de la inversión extranjera e impulsos importantes en la diversificación de la oferta exportadora de la producción nacional, han sido insuficientes para encarrilar el desarrollo del país. En los últimos 10 años se ha quintuplicado el volumen de las exportaciones, pero el déficit comercial sigue creciendo y los encadenamientos productivos internos de la inversión extranjera son aún incipientes y limitados, por lo que los valores agregados de un amplio espectro de nuestras exportaciones, son bajos.

Los desequilibrios económicos y en las finanzas públicas han acarreado desequilibrios sociales importantes. Una de cada cinco familias costarricenses viven dentro de los límites de la pobreza. El 20% más rico del país vio aumentar su participación en el ingreso nacional, mientras que el 80% restante vio disminuir la tajada que le correspondía.

El crecimiento de las exportaciones en los últimos años ha sido importante, pero tal situación no está teniendo efectos sustantivos en la distribución de los ingresos. La sociedad costarricense se está desarrollando dentro de los marcos de una dualismo entre aquellos sectores y regiones que logran incorporarse con éxito relativo a la nueva dinámica de la producción y aquellos que se sienten atrapados en una especie de callejón sin salida al no encontrar mecanismos que les faciliten su reinserción en las nuevas condiciones productivas. Un deterioro paulatino de los valores fundamentales que le marcaron el rumbo a la sociedad costarricense, le está cediendo espacios en forma acelerada, a una visión individualista, alejada del bien común, y de la misma manera, la visión de conjunto del desarrollo le cede espacios a la fragmentación en las propuestas de políticas públicas, subordinándose las decisiones y rumbos fundamentales, a los intereses sectoriales de grupos empresariales ligados a la actividad exportadora o representantes y promotores de la inversión extranjera.

El universo institucional costarricense no solo se ha desgastado y ya no responde a los requerimientos del presente, sino que en lo que respecta a algunas instituciones de servicio público, su capacidad de respuesta a las demandas de la economía ha sido sensiblemente disminuida, con la finalidad de abrir espacios a la inconformidad de los usuarios y justificar métodos alternativos de funcionamiento. La concesión de servicios públicos o la simple apertura a la libre competencia están a la orden del día. Como parte de ese proceso de deterioro inducido de empresas estatales, han sido públicos y notorios escándalos de corrupción, protagonizados por figuras representativas de nuestra clase política, incluyendo presidente de gobierno de reciente data. Las crecientes presiones de una economía internacional abierta a la competencia y a la conquista de mercados, y las necesidades internas cada día en crecimiento, no es posible responderlas con el estilo de desarrollo del presente, en que privan las visiones fragmentadas y las iniciativas exclusivas de grupos de poder económico y político. Visto de otra manera, tenemos que buscar las rutas que nos asegure el desarrollo inclusivo, un modelo de tales características en que quepamos todos.

El país se encuentra sometido a un proceso de vaciamiento de la democracia, como forma de gobierno. El poder político ya no guarda las distancias prudentes del poder económico y se ha convertido por algún efecto de simbiosis de intereses, en un instrumento a favor del segundo. Los torneos electorales de las últimas décadas, se han convertido, como en toda América Latina en un juego político y torneos de mercadeo pues las diferencias entre las fuerzas "políticas" se han disipado, para abrirle el paso a un discurso de centroderecha en lo político y neoliberal en lo económico. El descrédito de los partidos tradicionales ha generado una crisis importante en el universo electoral y la vida política del país, lo que ha creado espacios para la aparición de fuerzas emergentes, de amplia convocatoria. En las últimas elecciones de febrero recién pasado, el Partido Acción Ciudadanía, fuerza política que ha logrado capitalizar el descontento existente en el país con relación a las fuerzas tradicionales, con una agenda democrática y nueva agenda de país que incluye la oposición al TLC, ha perdido la elección presidencial por un escaso margen de votos, constituyéndose en la segunda fuerza política del país.

En este contexto de país se iniciaron los contactos políticos para echar a caminar el proceso de negociación del Tratado de Libre Comercio con los EE.UU. La discusión sobre el TLC ha estado presente en la agenda del país a partir de la segunda mitad del 2002, cuando se hizo público el inicio de las negociaciones entre los países centroamericanos y República Dominicana con representantes comerciales del gobierno de EE.UU.

Concesiones paulatinas por parte del gobierno costarricense, que comprometen actualmente la apertura del mercado de telecomunicaciones y seguros, así como la falta de transparencia durante el proceso de negociación, comenzaron a crear conciencia en la sociedad costarricense sobre las consecuencias reales y efectivas de los objetivos de la negociación, que transciende en forma radical las razones de un acuerdo comercial, hasta convertirse en un instrumento de poder de grupos transnacionales y nacionales con la finalidad de transformar la economía del país, conforme a sus intereses y visiones.

A partir de la segunda mitad del 2004, la discusión nacional sobre los alcances del TLC, sobre sus ventajas y desventajas, se ha recrudecido y las repercusiones que ha tenido y tiene actualmente en la vida política del país, son evidentes y sustantivas. El ajustado triunfo electoral reciente del Partido Liberación Nacional, con una agenda de apoyo al TLC, que llevó a la Presidencia de la República al Dr. Oscar Arias Sánchez, ha sido una clara demostración de que la sociedad costarricense se encuentra dividida en torno al tema del TLC. Amplios sectores del movimiento social costarricense, universidades públicas, sectores empresariales que sufrirán las consecuencias de la apertura de la economía y personalidades del mundo político del país, han hecho causa común, lo que constituye un fenómeno de expresión política novedoso en la Costa Rica contemporánea. Las consecuencias del trámite legislativo del tratado son impredecibles. Lo único que se puede adelantar es que el país se encuentra en ruta de colisión entre dos sectores que muestran posiciones totalmente antagónicas e irreconciliables.

El Tratado de Libre Comercio negociado con los Estados Unidos por los países centroamericano y República Dominicana constituye un proyecto integral para la implantación de sociedades nacionales, según los criterios más ortodoxos y radicales de las concepciones neoliberales en la economía y la política. En el caso particular de Costa Rica, se hacen a un lado los criterios de gradualidad que se han venido aplicando en la implantación paulatina de medidas aperturistas en los últimos 20 años, para generar un relanzamiento acelerado del proyecto neoliberal. La alianza entre los medios de prensa, sectores empresariales ligados al capital transnacional y toda la fuerza del gobierno nacional se enfrenta en términos políticos al movimiento social del país. El desenlace está por verse en las próximas semanas y meses.

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Federico Picado


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