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La infraestructura militar estadounidense se distingue
por la constante búsqueda de adelantos científicos cuya primera aplicación sea,
justamente, en la concepción y diseño de armas. El Pentágono no escatima
esfuerzos económicos ni recursos políticos con tal de que los científicos e
ingenieros de su país contribuyan en algo para engrandecer la maquinaria de
matar de la que tanto se enorgullece aquél. Presumen los halcones del Pentágono
de poseer armamentos y ejércitos que superan en ¡diez veces a todas las fuerzas
militares del mundo reunidas! Claro, con un presupuesto militar cercano a los
600.000 millones de dólares anuales (un 85% del PIB mexicano), destinados tanto
para investigación científica militar, compra de armamentos, sostenimiento de
los soldados y mandos superiores, puede jactarse ese “instituto armado” de
poseer tanto poder. Por ejemplo, a través de la agencia DARPA (Agencia para
proyectos de investigación avanzada para la defensa), que es nada menos que una
promotora de tecnologías de la muerte, destina más de 2000 millones de dólares
anualmente para “fomentar la creatividad” de compañías y científicos que diseñen
armas o dispositivos que contribuyan a destruir y matar más eficientemente. Un
caso lo tenemos en el campo de la robótica, para el cual cada año hay un
“concurso” (exclusivo de “científicos” de Estados Unidos) para promover la
invención de un vehículo robot autónomo terrestre, que sea capaz de
autodirigirse bajo cualquier condición, terreno o clima, que pueda transportar
armas y que cuente con gran letalidad, es decir, pueda matar a muchos soldados
enemigos. La DARPA “justifica” el proyecto diciendo que así habría menos bajas
de soldados estadounidenses o que las labores de espionaje serían más
“sencillas”, tal y como sucede con los aviones robots, los Predators, que ya se
emplean en la frontera México-EEUU, para detectar “peligrosos indocumentados
mexicanos”. El “premio” era de un millón de dólares, el cual luego se elevó a 2
millones de dólares, los cuales, por fin, gracias al ingenio de un ingeniero
alemán, naturalizado estadounidense, Sebastian Thrun, quien patrocinado nada
menos que por la automotriz VW, la que le dio tres vehículos Touareg (quizá
también para hacerles publicidad y mostrar lo rudos que son), junto con su
equipo técnico, ganó finalmente el concurso con un vehículo que “convenció” a
los halcones del Pentágono que podría ser el próximo Predator terrestre. Ya
podemos imaginarnos en un futuro a los ilegales en la frontera estadounidense
“cazados” por esos vehículos robots y asesinados sin miramientos al primer
movimiento sospechoso que aquéllos hicieran, detectado por los ultrasensibles
detectores de esas máquinas asesinas.
Otro “creativo concurso” -y esto pareciera más de ciencia ficción que de
realidad- es el que promueve la invención de un “exotraje”, una especie de
armadura robotizada que puedan emplear los “soldados del futuro”, para
convertirse en una suerte de indestructibles “gladiadores militares”, que
soporten pesadas cargas, disparos y hasta bombazos. Por fortuna, hasta ahora,
ningún “científico” ha ganado en la categoría de “exoesqueletos militares”.
Otro de los “ingenios militares” debido a la DARPA es el “radarscopio”, un
aparato de pequeño tamaño, que funciona a base de económicas pilas “AA”, pero
capaz de detectar hasta el más leve movimiento de un hombre, como su
respiración, que esté escondido tras muros de concreto o tabique de hasta 30
centímetros de espesor. Y se espera emplearlo, nada menos que en Irak, en donde
los “peligrosos terroristas” pueden acechar tras las paredes de la infinidad de
ruinosos edificios que ha dejado la invasión militar anglo-estadounidense,
aparte del caos, la violencia y la miseria en esa ultrajada nación.
También la DARPA está incentivando ramas médicas como la biotecnología para (no
es broma), buscar medios que permitan la regeneración de miembros mutilados de
los soldados durante las batallas, así como pueden hacer naturalmente las
salamandras. Los directivos de DARPA sueñan con el día en que los hombres
heridos, en lugar de ir al hospital, tomen una “pastillita” que les regenere,
ipso facto, un, digamos, pie destrozado por mortero, un brazo arrancado por una
bomba y así… Estiman que el “ahorro” en el gasto en atención a los heridos sería
enorme (hasta con eso, la atención médica, se buscan optimizar recursos), más
del 90% de lo que se eroga actualmente por hospitalización y medicamentos. Y a
propósito de este campo, el de la “medicina”, también, otra institución, el
Instituto de Patología de la Fuerzas Armadas, está experimentando con el virus
de la influenza, y uno de sus “éticos científicos”, el señor Jeffery
Taubenberger, felizmente logró aislar la más letal de sus cepas, la que asoló al
mundo en 1918 y que mató a 40 millones de personas, con la que puedan, por
supuesto, fabricarse mortales armas biológicas.
Todo, hasta el chillido de un bebé, convenientemente digitalizado y aumentado,
puede matar. Es el ruido empleado en otro de los “grandes” proyectos auspiciados
por DARPA, en las llamadas “balas sónicas”, ingenios capaces de, al menos,
inmovilizar al soldado enemigo a quien se le “disparen” estos proyectiles de
lloriqueos de bebés remasterizados, pues le provocarían el equivalente a una
intensa migraña que le haría “perder la cabeza” de dolor.
Y también para el centro del “entretenimiento mundial” tiene presupuesto el
Pentágono a través de la DARPA. Hay un proyecto conjunto, nada menos que con la
meca del cine, Hollywood -participan nombres tales como Paramount, Disney,
Industrial Light & Magic, pues ahora hasta los grandes estudios le están
entrando al lucrativo negocio de la muerte-, y los softweristas de Silicon
Valley -en este caso, se trata de compañías tales como Pixar, Intel, Pandemic
studios, que también están ganando buenos millones de dólares-, coordinados por
el Departamento de defensa, que dio a luz un eficaz “cuarto de guerra”, singular
ingenio que combina pantallas gigantes, videojuegos y realidad virtual para
“entrenar” a los futuros soldados en forma más efectiva y, lo mejor de todo,
barata. Bajo el nombre de Instituto de Tecnologías Creativas (vaya nombre tan
irónico, como si matar fuera creativo), el “cuarto de guerra” puede reproducir,
al decir de sus creadores, situaciones tan realistas, como si los soldados
entrenándose estuvieran, por ejemplo, en Irak, reproduciendo a enemigos
virtuales que incluso hablaran en su lengua nativa. La “creativa” experiencia se
realiza a bordo de un vehículo militar Humvee auténtico, al que se le han
colocado sensores y dispositivos de todo tipo, de tal manera que se recree tanto
la sensación de estar recorriendo tierras enemigas, como, si es el caso, el que
los soldados entrenados cometan un error y sean “destruidos” virtualmente por un
misil enemigo. Además, se ahorra mucho dinero. Por ejemplo, para capacitar a
13.500 hombres en campos reales de entrenamiento militar sólo durante tres
semanas, se requieren 250 millones de dólares. En cambio, en los cinco años que
lleva funcionando este “creativo” entrenador militar virtual, se han
“capacitado” más o menos a igual número de hombres y “sólo” se han gastado 45
millones de dólares, un “gran” ahorro, al decir de sus creadores y
coordinadores.
Y quizá porque la “guerra virtual” no resulta tan realista, tanto en los
peligros in situ que acechan a los soldados, como en los muertos verdaderos, el
Pentágono se decidió a crear lo que yo llamaría un parque de diversiones bélico,
con sets que reproducen poblados árabes, con habitantes y todo, para que el
entrenamiento de sus mariners sea lo más cercano posible a lo que se encontraran
en la siguiente invasión a algún otro país árabe, aparte de Afganistán e Irak,
por supuesto.
En el Joint Readiness Training Center (Centro de entrenamiento para el
alistamiento conjunto) que forma parte del fuerte militar Polk (Fort Polk),
ubicado en los bosques del estado de Louisiana, allí, en una superficie de
alrededor de 40.000 hectáreas está, digamos que “perfectamente” simulado, el
Medio Oriente, como dije, con detalles tales como casas, escuelas, mezquitas,
plazas, hospitales... ¡hasta árabes reales han contratado con tal de darle el
mayor realismo posible al lugar. Pueden “simularse” explosiones de edificios de
todo tipo (sí, porque durante la guerra las llamadas bombas “inteligentes” se
equivocaban, destruyendo a hospitales en lugar de a bunkers militares),
gasolineras, “autos bomba”, “humo”... incluso hay “heridos y muertos”, además de
que los “paramédicos” pueden implementar “primeros auxilios” en maniquíes de
¡70.000 dólares!, los cuales, merced a su altísimo costo (no podía ser menos,
pues), pueden “sangrar”, “respirar”, “pestañear” e, incluso, esos humanoides
ingenios pueden “reproducir” cinco tipos distintos de gruñidos intestinales, así
como los que han de sufrir los heridos provocados por la violencia existente en
Irak, tanto por los ataques militares invasores, como por los atentados
suicidas, cortesía de la invasión anglo-estadounidense.
Todos los años ese “parque bélico” es un sito obligado al que asisten 44.000
soldados del ejército y de la Guardia Nacional que serán enviados nada menos que
a Afganistán y a Irak. Y allí, un total de 1.200 “civiles árabes”, entre imanes,
periodistas, autoridades “iraquíes”, trabajadores humanitarios y “ordinarios
civiles” -éstos, por supuesto, mezcla de chiítas, sunitas y kurdos, tal como
sucede en el invadido Irak- constituyen la “masa árabe” entre la que los
soldados que entrenen deben desenvolverse o, incluso, matar si fuera necesario,
con tal de que dicho entrenamiento se “aproxime” lo más posible a las
condiciones iraquíes. Por supuesto que lo de “matar”, eso sí, es de a
“mentiritas”. Los “tiroteos” se hacen mediante rifles o metralletas modificados
que funcionan a base de emisiones láser que le “atinan” a unos “detectores de
disparos” que todos, “amigos y enemigos”, llevan en sus chalecos, identificados
con un número, el del portador, los cuales indican que a alguien ya lo “mataron”
y queda fuera de acción. Esos teatrales “ejercicios bélicos” supuestamente
indicarán cuál fue la falla cometida o los errores estratégicos para corregir
tales faltas. Los “enemigos árabes y terroristas”, en parte son protagonizados
por soldados del batallón 509 de la infantería aérea, pero muchos de ellos están
personificados por verdaderos iraquíes, a quienes se les da “trabajo” como
“extras”. Aquí sorprende la volubilidad estadounidense, pues por un lado, se ha
estigmatizado a todo aquél que parezca árabe, a quien inmediatamente se le
coloca la etiqueta de “terrorista”, pero en el caso de los árabes contratados,
entre más parezcan justamente eso, terroristas, más posibilidades tienen de que
los contraten, aunque con ello lo único que logren, además de su salario, sea
una acentuación de la negativa opinión que contra ellos se tiene. Estas personas
perciben $220 dólares por día trabajado, que para muchos es “buen sueldo”, mejor
que emplearse en una cadena de comida barata, en donde cuando mucho ganarían
unos ochenta dólares. Los que laboran como “terroristas árabes”, encabezados por
los mencionados soldados del 509 batallón, deben “planear” ataques y emboscadas
a los soldados entrenándose, todo ello en completa libertad, para darle más
verosimilitud a todo el teatro bélico. Claro que todo este muy buen negocio de
contratar “actores” y coordinar las “guerritas” cuesta dinero y bastante: más o
menos 3 millones de dólares semanales. La empresa que se encarga de todo eso,
llamada Cubic, establecida en San Diego, contrata a los “actores” y proporciona
los equipos electrónicos que, como dije, señalarán quién se murió y cuál fue su
error. Esta empresa, por cierto, proporciona servicios similares a países ¡nada
menos que como Brasil, Croacia! y, por supuesto, Gran Bretaña, aliado natural en
el aventurerismo bélico de los EEUU. ¿Será acaso que pretendan ser los nuevos
cruzados, quienes junto con los EEUU, estén dispuestos a enfrentar una nueva
amenaza islámica?
Según el Pentágono ha sido “tan buena la simulación” que ya están haciendo más
“arabialandias” en California, en Fort Irwin. Incluso el cuerpo de mariners está
haciéndose su propio “parque bélico” en el sur de California.
Sí, es vital ese tipo de entrenamientos “realistas”, pues según declara un
funcionario militar, Russell Glenn, “nuestros soldados no sólo van a derrotar a
un ejército, sino que van a ocupar una tierra extraña, lo cual requiere de
nuevas habilidades, tales como mantener bloqueado un camino, sin matar a nadie,
o ingeniárselas para saber en quién confiar en caso de existir batallas locales
en el sitio invadido. Sí, nunca vamos a ganar matando a todos los insurgentes,
tenemos que ganarnos la confianza de la población invadida”. Pues vaya cínica
declaración ésta, la de que EEUU seguirá invadiendo países, cueste lo que
cueste. Claro, lo de derrotar a los ejércitos de los países árabes invadidos,
parecería lo más fácil (aunque habría que ver si eso sería tan fácil al invadir,
por ejemplo, Irán, cuyo ejército, al parecer, está mejor entrenado que el que en
su momento poseyó Saddam Hussein), sin embargo, la invasión, propiamente dicha,
si va a ser como la iraquí, en donde están peor las cosas que cuando Hussein
gobernaba... Bueno, quizá por eso desean de “todo corazón” los halcones del
Pentágono que “Arabialandia” funcione con tal de que sus soldados se “ganen” a
los pobladores árabes invadidos. Pero esta peregrina expectativa resulta absurda
de considerarse, pues por el hecho mismo, por ejemplo, de la violencia iraquí,
con atentados casi todos los días, no parece previsible entonces, como así lo
es, que los iraquíes vean con buenos ojos a los soldados invasores, causantes,
justamente, de la fatal violencia, que sólo en el presente año ¡ha ocasionado
más de 14.000 muertos civiles (según el primer ministro iraquí Maliki, un
promedio de 100 muertos civiles se producen diariamente, además de que 30.359
familias, unas 182.000 personas, han abandonado sus hogares a causa de la
violencia sectaria y la intimidación), sobre todo por los atentados suicidas! Lo
que sí resulta bastante claro es que aunque sigan matando a todos los
insurgentes iraquíes (dudo que los maten a todos pues si la mayor parte de la
población está en contra de la invasión anglo-estadounidense, entonces todos
pueden considerarse insurgentes, aunque sea ideológicamente), no ganarán la
guerra. Así sucedió, para desgracia de EEUU, en Vietnam, en donde incluso a
pesar de los infames ataques con agentes químicos como el NAPALM, gas
adormecedor y el fósforo blanco, y los millones de dólares en soldados y
armamento convencional, su ejército no pudo derrotar al Vietcong, la facción
comunista perteneciente a Vietnam del norte que combatió a Vietnam del sur,
aliado justamente de EEUU. De hecho, podríamos decir que Irak se está
vietnamizando, o sea, se está produciendo una escalada de anárquica, aleatoria
violencia que ni las mismas fuerzas invasoras pueden ya controlar. Y es que está
resultando tan complicada y costosa la invasión (más de $305.000 millones de
dólares), además de soldados muertos (más de 2.700 desde que comenzó la
invasión, además de 19.000 heridos), que si no se halla una pronta “solución”,
Irak corre el riesgo de desaparecer como nación y ser sustituido por estructuras
territoriales étnicas que serían más difíciles de controlar para los intereses
estadounidenses (su petróleo, sobre todo) que lo que ahora tan endeblemente
existe. Erróneamente se creyó que muerto Abu Musab Zarq, supuesto líder de Al
Qaeda en ese país, terminaría con los atentados terroristas, pero éstos han
seguido digamos que al mismo ritmo: Por eso, como dije, por esa inaplazable
“urgencia” de arreglar el polvorín humano en que Irak se ha convertido después
de la invasión, quizá sea que los halcones del Pentágono finquen todas sus
esperanzas en “Arabialandia”.
Bueno y todo lo descrito se supervisa por el así llamado Centro Operativo
Conjunto (Joint Operating Center, JOC), conocido como la Caja, pues se trata de
un edificio sin ventanas, en los mismos terrenos propiedad de Fort Polk, en
donde 24 horas al día, todo el año, un total de 200 empleados militares vigilan
que el teatro bélico se lleve acorde con lo estipulado, es decir, que los árabes
simulados planeen muy bien sus “ataques terroristas” y los soldados que se están
entrenando respondan adecuadamente a las amenazas que se les pongan enfrente. Y
para tener una aproximada idea de que las condiciones enfrentadas sean las que
verdaderamente los soldados van a encontrarse en Irak, sobre todo, la mencionada
empresa Cubic “monitorea” todo el tiempo qué está sucediendo en ese desgarrado
país, o sea, cuál es el curso de la violencia allá. ¡Vaya, en lugar de que los
EEUU destinaran dinero para analizar cómo mitigar la violencia, simplemente, de
cínica manera, la mencionada empresa, únicamente se limita a revisar los diarios
atentados que hay, el número de muertos y heridos que dejan, en qué sitios se
producen más diariamente, de qué tipo fueron... y así, para que “Arabialandia”
se asemeje lo mejor posible al verdadero infierno que es actualmente Irak. Y una
vez que se cuenta con la información más apegada a la violencia existente, los
empleados de Cubic (esto sí me parece deleznable) simulan las dramáticas,
terribles consecuencias que dejan los atentados, incluso maquillando
grotescamente a viejos veteranos de la guerra de Vietnam, a los que les faltan
brazos o piernas, para darle más realismo al entrenamiento. Muy seguramente ese
nivel de exageración, más que por un efecto humanitario, debe de llevarse a cabo
para medir qué tantas agallas han de tener los futuros soldados, enfrentados a
situaciones tan extremas, en donde, ante todo, la disciplina militar es lo que
seguirá contando, no su compasión o sensibilidad ante la tragedia. De otra
manera, no podría explicarse por qué sus jefes militares requieran de tanto
morboso realismo al maquillar horriblemente a gente sin miembros, y “destruir”
casas y edificios con auténticas detonaciones de autos-bomba, realizadas por
expertos en efectos especiales (imaginemos, pues, que se está filmando una
bélica película todos los días en ese sitio). A fin de cuentas ese “jueguito”
tiene que ver con no dejarse matar, que es la principal instrucción a los
soldados entrenándose. “Ustedes sólo figúrense cómo llegar del punto A, al punto
B, sin que los maten”, es el mandato en general... y ello, claro, recurriendo a
todos los medios a su alcance, uno de los cuales es asesinar sin miramientos a
quien se les cruce en su camino (como “soldados profesionales” en lugares como
Basora, por ejemplo, de sacar de sus casas a civiles inocentes para golpearlos y
asesinarlos). En fin, que en ese parque bélico, a mayor realismo, mayor acción.
Y habrá que pensar también en si los auténticos árabes que son contratados, por
actuar tan realistamente, no desarrollen una actitud auténticamente hostil hacia
el “enemigo” o quizás sean espías, haciéndose pasar como actores, que después
puedan revelar a sus contrapartes el tipo de tácticas empleadas por los soldados
estadounidenses para combatir a los insurgentes.
Y, claro, no todo es tan perfecto, pues la cuestión de que los soldados entren
en contacto con la población, es algo que, allí sí, no se ha logrado, pues
mientras en el parque bélico la relación de supuestos insurgentes a la población
es de 1 a 5, en Irak es de 1 a 10.000, más o menos, así que si los soldados que
entrenan se van considerando que un quinto de los pobladores son insurgentes,
como aprenden en Arabialandia, bueno, quizá por eso desarrollen siempre la
brutal relación de disparar por parejo a todo mundo allá, pues mejor prevenir
que lamentar.
De todos modos, ahora que los israelitas están matando a diario libaneses y
destruyendo su país (más de 1100 muertos y más de $2200 millones de Euros en
daños hasta ahora. Es posible que los frustrados ataques que Scotland Yard
descubrió por estos días, los cuales intentaron operarse en aviones saliendo y
llegando al aeropuerto londinense de Heathrow, Inglaterra, que iban a perpetrar
supuestos miembros de Al Qaeda, sean una reacción a la injustificada, criminal
violencia judía en contra de los libaneses), con tanta saña y eficacia, como
siempre lo han hecho con los palestinos, probablemente ellos puedan entrenar
mejor a los soldados estadounidenses que los parques bélicos, en eso de combatir
y matar árabes.
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