inSurGente.- Stephen Smith, un reportero con más de
treinta años en África analiza, en una entrevista realizada por la agencia
Colpisa, la realidad africana. El periodista de Le Monde acaba de publicar en
España “Negrología. Por qué África muere” (Debate), en el que se rebela
críticamente contra el “suicidio asistido” de un continente cuyo “presente no
tiene futuro”. Su lectura nos traslada directamente a la realidad de un
continente con el que tenemos muchas deudas, una de ellas, la de la
información .
Agencias/inSurGente.-
--¿Cómo se
suicida África?
--La desesperación puede tomar la
apariencia de una violencia alegre pero destructiva. El conflicto de Liberia,
poco después de la caída del muro de Berlín, parecía un carnaval sanguinario. Un
pueblo descargaba su potencial violento contra sí mismo. Y de ahí surgió el
término suicidio, que es también un grito de ayuda, una forma desesperada de
atraer la atención mundial. África se siente tan impotente, que, como último
recurso para captar esa atención, opta por levantar la mano contra sí misma.
--¿No es otra forma de suicidio la fuga de
cerebros?
--La fuga de cerebros es un lastre para el
desarrollo en el que todos los implicados son responsables. El individuo, porque
antepone las oportunidades del mundo rico a los vínculos sentimentales con su
país, que no sólo es pobre económicamente, sino también en condiciones laborales
y entusiasmo por el futuro; en su lugar, yo también lo haría. Los países
occidentales, por su egoísta contradicción: mandan mucha ayuda económica a esos
países a la vez que les roban ese potencial de vida. Y los gobernantes
africanos, porque permiten que emigre su ‘mejor gente’, a la que ven como una
especie de amenaza porque podría cuestionar sus medidas.
--¿Quién tiene la culpa del fracaso de la ayuda al
desarrollo?
--La ayuda es poca en comparación con nuestra
riqueza, pero mucha respecto a la situación de África. El dinero no se convierte
automáticamente en desarrollo, pero para nosotros es más fácil dar un poco más
que afrontar el reto de que el desarrollo sólo es posible si se involucra el
pueblo africano. Durante la Guerra Fría había una especie de renta geopolítica,
y ahora es como una limosna, les pagamos por participar en este ‘juego del
desarrollo’.
--Además, la ayuda es interesada.
--La ayuda al desarrollo tiene muchas veces intereses
espurios. Pero es exagerado decir que se hace para subvencionar la propia
economía, porque el mercado de África es muy marginal, apenas el 1,6% del
comercio internacional. No se pueden resolver los problemas de la economía
española o francesa con esas cifras. La ayuda tiene que ver más con la política
que con la economía, para que la opinión pública no se sienta mal al ver el
sufrimiento de los africanos en sus televisores.
--¿Y cómo
se ve África a sí misma?
--Aunque parezca una paradoja, los
únicos africanos que miran a África son los emigrantes que viven con nosotros,
porque son los que, mirando atrás, ven la situación global. Pero no quieren
reconocer el estado tan malo en el que se encuentra el continente (entonces
serían ‘traidores’ por haberse ido) y dicen que distorsionamos la realidad. En
cambio, allí la gente reconoce abiertamente que tiene muchos problemas.
--¿Es imprescindible una autocrítica africana para resolver
la crisis?
--Absolutamente. Pero hace falta un cambio
radical al analizar los factores internos y externos que contribuyen a la
miseria del continente. Si los africanos ejercieran esa autocrítica, también nos
criticarían mucho a nosotros. Sus gobernantes venden al pueblo la idea de que
todos los problemas vienen de fuera, y los occidentales la de que estamos
donando mucho dinero a África, pero, debido a su atraso histórico, no consigue
salir adelante. En ambos casos, los gobernantes se salen con la suya con una
explicación fácil de la situación.
--¿Para esconder sus
responsabilidades?
--El día que los africanos se presenten
en nuestra puerta con sus auténticos problemas, vamos a tener que darles
respuestas de verdad, y no solamente dinero. Por ejemplo, las subvenciones
agrícolas en los países de la OCDE suman 350.000 millones de dólares al año, que
equivalen a la ayuda al desarrollo del África subsahariana en los últimos 45
años. Una vaca europea recibe el triple de ayuda que una persona africana.
--¿Puede sobrevivir África sin ayuda: cómo habría que
enfocarla?
--No se trata de ayudar o no. Creo en una ayuda
‘condicionada’ más que de simple generosidad. Hay que alejarse de un enfoque
humanitario bienintencionado y ser muy políticos, entablar con los africanos una
relación ‘de negocios’. Aunque suene simplista, es cierto: no se puede seguir
enviando dinero para el desarrollo y permitir que los líderes africanos lo
ingresen en nuestros bancos, pero en su propia cuenta corriente. Eso sólo indica
que no nos importa nada.
--Sería un círculo vicioso: si no
llega al ciudadano, no puede haber progreso colectivo, ni atractivos para que
regresen quienes se han ido.
--Los mejores huyen. Y no sólo
porque deseen vivir en países ricos. Lo que quieren es estar seguros de que, si
hacen un esfuerzo por progresar, tendrán su recompensa. La gente que saltaba las
vallas en Ceuta y Melilla no era toda de países con graves conflictos como
Sierra Leona, Somalia o la República Democrática del Congo; en muchos casos eran
de países en paz como Camerún o Nigeria. Si creamos condiciones para que sus
esfuerzos sean fructíferos, se quedarán y construirán una nueva realidad en sus
países.
--Los emigrantes que progresan en el mundo rico
demuestran que hay gente preparada.
--Es el mejor argumento
contra el racismo. Insertemos en un contexto europeo a un africano preparado, y
será tan competente como sus conciudadanos. --¿Podrá África
recuperar la confianza en sí misma?
--Frente al círculo
vicioso, se podría implantar un ciclo virtuoso. África padece enormes problemas
estructurales, y no creo que haya un ‘día D’ en el que todo cambie y tome las
riendas de su destino para resolver sus problemas en una generación. No va a
ocurrir eso. Pero también se decía hace unos años que no había esperanza para el
sudeste de Asia, y aunque China o la India siguen sin ser el paraíso, están
mucho mejor que gran parte de África. No hay que exagerar la desesperanza. Si la
gente empieza a sentir que merece la pena quedarse y construir su país, puede
haber una espiral ascendente y no este torbellino que lo destruye todo.
--La esperanza es lo último que se pierde.
-- En tanto en cuanto los africanos no confíen en su propio futuro,
no lo tendrán. En Asia, incluso la corrupción es a veces productiva: roban, pero
vuelven a introducir el dinero en el sistema económico. En África roban y lo
colocan en una cuenta en Suiza o compran edificios en Francia. Algo tiene que
cambiar, y creo que puede hacerlo.
--Con las cosas
‘políticamente incorrectas’ que ha escrito sobre África, habrá encontrado más
enemigos que amigos.
--Pero no en África. Hay reacciones
hostiles de los exiliados, porque está en juego su identidad como africanos y
esa verdad les incomoda. En África, en cambio, he tenido debates muy
fructíferos. Llevo 30 años allí, así que la gente no me puede decir que soy
racista o que estoy en su contra.
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Stephen Smith
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