Petro y Chávez

Es una verdad de perogrullo que la suerte definitiva de la Revolución Bolivariana y, por ende, del proceso de cambios soberanistas, independentistas y de Justicia social que en estos tiempos se viveN en América Latina y el Caribe, y que tanto tiene preocupados al capital internacional y al complejo militar industrial de los Estados Unidos, tiene una estrecha relación con la evolución pacífica y democrática del proceso político colombiano, por lo que, cualquier acontecimiento político relevante que surja en Colombia o en relación con ella, tiene un efecto en la región, de allí el extremo cuidado con que los asuntos de Colombia se tratan en la región, sean estos las negociaciones de Paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, FARC-EP y el Ejército de Liberación Nacional, ELN, el rearme estratégico pos-conflicto de las Fuerzas Militares colombianas, el impulso a la divisionista y neoliberal Alianza del Pacifico, la conexión con el militarismo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, y por supuesto, la decisión del Procurador General de Colombia, Alejandro Ordoñez, de destituir e inhabilitar – vía administrativa - por quince (15) años, para cargos públicos, a una de las figuras más emblemáticas y relevantes de la alternativa democrática y pacífica de Colombia, como lo es, el economista Gustavo Petro, Alcalde democráticamente electo de la ciudad de Bogotá.

Fue la sagacidad del Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana, Hugo Rafael Chávez Frías y, seguramente algunos sabios consejos de sus amigos de la región que, luego de un largo proceso de acercamiento y confrontación con la oligarquía narco-paramilitar colombiana, representada por Alvaro Uribe Vélez, alias “No. 82” (en la lista de narcotraficante de la CIA), se entendió la estrategia de tensión y desestabilización binacional promovida desde el palacio de Nariño dirigida a provocar un conflicto armado generalizada que aislara a la Venezuela Revolucionaria del resto de gobiernos democráticos de la región y favoreciera los planes golpistas de la derecha contra-revolucionaria venezolana; maniobras que condujo a imponerle a la oligarquía colombiana una forzada convivencia, mientras se creaban las condiciones internas y externas para permitiera que ir desactivando los aspectos más sensibles del conflicto social y armado interno colombiano, tales como, los prisioneros de guerras, presos políticos y retenidos por razones políticas y económicas, hasta el posible inicio de contactos entre el gobierno y la insurgencia, promovido por Comandante Alfonso antes de su caída en combate y continuada por el actual Comandante General Timochenko.

En ese marco pero al margen de ese proceso, una parte importante de la sociedad democrática colombiana, hastiada de la guerra y del proceso de crisis acelerada e irreversible de la vieja oligarquía liberal-conservadora y sus nuevos aliados de la “parapolítica”, se movían desde los espacios institucionales del Estado y del movimiento social hacia una convergencia de fuerzas que permitiera enfrentar la severa crisis económica, política, social y moral del Estado colombiano y presentar propuestas nuevas y distintas a las experiencias anteriores que recogiera todo el amplio abanico de la disidencia social y política y presentara figuras que expresaran ese viraje histórico reclamado por muchos colombianos y las colombianas; uno de los cuales, fue el economista, excombatiente del Movimiento “19 de Abril”, M19, exconstituyente de 1999, senador por el Polo Patriótico Alternativo y Alcalde Mayor de la ciudad de Bogotá, personaje democrático, de fresco y descomplejado discurso que, por el creciente entusiasmo en sectores populares y medios de la capital colombiana por su proyecto humanista y solidario en Bogota (“Bogota Humana”), , se veía como un posible factor aglutinador del arco anti-oligárquico colombiano que podría disputar, con posibilidades de éxito, la presidencia de la República colombiana en mayo de 2014 o, que por lo menos favoreciera el tránsito ordenado del pos-conflicto, tan amenazado por la derecha guerrerista.

El Chávez militar y conspirador y, el Petro insurgente que hizo de su tribuna parlamentaria la barricada contra la corrupción y las perversidades anti-democráticas de las viejas elites del Poder pero, en claro deslinde con su pasado guerrillero, fueron abriendo caminos en medio de las crisis políticas en Venezuela y Colombia, sumando esfuerzos, voluntades y apoyos que transversalizaban sus sociedades, estableciendo conexiones programáticas con sectores tradicionalmente distantes y proponiendo fórmulas innovadores de eficiencia y eficacia con sentido de Justicia Social para sus pueblos; estrategia política que hizo muy difícil para los operadores del sistema de dominación neutralizar sus ascensos, debiendo intentar captarlos para la mediatización y absorción y, cuando ya eso no fue posible, entonces se decidió producir todos los hechos dirigidos a sus derrocamientos, sea por la vía jurídico formal de la destitución “por ineficacia en el ejercicio del cargo”, en el caso de Petro o, por la vía directa del Golpe de Estado contra Chávez.

Chávez y Petro se conocieron, discutieron, convergieron y también se diferenciaron, pero ambos sintieron una gran empatía en sus ideas y propósitos que los llevó a la amistad sincera de dos luchadores de la nueva democracia latinoamericana, lo cual explica que, aun contra las presiones de la derecha colombiana, Petro fue a Caracas, sin formalidades ni protocolo de Estado, a rendirle honores al Comandante Chávez, en el momento en que el pueblo bolivariano venezolano realizaba la más emocionante muestra de lealtad y respeto al Comandante Chávez en el auditorio de su Escuela Militar, la Casa de los Caballeros de Azul.

Sin embargo, sin subestimar la capacidad política de la alianza oligárquico-imperialista, (que en apenas cinco años ha ejecutado los Golpes de Estado contra Zelaya (Honduras) y Lugo (Paraguay) y los intentos frustrados contra Correa (Ecuador) y Evo Morales (Bolivia) y ahora, contra Gustavo Petro; hay razones para pensar que el Golpe Institucional ejecutado por el miembro del Opus Dei y actual aliado del narcoparamilitar Alvaro Uribe Velez, Alejandro Ordoñez, al destituir como Alcalde de Bogotá a Gustavo Petro; lejos de hacer retroceder el proceso de encuentro y movilización democrática del pueblo colombiano, fortalecerá aún más el actual proceso de acercamiento y construcción de alianzas políticas y sociales, a la cual ya no solo habrán de integrarse las iniciales de los Verdes de Antanas Mockus y los Progresistas de Petro, sino también las del Polo Patriótico, el Partido Comunista, la Marcha Patriótica y demás grupos, partidos y personalidades democráticas, así como la disidencia social expresada en Minga Campesina, el movimiento indígena, los movimientos estudiantiles, el sindicalismo clasista y demás sectores porque todos, más allá de las diferencias y coincidencias, comprenden que el ataque a Gustavo Petro es un atentado contra las posibilidades de la evolución democrática colombiana y de que, la apertura democrática que pudiera derivarse de las negociaciones de Paz que se realizan en la Habana, Cuba, entre las FARC-EP y el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, no conducirán a la creación de una Colombia con más espacio democrático sino a perpetuar, con algunos cambios formales, al sistema de seudo-democracia subordinada a los intereses superiores de la vieja y genocida oligarquía liberal conservadora y a los intereses de sus socios imperialistas que ha desangrado, por 50 años, la vida de este hermano pueblo de Nuestra América.

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