El Estado del Vaticano y el Ataque Yugoslavo

El 26 de marzo de 1812 un terremoto sacudió a la ciudad de Caracas. “Un jueves santo lo hicieron. Un jueves santo lo pagaron” fue la frase que soltó la Iglesia Católica, en referencia al 19 de abril de 1810, también un jueves santo, Día de la Declaración de Independencia venezolana del Reino Español. Adjudicaron el suceso natural a un castigo por parte de Dios, por haberse revelado en contra de la Corona.

No es secreto para nadie, sobre todo para aquellos que nos hemos dedicado a militar por la Patria, que la Iglesia Católica como institución ha estado, repetidamente a lo largo de su historia, en contra de todo aquello que su propia doctrina profesa. Hoy en día vemos la cantidad de casos de violaciones a cualquier cantidad de derechos humanos, por parte de aquellos pertenecientes a una estructura política y económica, que sigue usando la fe, como excusa para aplicar modelos y sistemas macroeconómicos en detrimento de los pueblos del mundo.

Luego del Concilio Vaticano II, en donde se le abrió la puerta a una Iglesia más comprometida con las renovaciones eclesiásticas necesarias para la adaptación de su labor a las condiciones y métodos de nuestro tiempo, Concilio en el que, por su carácter ecuménico, permitió un desarrollo más concreto de iniciativas religiosas como la Teología de la Liberación, comenzó un proceso de radicalización de posiciones antagónicas en cuanto al papel real del Vaticano como Estado.

Al momento de la muerte de Pablo VI, en el Cónclave de 1978, las posiciones estaban bien definidas. Por un lado el sector más conservador y alejado del pueblo representado por Karol Józef Wojtyla, y el lado un poco más humanista, representado por quien resultara electo en dicha convocatoria, Albino Luciani Tancon (Juan Pablo I). Su muerte, 33 días después, sigue estando bajo estudio, pues muchos aseguran que fue asesinado debido al carácter dudoso de toda la situación.

Su sucesor, Karol Wojtyla (Juan Pablo II), marcará en la historia internacional, un antes y un después de la Iglesia Católica como actor político y económico real.

Hago una pausa en este punto, porque es necesario primero, abordar unas cuantas cuestiones de carácter social, que serán fundamentales para el desarrollo de la historia occidental de los últimos 60 años.

Si bien, la Iglesia Católica contaba en el pasado con una mayor cantidad de seguidores leales, se hace imposible obviar que hoy en día, en tiempos de liberación y revolución de nuestros pueblos, el coloniaje religioso sigue estando presente, prácticamente en cada espacio de nuestras vidas. En un trabajo magistral, en cuanto a tácticas de dominación, el Imperio Católico supo infiltrarse y dominar el imaginario colectivo de tal forma, que en la actualidad, sigue siendo la religión católica la predominante en el continente americano. No podemos negar, que aun cuando la mayoría de los pueblos están muy claros en cuanto a la separación de la Iglesia y la religión que profesan, sigue siendo la figura del sumo pontífice, una especie de autoridad moral alrededor del mundo, sobre todo en occidente. Ejemplo de esto, el hecho de que su nombramiento sigue siendo el evento más cubierto comunicacionalmente en el mundo, y sigue despertando pasiones, contrarias o a favor, a pesar de que muchos se dicen separados por completo de su simbolismo. Afirmo que sigue siendo una autoridad moral a nivel internacional, porque sabiendo que clase de personajes acostumbran a ejercer el cargo, se sigue validando su papel al ser felicitado y elevado por todos los mandatarios occidentales, desde Barack Obama hasta Raúl Castro.

Y es que ese es el arma más poderosa de la Iglesia Católica, que representando una posición de poderío político-económico, se sigue definiendo como poderío moral. Y es esta la forma más peligrosa de dominación, aquella que se involucra con lo sentimental y lo espiritual.

Nosotros, como pueblos latinoamericanos, hemos dejado de validar las religiones originarias desde lo colectivo, si no habrá que preguntarse ¿Por qué se sigue afirmando: “Yo no creo en la Iglesia, pero sí creo en Dios”? ¿Quién es Dios? ¿Qué es Dios? Una pregunta que en todos los campos tiene respuestas diferentes, quizás porque precisamente en base a nuestra subjetividad, posee significados únicos y particulares. Pero se sigue llamando Dios (terminología utilizada sólo en las religiones de origen católico-cristiano), se sigue pensando que al morir se va al “cielo”, se siguen haciendo misas cuando se pierde a un ser querido, se sigue acudiendo a la oración en momentos de desasosiego, se sigue validándolo en el discurso, se sigue validándolo, muchas veces en la práctica.

Ahora, volviendo a lo que nos toca cercanamente. Luego del nombramiento de Juan Pablo II como sumo pontífice, el Estado del Vaticano comenzó a ejecutar un rol político que pocas veces estamos conscientes del alcance que ha tenido. Declarándose completamente en contra de todos los gobiernos que batallaron con el capitalismo, defendiendo regímenes dictatoriales en los países latinoamericanos, condenando y excomulgando a aquellos miembros que difieran de esa línea autocrática de actuar en el mundo, y contribuyendo, en lo práctico, con la caída del bloque soviético. Juan Pablo II, de origen polaco, participó en la creación y apoyó la gestión del Sindicato Solidaridad en Polonia, principal organización política responsable de la separación del bloque de Europa del Este de la URSS. Sin su cortina de hierro, la caída era ya inevitable.

Sin embargo, las autoridades vaticanas siguen teniendo intervenciones internacionales que se convierten en eventos mundiales, como la visita a Cuba en 1998, o la visita papal de Ratzinger en 2012. ¿Por qué a pesar de todo lo mencionado, lo recibieron en Cuba, 2 veces? ¿Por qué se le sigue validando al papa como alguien diferente a cualquier otro mandatario a nivel mundial?

Y es que tenemos que aceptar, aun cuando hagamos las separaciones que hagamos en lo discursivo, que seguimos siendo un pueblo colonizado religiosamente, y cada vez que se valida el catolicismo como religión, se valida, indirectamente, a quien por siglos se ha considerado su vocero. Con esto, de ninguna forma, pretendo hacer juicios de valor o condenar la fe del creyente. Hago el análisis precisamente porque es imperativo considerarla como pilar fundamental de los procesos sociales.

Es necesario ver al adversario con claridad, y reconocer que como Estado aliado al neoliberalismo, tienen un poder concreto y de bastante alcance. Y que puede ser más peligroso que el ejército yanqui.

No es casual que Wojtyla haya sido electo en un punto álgido de la guerra fría, contaba con una cantidad de herramientas políticas en Europa del Este que harían lo necesario para acabar con la URSS. No es casual que en pleno punto inicial de la crisis europea, haya sido un alemán, Ratzinger, quien haya ocupado su lugar.

El Estado del Vaticano es, extraoficialmente, el Estado más rico del mundo. Con reliquias y tesoros incalculables, producto de toda la violencia desatada durante los últimos 15 siglos. Han recibido donaciones del nazismo alemán, el franquismo español, las dictaduras militares latinoamericanas, empresas privadas y grupos radicales. Y no olvidemos que todo el oro y piedras preciosas, que a punta de muerte les fue arrebatado a nuestros pueblos originarios, no ha sido aún devuelto a nuestras naciones.

Sumado a esto, en Europa, cerca del 70% del patrimonio histórico-artístico del continente pertenece a la Iglesia Católica, son inversionistas activos de empresas como Inditex (Zara), Telefónica, Banco Popular (España), General Motors, Endesa, IBM, Disney, así como diferentes bancos, aseguradoras, empresas de servicios y medios de comunicación que reportan alrededor de 12.000 millones de euros anuales en ganancias. Todo esto parte de la gestión del Instituto para las Obras de Religión (IOR) mejor conocido como el Banco del Vaticano. Además, cuentan con importantes excepciones tributarias, subvenciones a centros privados de educación de su propiedad y no pagan IVA o impuesto de sucesiones o donaciones (sólo en 2005 se reportaron ingresos de 141.169.680 euros en donaciones). Tampoco están obligados a revelar su verdadero patrimonio económico debido al carácter diocesano de su funcionamiento.

Entonces, tenemos un Estado neoliberal, con una capacidad financiera incalculable, que cuenta con un elemento único, el místico y que es actualmente el 2do mayor accionista de Pietro Beretta Ltda., que es la mayor industria armamentística del mundo.

El pasado 5 de marzo, el fallecimiento del Comandante Chávez, trajo consigo cambios en la estrategia de la derecha internacional, pues es visto como la oportunidad para acabar con una de las tantas razones de la crisis del capitalismo, la emancipación de América Latina y el Caribe. La renuncia de Ratzinger justo entre el anuncio de la recaída del Comandante y su desaparición física, se debe, principalmente, a que ya su conducción no era la necesaria. Europa ha entrado en un letargo, casi estacionario por completo, de un proceso de rebelión popular, y por los momentos, sigue siendo un territorio neoliberal, pero América Latina y el Caribe, sin Chávez, podría convertirse en el rescate perfecto. De ahí, el tan sorpresivo nombramiento de Jorge Mario Bergoglio, un miembro del Vaticano con conexiones con todos los movimientos de derecha del continente, como máxima autoridad de tan importante Estado.

El mensaje es uno sólo y está bien claro, vienen por Latinoamérica. Y no hay que ser ingenuos, pues atacaran con todo, y parte de la estrategia es la manipulación de la unidad latinoamericana y del crecimiento que hemos tenido como continente, por eso era necesario un papa latinoamericano, les da la herramienta que necesitaban, el falso sentido de pertenencia a la Patria Grande. Bergoglio, no es más que el gestor, y este movimiento estratégico es uno de tantos dentro del tablero. Es nuestra obligación empezar con una ruptura desde lo colectivo con el yugo dominante del catolicismo y con quienes, lamentablemente, han sido históricamente sus representantes. Y esto empieza, por reconocer el poder, que como enemigo, tienen.

Escuche y leí de algunos compañeros, el argumento de que no importaba eso de quien era electo sumo pontífice. Al contrario, ahora es cuando más ha de importarnos cada una de las acciones que la Iglesia como Estado tome, porque todas y cada una de ellas, estarán direccionadas a acabar con este, nuestro proyecto revolucionario. No podemos, en base a lo espiritual, menospreciarlos como actores políticos y económicos, pues para vencerlos no es astuto ni subestimarlos, ni sobrestimarlos. Tenemos que verlos como lo que son, un Estado poderoso y sumamente influyente en la política internacional.

Por mi parte, me enorgullezco de que el Comandante Chávez, nunca recibió a una autoridad del Vaticano en nuestra nación.

"En ocasión de su elección como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, me complace, en nombre del Gobierno y del pueblo cubano, hacer llegar a Su Santidad mis cordiales felicitaciones y mejores deseos para su pontificado"

Raúl Castro, Presidente de la República de Cuba

“Su selección también refleja la fortaleza y vitalidad de una región que cada vez más moldea nuestro mundo”.

Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos

(En relación al nombramiento de Francisco I)

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