La maldición de Gadafi alcanzó a la Clinton

A principios del siglo XX, cuando los arqueólogos ingleses y norteamericanos comenzaron a explorar en Egipto las pirámides y cundió la fiebre de encontrar las tumbas de los más representativos faraones de las diferentes dinastías de la magnífica cultura egipcia, de inmediato se activaron las más antiguas leyendas y creencias de los pueblos árabes donde mortales maldiciones alcanzarían a todos aquellos que profanaron las sagradas tumbas.

Las maldiciones, leyendas o no, alcanzaron a muchos de aquellos profanadores que fueron muriendo por diferentes circunstancias y cuyas muertes las atribuían a la maldición de los faraones cuyas tumbas, reliquias, momias ricamente enjaezadas de joyas, finas ropas, y todo el cúmulo de riquezas que eran enterradas con el faraón, las sustraían y robaban los honorables y reputados arqueólogos y aventureros de rancia mentalidad colonial, que hacían de aquellos descubrimientos un pingüe negocio, vendiendo aquellas invalorables riquezas de antiquísimas culturas a museos inescrupulosos que las exhibían como propias del país o a coleccionistas privados.

El despojo y robo de riquezas culturales de la totalidad de los países árabes, asiáticos, africanos y latinoamericanos ha sido un lugar común a lo largo de todo el siglo XX. No pocos litigios y reclamaciones internacionales se han producido por esa causa. Venezuela tiene un reclamo por el robo de la mágica piedra Cueca sustraída por un aventurero alemán que se la robó años de las riberas del río Orinoco y que forma parte esencial de las creencias y sincretismo de las etnias pemonas y maquiritares, y quienes se llevaron la mítica y simbólica piedra, se niega a devolverla.

Pero volviendo a lo de las maldiciones de los faraones egipcios, no podemos evitar especular un poco sobre lo que le acontece a la señora Hilary Clinton de que le fue detectado un tumor en el cerebro, un gravísimo mal precisamente a aquella cruel y dura dama que celebró con risotadas y burlas por la TVe, el vil asesinato del insigne líder libio Moammar Gaddafi, orden de muerte que Obama, ella y el entonces presidente francés Sarkozy, habían dado a los grupos de mercenarios en Libia.

Libia fue destruida, fracturada; las enormes conquistas sociales y el bienestar que el gobierno popular de la Jamairiya y la conducción de Gaddafi habían alcanzado, fueron destruidas y el país fracturado, dividido por ese antro de criminales y terroristas que es la OTAN y su mentor mayor, el gobierno fascista de los Estados Unidos del Norte y los mercenarios de Arabia Saudita, Qtar, Irak, Turquía, Inglaterra, Francia. El pueblo heroico deberá hacer un supremo esfuerzo para reconstruir la atomizada nación y los agresores imperiales pagarán con creces aquel horrendo crimen y genocidio, ese naciocidio –al decir del gran mexicano Benito Juárez– que no tiene justificación de ninguna índole.

Gaddafi y su pueblo lanzaron la maldición de los faraones, la Clinton es la primera gran baja y el pueblo libio lo celebró.

([email protected]) (Con Chávez, Maduro y la revolución, todo)

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