China occidentalizada: ¿buen o mal augurio?

En los últimos cinco años China surge imponente en la esfera internacional desplazando a las grandes potencias: Estados Unidos, Europa y Japón (potencias por décadas) en el momento que imponían sus mercados a diestra y a siniestra, sin la oposición de los gobiernos y los ciudadanos o los débiles bloques contrahegemónicos.

Como países centrales Estados Unidos y compañía gobernaban la periferia a su antojo, imponiendo las leyes del neoliberalismo y aprovechando sus ventajas competitivas y comparativas frente a las desventajas de los países y pueblos mayoritariamente del sur de la tierra. Todo era una fiesta mientras los pueblos se empobrecían cada vez más y las clases medias fueron mermando, tal como sucedió en Latinoamérica en las décadas del 80 y 90. Al deprimir nuestras economías y bajo sus aspiraciones de expansión de mercados y apropiación de recursos desde hace más de 20 años vienen sometiendo a los países del medio oriente proveedores del petróleo (el plato mas apetecido de las trasnacionales de estos países) hasta encontrar su rendición para convertirlos en amigos y aliados del imperio norteamericano.

Para entonces China trabajaba silenciosamente en su advenimiento que hoy la posiciona como primera potencia mundial manufacturera y financista de la deuda norteamericana y europea de grandes magnitudes, haciendo visible y evidente que el poder político (¿nueva ideología?) y económico (capital y tecnología) mundial ha cambiado de dirección y se mudo a China. Ya lo decía los oráculos de la globalización: “el capital no tienen fronteras” y se ha cumplido fehacientemente esa profecía económica.

Esta mudanza desestabiliza principalmente las economías de los Estados Unidos y de Europa, quienes han dominado la "política internacional” aplicada a occidente y a oriente medio siempre a su favor, después de la segunda guerra mundial. Desestabilización que ha creado una crisis pero también una política guerrerista y armamentista nunca vista que compromete los propios principios que ellos mismos han hecho prevalecer y no cumplen. Y donde la participación de China en el escenario internacional se proyecta como actor para un nuevo equilibrio del poder mundial pero resulta una esperanza para aquellos países sometidos bajo el imperio del norte y sus trasnacionales.

Lo más impresionante de este resurgir de la nación asiática es que no le dio tiempo a los Estados Unidos de afectar a China a través de las agencia y producciones cinematográficas y crearle una imagen "terrorista" como lo hace con sus (tentativos) enemigos asignándoles siempre el papel de malo del mundo. Por más que usaron el tema de los derechos humanos y el “Tibet” no lograron dominar para mantener en vilo a los países del sur, quienes ahora vienen haciendo alianzas con Pekin desde una política internacional distinta a la que nos ha acostumbrado los presidentes republicanos y demócratas estadounidenses y sus trasnacionales depredadoras.

La sorpresa es que China utilizó la concepción capitalista del trabajo en el marco de un socialismo con características chinas. ¿Nueva ideología? o la occidentalización de China. Pareciera que China aprendió de esta parte del mundo, pero el mundo poco ha aprendido o desconoce a China. Su cultura desarrollada desde el comunismo, su identidad milenaria, su ética social donde el bien común y el trabajo colectivo forman parte de sus principios fundamentales, que la hace fuerte frente a la cultura que produjo occidente en el siglo XX. No obstante, observo desde hace tiempo como el pueblo chino, sobre todo de las grandes ciudades, viene occidentalizándose en su forma de vestir, en sus estilos de vida de consumismo, en los problemas que trae el capitalismo: los abismos entre pobres y ricos. Tengo entendido que lo “occidental” estuvo vetado y prohibido desde la revolución cultural allá en los años 70 pero con el nuevo status económico se evidencia una ruptura del pasado y una apertura a lo que conocemos como el mundo occidental con lo bueno y malo que esto supone y repercute en el mundo, por las demandas de recursos, por la producción de una cultura consumista y por lo que la madre tierra estará obligada a producir más para responder a nuevas necesidades, intereses y expectativas “occidentales”.

Despertó el Dragón pero antes de hacerlo la modernidad logró penetrar sus murallas y ha impregnado su comunismo con grandes dosis de capitalismo. Los que estamos en el Sur sabemos lo que esto puede comportar a futuro y debemos cuestionar aquello que deshumanice al ser humano en la búsqueda expresa de la materialidad y a la madre tierra pero también apostamos a que prevalezca lo mejor de esa cultura milenaria de un pueblo que aprendió de la vida campesina y del cultivo del arroz para fraguarse como sociedad humana con 1.343.239.923 habitantes.

Bienvenida China comparta con el mundo tu identidad originaria que los pueblos del Sur también estaremos dispuestos a compartir las nuestras para el enriquecimiento intercultural de los pueblos. Pero estemos alertas de no dejar que el capitalismo ahogue lo que le ha costado a pasadas generaciones crear para los siglos venideros.

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