Las FARC bajo la lupa

La Fiscalía General de Colombia presume que la guerrilla tiene ingresos que superan los 1100 millones de dólares productos del narcotráfico invertidos en Noruega, España, Ecuador, Venezuela, Panamá, Islandia, Suecia, Bolivia, Dinamarca, Colombia, Honduras, Costa Rica, México, Finlandia, Islandia y otros paises equivalentes al 70% de la fortuna de las FARC.

Sin lugar a dudas esto huele a EEUU, el único país capaz de entregar semejante informe con tanta exactitud cuándo de lavado de dinero se trata sin tocar la parte estadounidense. El cálculo económico sobre los 1.117 millones de dólares, supuestamente, servirá para las indemnizaciones de victimas, sin embargo, todos sabemos que eso ayuda a presionar las negociaciones mezclándolas con las extradiciones por narcotráfico, secuestro, terrorismo, lavado de dinero y asociación ilícita con peligro para la seguridad nacional de EEUU, acusaciones que pesan sobre los miembros de la cúpula de la guerrilla. Es imposible que Washington no esté presente en esas negociaciones.

El gobierno colombiano ha efectuado un barrido por los juzgados de Villavicencio, Popayán, Neiva, Pasto, Florencia, Bogotá, Cali, en donde se encontró que Luciano Marín Arango o Iván Márquez, resulta ser es el más premiado con 66 medidas de aseguramiento, 132 órdenes de captura y 28 condenas, esto por ser el número dos de las FARC y miembro por parte de la guerrilla para los diálogos de paz.

Juvenal Ovidio Palmera o Simón Trinidad preso y condenado a 60 años en los EEUU, por el secuestro de tres estadounidenses en el 2003 tienen 11 medidas de aseguramiento, 5 condenas y 28 órdenes de captura; con números similares se encuentran Jesús Santrich, Antonio Granda y los otros 6 miembros de las FARC a la cual la Interpol suspendió las ordenes de captura internacionales para que puedan viajar por diferentes países mientras duren los diálogos de paz con el gobierno de Colombia, pero, sin embargo, les puede caer el guante por parte de la CIA, NSA, FBI, MI6, en cualquier momento si las negociaciones se rompen por cualquiera de las partes.

El presidente Santos, uno de los “culpables” del fracaso de la lucha contra el narcotráfico en Colombia y del plan Colombia para desestabilizar al gobierno de Chávez, ante su escasa aceptación popular por la feroz arremetida política de su anterior jefe Álvaro Uribe Vélez se la jugó al todo o nada por la paz con la guerrilla, simultaneamente resulto que tenia o tiene cáncer de la que dice salió bien librado dice ¿quien le cree a este señor?

En todo caso, de concretarse la paz Santos pasara a la historia como el presidente que desarmo a la guerrilla y logro la tan ansiada paz para los colombianos.

Todo esto a la carta, es parte de telenovela colombiana cuyo drama exige que alguien en Nariño, por fin, tenga palabra de bien para acercar la paz al pueblo, no esa palabra de lacayo de Washington, dialogo vacio que masacro a miles de miembros de la UP (unión patriótica) o realizo el sainete en el Caguan porque los militares del continente, políticos, oligarquía e Iglesia no podían aceptar que la izquierda comunista gane terreno en Sudamérica desde Colombia. Asunto imposible de aceptar, era tan grave como la crisis de misiles de Cuba, inaceptable para EEUU como lo es ahora para la oligarquía y militares la paz con la guerrilla en vez de la solución militar.

Llegar a la paz en Colombia significaría que la política arcaica conservadora, liberal en una metamorfosis con el partido de la U y en lo cultural religioso- militar, el individualismo del poder sea superado por la necesidad de una solución social. Ante la ausencia divina y de la política economica que no repara el daño causado tras 60 años de guerra la paz verdadera sea el futuro para Colombia.

La paz para Colombia significa darle un borrón y cuenta nueva a la política corrupta, narco y paramilitar que caracteriza a ese país y al crimen de masas perpetrado por Uribe y por los actores en conflicto, en ese contexto la solución militar de Uribe y Washington, es solo un pretexto para continuar con el narcotráfico y con el lavado de dinero que genera violencia extrema utilizada también como pretexto para comprometer a toda la región en un problema estrictamente colombiano. El involucramiento de los países sur americanos era parte de la estrategia operativa de EEUU para desencadenar un conflicto contra Venezuela.

Por otro lado, las negociaciones de paz que se celebran en Oslo, parecen diseñadas para olvidar la culpabilidad de los políticos, militares, policías, empresarios, banqueros, en su relación con el narcotráfico y lavado de dinero, con los desaparecidos, asesinados, desplazados y toda esa devastación social producida por la guerra. Crimen de masas que no puede quedar sin castigo para el poder político y económico de Colombia.

Hubiera resultado desproporcionado suponer que un verborreico político narco y para militar como Uribe, rodeado de una pandilla de criminales patológicos pueda ser el sujeto responsable de la paz para la región. No menos desproporcionado es que su cómplice arrepentido sea quien consiga un acuerdo con la guerrilla. Sin embargo la paz disminuira el holocausto colombiano, eso es lo que busca la altiva masa de colombianos. En hora buena para todos.

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