Notas sobre el Presupuesto para la Argentina 2013

El poder ejecutivo nacional presentó el proyecto de presupuesto para el 2013, y en estas horas lo defiende ante el Parlamento, donde se discutirá, y probablemente aprobará hacia fines de noviembre.

Es bueno discutir estos temas en simultáneo en el conjunto de la sociedad. En primer lugar para intentar reorientar recursos para satisfacer necesidades de la población, y en segundo lugar para ganar consenso sobre asuntos estructurales que no se tratan necesariamente en las proyecciones anuales de las cuentas públicas.

La presentación del presupuesto incluye el pronóstico de evolución económica para el 2012, es decir, cómo termina el periodo económico en curso, especialmente si se sabe que en la primera parte del año existió una desaceleración respecto del año anterior (2011).

En efecto, el INDEC dio cuenta de un crecimiento del 2,4% para el periodo que se extiende de enero a junio del presente; y el pronóstico anual, del Ministro de Economía, alcanza al 3,4%. Ello supone un fuerte crecimiento económico en lo que resta del año. Una cifra parecida al 4,4% imaginado para todo el 2013.

Ese crecimiento pronosticado para el 2012 significará pagar los bonos de deuda pública atados al crecimiento del PBI por más de 3.000 millones de dólares. Claro que si existe error y en vez de crecer al 3,4 tal como anunció Lorenzino y se crece por debajo del 3,25%, entonces el gobierno se encontrará con 3.000 millones de dólares en el presupuesto, liberados para inversión pública en bienes de capital.

La disposición de esos fondos será la situación más probable, y por ahora sirve para que los inversores sigan apostando a los títulos de la deuda pública argentina.

Expectativas en compras chinas y brasileñas

Respecto de los datos para el 2013, las expectativas favorables para el crecimiento económico se concentran en la demanda externa, principalmente de China y de Brasil.

Claro que la novedad es el anuncio del gigante asiático por suspender compras de granos de soja durante 6 meses, cubriendo su demanda con existencias en stock, acumuladas en el último tiempo[1].

El comentario periodístico alude a que China quiere bajar los precios y no convalidar las subas de los últimos tiempos. Se argumenta que con el solo anuncio del gobierno chino la soja bajó de los 600 dólares la tonelada y pareciera alejarse de la reciente tendencia a una evolución del precio sin techo. Aquellos que no vendieron esperando mejores precios perdieron la oportunidad del mayor precio conseguido por la oleaginosa.

El caso brasileño es distinto, ya que ante la evolución de su economía, el gobierno del PT decidió fuertes estímulos para favorecer la recuperación económica, con incidencia en el crecimiento de las compras en la Argentina, especialmente de automotores. La industria automotriz en el país es clave para pensar en el sector industrial en su conjunto.

Es curioso, pero en los fundamentos del proyecto de presupuesto se alude a la crisis mundial, cuando las expectativas de crecimiento provienen más de la animación de la demanda externa que de mejoras en las condiciones del mercado interno.

Decimos esto porque, aun cuando la proyección inflacionaria es baja a la realidad de mercado, pues se ubica levemente abajo del 11% anual (10,8%), el efecto real se descargará sobre los sectores de menores ingresos relativos en la sociedad argentina.

Es algo que incidirá negativamente en la recuperación económica vía mercado interno y es fuente para pensar en la extensión del conflicto social en la disputa por los ingresos.

Empleos e ingresos

Uno de los afectados será el sector de trabajadores, ya que estructuralmente se paró el efecto de “generación de puestos de trabajo” producto de la reactivación económica ocurrida entre 2002 y 2007, interrumpida por efectos de la crisis global en 2008 y 2009, y levemente recuperada en 2010 y 2011, para detenerse en el 2012, incluso con pérdidas de puestos de trabajo por primera vez en el ciclo de expansión de la década (2002-2012).

El temor no es solo por la evolución de las cuentas macroeconómicas, sino por el posible conflicto social en demanda de ingresos, sea en la disputa salarial de los trabajadores regularizados, como entre los beneficiarios de planes sociales por mejoras y ampliación de los ingresos. Aunque también se expresará por la no modificación del mínimo no imponible en el impuesto a las ganancias, una de las principales reivindicaciones que mueve la protesta sindical en la coyuntura. Al mismo tiempo, las expectativas del presupuesto en la recaudación por bienes personales, sin modificar los mínimos pueden impactar en sectores de trabajadores.

En el presupuesto existe la reducción de subsidios, entre otros desaparecen aquellos destinados a los subterráneos. El gasto público social está discutido por las restricciones al gasto que presentan las cuentas a corto plazo. Ello incluye los ajustes sobre los ingresos de los trabajadores estatales y los fondos que finalmente se apliquen para cancelar las sentencias judiciales a demandas de los trabajadores jubilados. Algo parecido ocurre con las actualizaciones de asignaciones familiares o los ingresos previsionales.

Inversiones y ¿desendeudamiento?

Las previsiones no contemplan soluciones vía ampliación de la inversión privada, y el acento se concentra a lo que realice el sector público, tal como viene ocurriendo en los últimos tiempos. Es parte de lo que se supone viene realizando en estos día Julio De Vido en su gira por Brasil, China y Rusia, a la búsqueda de inversores externos para proyectos de infraestructura en el sector energético. En el mismo sentido se mueven las autoridades de YPF y la propia Presidente en sus actividades en el extranjero.

Un tema especial se concentra en la cuestión del endeudamiento público, ya que se ratifica, tal como en años anteriores, la orientación de aprobar un “Fondo de Desendeudamiento”, en este caso por 7.967 millones de dólares, que incluye los pagos del bono por crecimiento del PBI, que como sostuvimos, es muy probable que no deban pagarse. En este caso, más de 3.000 millones de dólares podrán ser usados para obra pública, especialmente en “el sector energético o satelital” según anunció el ministro Hernán Lorenzino.[2]

La deuda se lleva el 27% del gasto total, solo superado por “seguridad social”, que utilizará el 32,76% del total. Los pagos previstos de deuda superan ampliamente el gasto en “educación y cultura”, previsto en 5,36%; de Ciencia y Técnica por 1,15%; y el de “salud” que tiene previsto un 2,7% del gasto total. El gasto del conjunto de la Administración gubernamental alcanza al 4,48%.

Vale mencionar que el presupuesto 2013 establece un endeudamiento ordinario por 48.000 millones de dólares y operaciones de crédito adicional por 34.341 millones de dólares, sumando más de 82.000 millones de dólares de nuevo endeudamiento, poniendo en discusión la categoría de desendeudamiento. Debemos adicionar a esa cifra “avales al Estado”, sea YPF, Enarsa, u otras empresas, por 33.585 millones de dólares.

La deuda pública continúa siendo un tema destacado en el presupuesto y por lo tanto condiciona el uso de los recursos públicos, mucho más de lo que sugiere el relato oficial, que concentra la opinión en la real disminución de la relación de la deuda con el PBI, o con el comercio exterior.

Utilidad del debate más allá de las cuentas públicas

Concluyamos señalando que el debate presupuestario en la sociedad puede incidir en cambios de la orientación del uso de los recursos, incluso las fuentes de los mismos.

El cálculo de ingresos no presenta sorpresas, donde el IVA, ganancias y retenciones siguen siendo lo principal de los recursos fiscales. Pero junto al debate por la disputa de los recursos del Estado, hace falta discutir la orientación general de la economía y su modelo productivo.

Las suspensiones temporales de compras desde China puede hacer reflexionar sobre las desventajas del mono producto y las consecuencias sobre la producción y la sociedad que reclaman productores y habitantes de pueblos fumigados y subordinados al agro-negocio manejado por transnacionales de la alimentación y la biotecnología.

Se trata de habilitar un debate más allá de las posibilidades de modificar o no el proyecto de presupuesto 2013. Lo que interesa es politizar a la sociedad en la discusión sobre qué presupuesto se requiere para reorientar las políticas públicas.

La cuestión es si el Presupuesto define un rumbo para asegurar los intereses de la dominación capitalista, o si la discusión permite acumular fuerzas sociales para una política alternativa, transformadora, que suponga el cuestionamiento estructural de la orientación por construir el capitalismo nacional, lo que supone la lógica de la ganancia y su acumulación para la dominación.

El asunto sigue siendo construir fuerza social, política y cultural para el cambio social en momento de crisis capitalista.


[1] Merino Soto, “China deja de comprar soja por seis meses y hará uso de sus reservas”, Diario BAE, página 4 del 24 de septiembre de 2012.

[2]  Hernán Lorenzino,  reportaje Diario Página 12, sábado 22/9.

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