Golpe de Estado en Estado Unidos: la payasada de todos los milenios

 En Estados Unidos no se producen golpes de Estado, porque en su geografía no existen embajadas estadounidenses. Eso se ha dicho hasta la saciedad. Y donde no existe Embajada de Estados Unidos, no existe conspiración interna con la capacidad de preparar un golpe intestino. Y se sabe que todo golpe de Estado requiere de una conspiración hermética. Sépase, lo dijo el camarada Trotsky: “Al igual que la guerra, la gente no hace por gusto las revoluciones. La diferencia consiste en que el papel decisivo lo desempeña la compulsión; en las revoluciones, en cambio, no actúa la compulsión sino las circunstancias. Una revolución se produce cuando ya no queda otro camino. La insurrección se eleva por encima de la revolución como una cresta en la cadena montañosa de los acontecimientos, y no es posible provocarla arbitrariamente, ni más ni menos que la revolución en su conjunto. Las masas atacan y retroceden una y otra vez, antes de decidirse al asalto definitivo... Es frecuente contraponer la conspiración a la insurrección, entendida aquella como la empresa de la minoría, y ésta, como el movimiento elemental de la mayoría. En efecto: una insurrección victoriosa, que sólo puede ser la obra de una clase destinada a ponerse al frente de la nación, difiere profundamente, en su significado histórico y en sus métodos, del golpe de Estado emprendido por conspiradores a espaldas de las masas...”.

Agrega el camarada: “En toda sociedad dividida en clases las contradicciones son tan numerosas que siempre es posible aprovechar sus fisuras para urdir un complot. En estado puro, la conspiración, aun en caso de victoria, sólo reemplazará camarillas de la misma clase dirigente o, menos aún, a unos gobernantes por otros. Pero nunca en la historia y menos en este Infierno, un régimen social ha triunfado sobre otro sino a través de una insurrección de las masas. Mientras los complots periódicos expresan casi siempre el marasmo y la descomposición de la sociedad, la insurrección popular, en cambio, resultará comúnmente de una rápida evolución anterior, que ha roto el viejo equilibrio de la nación o del reino. Lo que acabamos de decir no significa de ninguna manera que insurrección y conspiración se excluyan de un modo recíproco en todas las circunstancias. En mayor o menor grado, un elemento de conspiración entra siempre en todas las insurrecciones. Etapa históricamente condicionada de la revolución. El levantamiento de las masas nunca es del todo elemental. Aunque estalle en forma inopinada para la mayoría de los participantes, siempre la habían fecundado aquellas ideas en la que los insurrectos ven una salida para los dolores de la existencia. Pero una insurrección de las masas puede ser prevista y preparada. Se la puede organizar de antemano. En tal caso, el complot se subordina a la insurrección, la sirve, facilita su marcha, acelera su victoria. Cuanto más elevado es el nivel político de un movimiento revolucionario, más seria es su dirección y más importante el lugar ocupado por la conspiración en la insurrección popular...”.

En Estados Unidos, como en todas las naciones imperialistas será inevitable, temprano o tarde la insurrección, por ello sigamos recurriendo a la sabiduría y enseñanza del camarada Trotsky. Nos dice: “Es indispensable comprender exactamente la relación entre insurrección y conspiración, lo que les opone y lo que les complementa, tanto más cuando el término “conspiración” tiene un sentido contradictorio... La historia prueba, es verdad, que en determinadas condiciones una insurrección popular puede vencer aún sin necesidad de complot. Al manifestarse con ímpetu “elemental” a través de una revuelta generalizada, en múltiples protestas, manifestaciones, huelgas, choques callejeros, la insurrección puede a un sector del Ejército, paralizar las fuerzas del enemigo y derribar el antiguo poder. Hasta cierto límite, es lo que sucedió en Rusia en febrero de 1917. Derribar el antiguo poder es una cosa y otra distinta adueñarse de él...”.

Agrega el maestro otra enseñanza indispensable de asimilar. Dice: “Así como un herrero no puede tomar con sus manos desnudas hierro candente, tampoco el proletariado puede, con sólo sus manos, adueñarse del poder: le es preciso una organización adecuada para dicha tarea. En la combinación de la insurrección de masas con la conspiración, en la subordinación del complot a la insurrección, en la organización de la insurrección a través de la conspiración. Consiste aquel capítulo completo y lleno de responsabilidades de la política revolucionaria que Marx y Engels denominaban “el arte de la insurrección”. Ello supone una correcta dirección general de las masas, una orientación flexible ante las circunstancias cambiantes, un plan meditado de ofensiva, prudencia en los preparativos técnicos y audacia en dar el golpe...”.

Todo lo anteriormente citado es importante entenderlo para poder determinar si se puede creer o no en un golpe de Estado en Estados Unidos. El imperialismo, cuando necesita distraer la atención de la opinión mundial para favorecer a un específico candidato presidencial, mete mojón tras mojones buscando pescar en río revuelto y quedarse con los mejores y más nutritivos peces. Obama sabe que Ramney le anda pisando los talones, que le puede ganar la elección presidencial debido a que ofrece mayor nivel de violencia y más intervencionismo estadounidense en los asuntos internos de otras naciones. Todos los trucos y maniobras son válidos en elecciones. Así lo determinan las reglas del capitalismo.

No es tan ridículo y risible que se diga que en Estados Unidos se organice o se pueda producir un golpe de Estado. Lo ridículo y risible es que nos metan el mojón que cuatro soldados rasos puedan organizar un golpe de Estado en una nación imperialista. Y más ridículo y risible es que haya una institución del Estado, como lo es la Fiscalía, que se haga eco de tan ridícula y risible fantasía. Basta, para organizar un golpe de Estado en Estados Unidos, que se encuentre en cualquier depósito una pistola, una granada y unas docenas de balas. Bueno, no puede haber algo más ridículo y cursi que eso, porque en Estados Unidos hay millones y millones de armas circulando y enconchadas en las calles y ciudades estadounidenses o, para mejor decir, en manos conocidas y desconocidas. Si un argumento como el de haber gastado en armas 87mil dólares es suficiente para asegurar que se está planificando un golpe de Estado en Estados Unidos, habría que preguntarle a esos magnates de la economía que invierten miles de millones en armas para equipar a sus paramilitares: ¿si están o no conspirando para dar un golpe de Estado?

Una conspiración, para un golpe de Estado en Estados Unidos y para ser medio creíble, requiere de la participación de unos cuantos generales, unos cuantos magnates de la economía y unos cuantos políticos y altos funcionarios del Estado. Sólo así, podría pensarse un poquitín, con todas las dudas habidas y por haber, en ese mojón inventado de que “… los conspiradores planeaban apoderarse de los depósitos de armas de Fort Stewart y hacer explotar el edificio del Departamento de Seguridad Interna, así como el sistema hidráulico en el estado de Washington. Después de esto, planeaban asesinar al presidente Obama y derrocar el Gobierno actual”. Zape gato con todo su garabato.

¿Qué tendrán programado tras bastidores los ideólogos imperialistas con ese cuento del golpe de Estado en Estados Unidos? No nos extrañe que pronto informen a la opinión mundial –en general- y a la estadounidense –en particular- lo siguiente: “Mulato de verruga en frente, nacido en Sabaneta y con cáncer terminal quierre, antes de morrir, siguiendo locurra de chivudo ya morribundo, invadir a Estados Unidos vía Nicarragua, por lo cual vernos obligados a defendernos y tener que enviar marrines a tumbar loco ese y controlar situación parra salvar democracia en Amérrica”. Unos cuantos criollos gritarán ¡Viva Estados Unidos!, pero millones de venezolanos y venezolanas –como de latinoamericanos y de latinoamericanas- gritaremos ¡Viva Venezuela y abajo el imperialismo!


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Freddy Yépez


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