…Me faltó tiempo.

Las recientes declaraciones de Álvaro Uribe acerca de la opción que siendo Presidente tuvo entre manos, para realizar un operativo militar que erradicara supuestos campamentos guerrilleros localizados en territorio venezolano, mas allá de la bravuconada, evidencian la delgada línea que nos separó de un conflicto bélico por la imprudencia de un aprendiz de brujo que juega al Maquiavelo tropical.

Que le faltó tiempo es poco creíble, pues los hechos evidencian lo contrario. En varias ocasiones se devolvieron amistosamente patrullas colombianas que traspasaron la frontera, incluso se entregaron discretamente a oficiales de inteligencia y qué decir del incidente de los paramilitares apresados en la finca Daktari, cerca de Caracas, quienes recibieron trato humanitario y retornaron a Colombia. Si no pasó a mayores fue por la combinación de la hábil diplomacia venezolana y el cálculo prudente y pies de plomo del Presidente Hugo Chávez; quien con la elegancia del esgrimista sorteó las trampas colocadas con intención de escalar el conflicto y terminar justificando la intervención estadounidense al lado del aliado colombiano. Recordemos el Plan Balboa y la hipótesis de un eventual conflicto revelado a la luz pública.

¿A qué juega Uribe y en qué contexto emitió esas declaraciones? Siendo de orientación ideológica derechista, amigo fraterno de lo más rancio del pensamiento neo-liberal viviente y aliado incondicional de los Estados Unidos es evidente su pretensión de erguirse como un líder capaz de ser contrapeso a la izquierda en la región y particularmente al liderazgo del Presidente Chávez.

Por otra parte, las declaraciones de Uribe ocurren, en un contexto que está marcado por el acoso judicial, el encarcelamiento y enjuiciamiento de colaboradores cercanos y otros escándalos develados en torno a su gestión de gobierno como las escuchas o chuzadas no autorizadas, conexiones con el paramilitarismo y las ejecuciones de combatientes e inocentes campesinos presentados como falsos positivos. En fin una hoja de vida gubernamental nada envidiable, a la cual agrega la ignominiosa cesión de soberanía al suscribir los tratados que permitieron la instalación de bases militares estadounidenses en territorio colombiano. Como lloraría desconsoladamente El Libertador Simón Bolívar si viviera para ver esa infamia, en una tierra que amó entrañablemente y por la cual luchó para hacer libre y soberana.

El recurrir al expediente de la confrontación con el presidente Chávez es una burda táctica de política doméstica ideada por Uribe para atraer adeptos hacia el partido Puro Centro Democrático que fundó recientemente; definiéndose como hombre fuerte, en contraste con las posturas conciliadoras del Presidente Juan Manuel Santos hacia Venezuela.

El tiempo que le faltó a Uribe para sus propósitos ya no podrá recuperarlo y terminará arrollado por la historia. Ciertamente, ahora es nuestro tiempo para afianzar América Latina como zona de paz; realizar tanta tarea pendiente por la integración latinoamericana y caribeña; construir democracias que sean genuinas expresiones de pueblo y, que los pueblos latinoamericanos y caribeños avancen en la constitución de la identidad nuestroamericana.

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