Al creciente malestar
nacional contra el gobierno de Humala por su torpe y sangriento intento
de imponer el proyecto Conga, al margen de un auténtico diálogo y una
efectiva licencia social, se suma una extendida crítica internacional.
Intelectuales y profesionales especializados en materia minera y
medioambiental, como el español Arrojo, experto y veedor de la Marcha
por el Agua, o la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH),
le han dirigido demandas públicas dirigidas a que rectifique una
conducta que ya cobra varias vidas. Muchas organizaciones
internacionales han hecho lo propio.
Pero en el país no faltan
los voceros de los intereses de algunas de las grandes corporaciones
mineras, como Cecilia Valenzuela, que justician absurdos abusos como la
detención de Marco Arana señalándolo como “subversivo”. En coro con Aldo
M y Keiko Fujimori acusan a Humala de “debilidad” y le reclaman una
guerra total contra la “subversión”. ¡Falta sangre! gritan algunos
plumíferos de alquiler y claro, la hija del reo condenado a 25 años de
prisión, precisamente por delitos de lesa humanidad.
Pero la
realidad es que Humala pierde terreno fuera y dentro del Perú. Las
encuestas, desde antes de los luctuosos sucesos de Cajamarca y el
despectivo trato que le dispensara Roque Benavides en los medios, dieron
cuenta de un fuerte bajón en la aprobación de su gestión. Perdió apoyo
entre los sectores más populares y, en cambio, aumentó su respaldo entre
las capas más pudientes.
Y ahora, internacionalmente, aumenta
la crítica y condena a su conducta y la demanda de prontas e importantes
rectificaciones. No es casualidad que se desdibuje la figura del Perú
en foros internacionales. En las recientes ceremonias por el aniversario
de los 201 años de la independencia de Venezuela, no se mencionó
ninguna referencia al Perú cuando se resaltaban los esfuerzos por una
segunda y autentica independencia latinoamericana, por la que batallan
numerosos países de la región. Tampoco en el reciente Primer Encuentro
de Parlamentarios y Parlamentarias convocado alrededor del Foro de Sao
Paulo, en que participan partidos de gobierno de más de 9 países
latinoamericanos y numerosas fuerzas políticas de peso en otros.
En el XVIII Encuentro del mismo Foro de Sao Paulo, que agrupa a las
principales fuerzas democráticas, progresistas y de izquierda de América
Latina, con más de 800 participantes de partidos plenos y observadores
de los cinco continentes, se tomó nota de las frustradas expectativas de
cambio de amplios sectores populares del Perú, su creciente
movilización en demanda de expectativas y compromisos contraidos, y la
forma violenta como se les trata, con un resultado de 17 muertos hasta
hoy. Por ello se acordó invocar a que sean medidas preventivas y
espacios de diálogo y negociación los que deben imperar y se decidió que
una delegación del Grupo de Trabajo del FSP busque entrevistarse con
los partidos miembros del Foro –entre los que se incluye al Partido
Nacionalista– y con el gobierno para buscar que los conflictos se
encaren con los mecanismos ya mencionados.
Once meses de gestión
han desdibujado la figura de Humala como una opción de cambio y
transformación que esperanzaba a pueblos del Perú y fuerzas políticas
latinoamericanas. A ello ha contribuido también una política
internacional de contradictorio equilibrio entre la promoción de Unasur y
Celac por un lado, y la integración de la Alianza del Pacífico que
articula a los principales aliados de los EEUU en AL.
El
nombramiento de Monseñor Cabrejos y del padre Garatea como mediadores en
Cajamarca es un rectificación que ojalá tenga resultados. Pero, siendo
positiva, no recuperará las vidas inútilmente perdidas ni a bases
sociales y electorales a las que Humala aleja.
Pocos dudan,
salvo la DBA, que el Presidente debería replantear su manejo de la
minería en el país, garantizar la defensa del agua y protección del
medio ambiente, la consulta previa y licencia social de los pueblos, y
recuperar una parte importante de la renta minera que hoy fluye fuera
del país. Debería, aunque sea improbable, retomar banderas de cambio que
comprometió con los pueblos, pero la vida dirá el rumbo que tomen las
cosas.