El candidato de Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, ganó las elecciones presidenciales en Egipto

Morsi en Egipto será como la Reina en Inglaterra

Según informó el jefe de la Comisión Suprema Electoral Presidencial, Farouq Sultan, Morsi cosechó 13,2 millones de votos (51,7%) mientras que su rival electoral, el ex primer ministro Ahmed Shafiq, obtuvo 12,4 millones de sufragios (48,3%).

Conforme a la declaración constitucional (constitución provisional) de Egipto aprobada por los militares tras la revuelta popular en 2011, el presidente se elige por un plazo de cuatro años y tiene derecho a ser reelegido una vez.

Sin embargo, la nueva constitución del país no está redactada. Mientras tanto todo el poder en Egipto está en manos del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas encabezado por el exministro de Defensa, el mariscal Husein Tantawi, y parece que los militares no piensan renunciar a él. Esto hace que el papel de Mohamed Morsi no sea tan relevante como pretendían sus partidarios.

Es más: el nuevo gobierno de Egipto, por lo menos al principio, tendrá que continuar con la política de Hosni Mubarak.

Los militares limitan el poder del presidente

A primera vista parece que ocurrió lo que más temía el ex presidente Hosni Mubarak. Tras 60 años de represión contra los islamistas, éstos consiguieron hacerse con el poder.

Pero resulta que Morsi, a diferencia de Mubarak, asume una presidencia con funciones limitadas. Los militares egipcios, con Tantawi a la cabeza, se adelantaron a la votación previendo su resultado. El 15 de junio anunciaron la disolución del parlamento, en el que el 70% de los escaños eran ocupados por los islamistas. Dos días más tarde, el 17 de junio, hicieron públicas las enmiendas a la declaración constitucional que dejan en manos de la Junta Militar los poderes legislativo y presupuestario.

Las enmiendas establecen que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA) asume las facultades legislativas hasta que se elija el nuevo parlamento. Además, se reserva el derecho a nombrar y a destituir a los jefes del ejército.

Esto no es todo, los militares limitaron los poderes presidenciales en el sentido de que el jefe de la junta militar actuará como ministro de Defensa hasta que se dicte una nueva Constitución. El jefe del Estado tampoco puede declarar la guerra a otro país, y en caso de disturbios internos solo puede pedir la intervención militar con la venia del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Esto significa que los militares realizaron algo parecido a un golpe de estado, relegando al jefe de Estado a una posición meramente simbólica y ceremonial, como la de la Reina de Inglaterra.

Esto a su vez significa que Egipto pasará de ser una república presidencial a una parlamentaria. La cuestión es hasta que punto el futuro parlamento será independiente y cuáles serán sus funciones.

Cabe recordar que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto había prometido transferir todo el poder al presidente electo por el pueblo antes del julio del año corriente. De momento la declaración constitucional otorga plenos poderes a la cúpula castrense.

El presidente de todos los egipcios


Los militares por ahora están conformes con la figura de Morsi, que no es ningún fundamentalista radical. El nuevo presidente, con estudios de ingeniería en Estados Unidos, fue elegido en varias ocasiones al parlamento como candidato independiente.

Sus primeros pasos como jefe de Estado ponen de manifiesto su pragmatismo político. Después de conocerse su victoria, abandonó de hecho en seguida las filas de los Hermanos Musulmanes y de su brazo político, el Partido de la Libertad y Justicia, cumpliendo con ello su promesa electoral de ser “presidente de todos los egipcios”.

Pero además, Morsi promete reformar las instituciones corruptas y hace referencias continuas a la ‘sharia’ (ley islámica) y a su proyecto del renacimiento islámico que abarque todos los ámbitos para Egipto.

No es menos relevante otra promesa del presidente electo. Mohamed Morsi ya había anunciado tras terminar la primera vuelta de los comicios que en caso de obtener victoria, designaría a dos de los candidatos a presidente que no llegaron a la segunda vuelta para cargos de vicepresidentes del Gobierno. Se estaba refiriendo a al candidato izquierdista Hamdin Sabahi y al candidato independiente islamista Abu Al-Futuh, que acabaron la carrera presidencial el tercero y el cuarto, respectivamente.

Enhorabuena y el futuro próximo


Tras su proclamación como nuevo presidente de Egipto Mohamed Morsi empezó a recibir felicitaciones tanto de sus oponentes políticos dentro del país como desde el extranjero. El presidente de Rusia, Vladímir Putin, fue uno de los primeros líderes extranjeros en felicitar al islamista Morsi por el triunfo en las elecciones presidenciales de Egipto. “El jefe de Estado ruso expresó la confianza en una colaboración constructiva con la nueva dirección de Egipto en aras del desarrollo de las relaciones ruso-egipcias y la garantía de la paz y la estabilidad en el Oriente Próximo”, dice un comunicado difundido por la Administración de Putin.

Estados Unidos felicitó al presidente electo de Egipto, Mohamed Morsi, por el "hito" que supone su victoria en las elecciones presidenciales egipcias. "Felicitamos al pueblo egipcio por el hito en su transición hacia la democracia", afirmó el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, quien subrayó que Washington y El Cairo tienen muchos objetivos comunes y la administración estadounidense está dispuesta a trabajar para hacerlos realidad.

No sólo los amigos de Egipto, sino también los hasta ahora enemigos felicitan al nuevo presidente. En particular, Morsi recibió un telegrama desde Irán del ministro iraní de Exteriores, Alí Akbar Salehi. En su respuesta el líder egipcio declaró que aboga por la reanudación de las relaciones diplomáticas con Teherán rotas tras la firma del Tratado de Paz entre Egipto e Israel en 1980.

“Es necesario restablecer unas relaciones normales con Irán basadas en intereses comunes. Así se creará un equilibrio de presión en la región, algo que forma parte de mi programa", declaró Morsi en una entrevista concedida a la agencia de noticias iraní FARS.

Teherán llevaba tiempo buscando reanudación de las relaciones diplomáticas, sobre todo después de que en el territorio de Egipto fuera legalizado el movimiento islamista Hermanos Musulmanes. En el caso de que esta cuestión se solucione, Irán promete apoyar económicamente a El Cairo “para que pueda resistir ante la presión por parte de Estados Unidos”.

Pero no se debe olvidar que es Estados Unidos quien durante los últimos 40 años ha financiado a Egipto. Y que El Cairo recibe anualmente de los estadounidenses 2.200 millones de dólares en concepto de asistencia militar.

Muy pronto se sabrá si el islamista Morsi renunciará a este dinero. Pero está claro que gobierne quien gobierne en Egipto -el presidente, el parlamento o los militares- tendrá que continuar la política de Mubarak en casi todos los ámbitos.

Egipto no puede prescindir de la colaboración con Occidente y con Rusia porque en caso contrario no tendrá nuevas tecnologías, ni nuevas armas, ni turistas extranjeros que gasten allí su dinero y contribuyan a crear puestos de trabajo para toda la industria turística nacional.
Fuente: Argenpress

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