¿Nueva izquierda o nuevo colonialismo?

La crítica a los gobiernos radicales de América Latina se ha convertido en moneda corriente entre gran parte de la izquierda internacional. Ninguno se ha escapado de la crítica, pero el gobierno del Presidente Rafael Correa de Ecuador ha sido un blanco significativo.

Pero el problema de la crítica dirigida contra Correa es que carece de cualquier base sólida y desvía la atención del verdadero enemigo.

Correa fue elegido presidente en 2006 después de más de una década de rebeliones, principalmente indígenas, en contra del neoliberalismo.

Durante la campaña electoral, el economista radical prometió reescribir la constitución del país, rechazar cualquier acuerdo de libre comercio con Washington, negarse a pagar las deudas externas ilegítimas y cerrar una base militar estadounidense en suelo ecuatoriano.

Los movimientos sociales habían hecho la campaña en torno a estas demandas, que es a su vez la razón del apoyo mayoritario a Correa en la segunda vuelta electoral contra Álvaro Noboa, el hombre más rico de Ecuador.

Desde entonces, Correa ha llevado a cabo la mayoría de estas promesas electorales. Esto explica por qué tiene un índice de popularidad de más del 80%, de acuerdo con un sondeo de opinión realizado el 13 de junio.

Las críticas de la izquierda

Pero la izquierda extranjera no comparte este apoyo.

Raúl Zibechi, periodista uruguayo, cuyos escritos de indignación anarquista se han difundido ampliamente entre la izquierda angloparlante, ha denunciado al gobierno de Correa por presidir “un nuevo modelo de dominación”.

Este nuevo modelo, dijo Zibechi el año pasado, difiere de los de anteriores gobiernos neoliberales que fomentaron las políticas de libre mercado para permitir que las corporaciones transnacionales dominaran la economía y los recursos naturales de Ecuador.

Zibechi dijo que el Estado juega hoy un papel mayor en la economía de Ecuador. Pero también dijo que el Estado se ha limitado a asumir el papel del mercado como guardián principal de los intereses transnacionales que siguen con el saqueo incólume de la riqueza de la nación.

Dijo que como el gobierno de Correa “depende de las exportaciones de petróleo y las concesiones mineras para que cuadren las cuentas… la resistencia ya no se enfrenta a las corporaciones multinacionales sino al aparato del Estado”.

Las críticas a Correa no sólo se limitan a la izquierda antiestatal.

En un artículo del 2 de mayo, el académico marxista estadounidense James Petras dijo que las alegaciones de Correa de estar renegociando mejores acuerdos para el país eran falsas. Petras dijo: “El estilo y la esencia de la distribución del poder y los privilegios en los acuerdos de gas y petróleo entre los gobiernos progresistas y las multinacionales no son diferentes de los de anteriores regímenes ‘neoliberales’”.

Dijo que Correa en cambio ha intensificado la dependencia del país de las exportaciones energéticas y de los minerales agrícolas en su persecución del “capitalismo extractivo”. Esto es porque “los ingresos del Estado y el crecimiento dependen ahora completamente de la creciente demanda de materias primas, de los altos precios de los productos y de los mercados abiertos”.

Zibechi y Petras están de acuerdo que Ecuador depende hoy tanto o más que antes de las exportaciones de materias primas, mientras que las corporaciones transnacionales cosechan las recompensas.

Zibechi dijo que esta dependencia del crecimiento liderado por las exportaciones y de los ingresos derivados de los recursos naturales -las consecuencias lógicas del “capitalismo extractivo”- ha convertido al gobierno de Correa en el principal enemigo de los opositores de esta “nueva forma de dominación”.

La realidad ecnonómica

Sin embargo estas afirmaciones no se ajustan a la economía de Ecuador ni a las políticas perseguidas por el gobierno de Correa.

Hay poca evidencia de que las transnacionales se apropien ahora de más riqueza, materias primas o ganancias ecuatorianas.

La producción de petróleo -la principal industria extractiva de Ecuador- disminuyó de 195, 5 millones de barriles en 2006 a 182,3 millones de barriles el año pasado.

Las exportaciones de petróleo crudo también han caído. Estados Unidos sigue siendo el mayor mercado del petróleo crudo de Ecuador, pero los menores volúmenes de exportación con destino a Estados Unidos se compensan con la quintuplicación de las exportaciones a los otros países de América Latina.

En el mismo periodo la cuota del Estado en la producción de petróleo ha aumentado del 46% a más del 70%. El año pasado las transnacionales extrajeron menos de la mitad de la cantidad correspondiente a 2006.

Los precios del petróleo han aumentado esta vez, pero medidas gubernamentales han acompañado este aumento para garantizar que la riqueza se quede en Ecuador a expensas de las transnacionales.

En octubre de 2007 el gobierno de Correa incrementó el impuesto sobre las ganancias inesperadas (que se acumulan cuando los precios del petróleo superan los contratados entre las compañías y el Estado) desde 50% a 99%. El impuesto volvió al 70% cuando los precios del petróleo cayeron bruscamente a finales de 2008.

El gobierno también desmanteló varios fondos petroleros establecidos bajo gobiernos neoliberales anteriores que utilizaron los ingresos procedentes del petróleo para pagar la deuda externa. Los ingresos por petróleo del Estado se han incorporado al presupuesto gubernamental.

De la misma manera, la capacidad de Ecuador para recuperarse de la crisis económica global de 2008 y registrar un crecimiento económico récord no fue consecuencia de las exportaciones ni dependía del sector del petróleo.

Rebecca Ray, coautor de un informe sobre la economía de Ecuador para el Centro de Investigación Económica y de Políticas con sede en Estados Unidos, declaró a la Real News Network [red de noticias verdaderas] que Ecuador se encontraba entre los países más rápidos en recuperarse de la crisis global porque “desarrollaba su mercado interior y cuidaba de su pueblo en vez de intentar subirse al tren global de los bienes y servicios.

Fue importante la decisión del gobierno de facilitar subvenciones para las personas que compran una casa por primera vez y préstamos hipotecarios a bajo interés.

Esto estimuló la industria de la construcción que llegó a ser el principal motor de crecimiento. Representó más del 40% del crecimiento del PIB del año pasado. Otras áreas clave de crecimiento han sido la agricultura, la fabricación y el comercio.

El crecimiento del sector no petrolero superó el del sector petrolero en cada trimestre desde el principio de 2007 hasta finales de 2010.

Los ingresos por exportaciones de Ecuador cayeron un 25% en 2008 y 2009 donde la caída de los precios del petróleo fue un factor clave. Pero la economía pudo recuperarse mejor debido al creciente consumo interno, con la ayuda de un mayor gasto social y alzas salariales.

El Centro de Investigación Económica y de Políticas informó: “Entre 2006 y 2009 el gasto social prácticamente se dobló como porcentaje del PIB… y el gasto en bienestar social se dobló de 0,7 a 1,8% del PIB”.

También se dijo que el salario mínimo “ha subido en torno al 40% en términos reales en los últimos cinco años”.

Salario digno

Los trabajadores también se han beneficiado de la introducción del “salario digno”, donde la ley ecuatoriana requiere que “cualquier negocio con beneficios debe distribuirlos primero entre sus empleados hasta alcanzar un salario digno o que todos los beneficios se distribuyan antes de declarar los beneficios finales”.

Estas políticas han conducido a una caída de los niveles de pobreza y desempleo.

Es evidente que el gobierno de Ecuador, con el apoyo del pueblo, ha contenido ela fuga de riqueza procedente del petróleo fuera del país y la ha redirigido hacia las necesidades del pueblo.

Esto no quiere decir que Ecuador no se enfrente todavía a grandes desafíos y mucho menos que haya derrocado al capitalismo. Todavía queda un largo camino que recorrer.

Un estudio del Secretariado Nacional de Planificación y Desarrollo (SENPLADES) de Ecuador ha demostrado que se necesitarán casi 45 billones de dólares USA en inversión pública y más dinero será necesario para erradicar la pobreza en Ecuador antes de 2021.

Esto representa 10 veces más que el presupuesto anual de Ecuador en concepto de inversión para infraestructuras.

Para acabar con la pobreza, todos los ecuatorianos tendrían que tener acceso a servicios básicos como agua, vivienda, electricidad, transporte, canalización de agua, alcantarillado, educación y salud, entre otros.

Por otra parte, es verdad que la economía de Ecuador no ha sufrido cambios fundamentales bajo el gobierno de Correa. El camino hacia la industrialización y la diversificación de la economía ha sido lento y lleno de obstáculos.

La existencia continuada del aparato del Estado capitalista diseñado para servir los intereses de las viejas elites y no del pueblo intensifica estos problemas.

Se puede criticar los impactos que la extracción de petróleo y la apertura de una mina a cielo abierto han tenido en las comunidades locales. También ha habido una falta de consultas sobre estos proyectos por parte del gobierno.

Pero esto no es lo mismo que acusar al gobierno de Correa de permitir un “capitalismo extractivo” que hace el trabajo sucio de las corporaciones transnacionales. Esta alegación no tiene fundamento. En último término enfrenta a las izquierdas con la gente que afirman apoyar.

Ningún gobierno, incluso uno que llegue al poder a consecuencia de una insurrección y destruye el Estado capitalista, podría satisfacer las necesidades del pueblo ecuatoriano a la vez que paraliza todas las industrias extractivas.

Sin embargo puede intentar conseguir un equilibrio entre proteger el medio ambiente y satisfacer las necesidades del pueblo al tiempo que éste toma el poder en sus propias manos. La dificultad de esta tarea hará que se cometan errores a la vez que se aprenda de ellos.

Deudas históricas

Para superar la herencia ecuatoriana de dependencia de las industrias extractivas, las naciones imperialistas ricas necesitarán pagar sus deudas históricas con el pueblo ecuatoriano.

La falta de cualquier voluntad para llevar esto a cabo se ha visto en la respuesta de los gobiernos extranjeros a la audaz iniciativa Yasuni-ITT lanzada por el gobierno de Correa en 2007.

La propuesta incluye el acuerdo por parte de Ecuador de dejar el 20% de sus recursos petrolíferos (en el Amazonas) sin extraer. A cambio, Ecuador pidió a los gobiernos occidentales y a otros organismos que proporcionaran fondos equivalentes al 50% del valor de las reservas, unos 3,6 billones de dólares USA a lo largo de 13 años.

Hasta ahora, a Ecuador se la ha ofrecido unos irrisorios 116 millones de dólares.

Hasta que los países ricos no sean juzgados por los crímenes cometidos contra los países como Ecuador, algo que exigirá la lucha revolucionaria en otros lugares, ningún miembro de la izquierda extranjera tiene derecho a denunciar al gobierno de Ecuador por utilizar la riqueza de sus recursos naturales para satisfacer las necesidades del pueblo.

Las inquietudes medioambientales son válidas, igual que lo son las necesidades reales del pueblo de tener acceso a servicios que nosotros subestimamos porque ya los disfrutamos.

Y nunca deberíamos olvidar quiénes son los verdaderos culpables de la crisis medioambiental.

En vez de apuntar a un supuesto “nuevo modelo de dominación”, la izquierda debería centrar su atención en los verdaderos enemigos a los que nos enfrentamos tanto el pueblo ecuatoriano como todos los demás. El destino de Ecuador está ligado a nuestra lucha contra los gobiernos occidentales y las corporaciones en nuestra propia casa.


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