Crisis irreversible en la sociedad capitalista

Con la muy difundida crisis bancaria del año 2008, en los Estados Unidos se despidieron a siete millones de empleados. De los quinientos mil puestos de trabajo creados posteriormente, solo treinta y cinco mil fueron fijos a tiempo completo. En EEUU, los bajos salarios llegan a más del 40 % de la población activa. Es fiel copia del modelo Alemán en pro del dumping salarial; desarrollado en laboratorio para la reunificación alemana, anexión de la Rada, e instauración de la nueva unión económica y monetaria, donde se eliminaron más de 6 seis millones de puestos de trabajo. De manera que en EEUU, 43 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza, y en la Unión Europea, 84 millones de ciudadanos y súbditos viven por debajo del umbral. Once millones de estadounidenses perdieron sus viviendas en tan solo siete (7) años. Aproximadamente 6.400 al día.

Esta crisis, a mi entender planificada, que tiene como punto de partida el primero de julio de 1990, con la unión económica y monetaria. Abona el terreno con terror y confusión, para que los gobiernos de derecha, el poder mediático, el FMI y la Unión Europea decidan “NACIONALIZAR LAS PÉRDIDAS”, producto de la especulación financiera reflejada a través de los bancos privados y estadales, y repartirlas a la población ciudadana para su pago. Lo llaman rescate económico, pero es una burda coacción al pueblo, para hacerles pagar la crisis que ellos no provocaron.

En Europa, por todos los medios apresuran el “rescate”, como si fuera deuda del trabajador, vencida y sin prórroga. Cuando realmente es el producto de la especulación de podridos préstamos y engaños, que vendieron con bajos y atractivos intereses a muy largo plazo, tanto al asalariado como a gobernantes, y que mediante el “juego” del desempleo masivo global producen el crac económico que va a producir nuevos y mayores beneficios a los ricos inversionistas. Es un callejón, que como única salida tiene el extremo empobrecimiento de la masa laboral para bajar costos de producción y ampliar márgenes de rentabilidad. Es un bucle sin fin; hay desempleo, no hay como pagar los prestamos, el estado no tiene como reducir el endeudamiento, no hay trabajo, no hay crecimiento. Pero si, hay amplio margen de maniobra en el rescate de propiedades, y cobro del monto total de la hipoteca, una vez practicado el desahucio. Y al estado vende propiedades al sector privado a precios de saldo, como es doctrina del libre mercado, con la justificación de disminuir el peso de su burocracia y hacerse de dinero fresco para honrar pagos de su deuda”.

Deuda por la compra venta de infraestructuras y construcciones sembradas entre las nubes, las que se desplomaron por efecto del fulminante rayo de la usura, especulación y dinero virtual sin respaldo. Los capitalistas del siglo XXI, en su mayoría son fundamentalistas, no dan tregua. Igual implanta un nuevo país, como destruyen naciones, en la práctica del uso de la guerra para vender armas, conquistar mercados, obtener recursos energéticos. El sistema capitalista tal lo conocemos, está compuesto por una casta de seres, cada día más reducida y cada vez más poderosa, que vive del resto de la sociedad, pero que la desprecia al punto de ignorar su humanidad.

De esta casta; los quince mil americanos más ricos, que cabrían en un estadio de futbol de bajo aforo, tienen ingresos anuales superiores a 27 mil millones de dólares, y las novecientas personas más ricas del mundo, las que caben en una rotonda mediana, cuentan con capital superior al ingreso total en un año, del 40% de la población mundial. Tal poder, acompañado por el Fondo Monetario Internacional, por el banco mundial y por la Comunidad Económica Europea, además del gobierno de turno alemán de la señora Merkel, aceleran la imposición de los conocidos recortes y rescatar liquidez de la sangre de los pueblos.

Porque de ninguna manera, los ricos poderosos, pueden entender que deben pagar por sus fallidas especulaciones financieras. Lo que en consecuencia, hace irreversible la crisis humana en todo occidente, a menos que un estallido social no pueda se absolutamente reprimido y aniquilado.


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Antonio de la Rosa


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