Aunque solo sea a través de Aporrea para los que estamos lejos, estamos al corriente de la infiltración en las filas del chavismo (algunos con puestos de responsabilidad en las instituciones) de elementos que buscan solo su medro personal, arrimándose al sol que más calienta.
Y yo me pregunto: ¿Cuál puede ser su opción frente a los comicios del 26 de septiembre? Deben estar como el equilibrista en la cuerda floja. Si voto por Chávez tengo, de momento, el futuro asegurado. Pero si la revolución se profundiza y me quitan la máscara, todo se me puede ir al carajo. Si voto contra Chávez y como no dejo de ser un renegado para mis panes, mi futuro es aún más incierto, porque siempre tendrán para mi puesto otro más leal que yo.
Difícil dilema, en el que no hay duda de que muchos están sumidos. Momentos como este son los que ponen a la luz las miserias que encierra el alma humana. Los cambios de chaqueta son ya proverbiales en todo el mundo cuando se produce un vuelco en la dirección de un país: Sucedió en la URSS, en la Alemania con Hitler, en la Francia ocupada, en España al morir Franco, y un largo etcétera. Y no son pocos: En una de esas estúpidas encuestas que hacen en los EE UU, leí la semana pasada que entre las opciones, ser rico, ser más apuesto, o ser más inteligente, ganó por goleada la de ser rico. Solo no preguntaron por la opción de ser fiel a sí mismo, andar con la cabeza alta por todas partes, con la convicción de que nadie puede ponerle la cara colorada, porque eso, en esta suciedad, perdón, sociedad, en la que vivimos, parece más bien la pregunta de un desquiciado.
Quizás este momento histórico, de cara a esas elecciones, lleve a alguno a repasar su vida en el silencio de su alcoba y preguntarse que es lo que está haciendo y para que sirve. O quizás soy yo el desquiciado al creer en esa posibilidad.
Zaragoza (España)