¡Agárrense la cartera porque llegó Santos!

El Despojo territorial de Venezuela

“Es casi una paradoja histórica que la única recompensa que ha recibido Venezuela por impregnar a la América de libertades y dignidad fuera un amañado, continuo e incesante recorte de su territorio, sin que para defenderlo se halla disparado un solo tiro. ¿Qué intereses ocultos han movido a nuestros políticos para comportarse como torpes oferentes? ¿No entendían esos gobernantes que al ofrecer obsequiosamente nuestro territorio a Colombia estaban violando todo el orden constitucional y sepultando, por ello mismo, el Estado de Derecho?” “La negociación de la soberanía sirve a los imperialistas para `justificar’ ideológicamente sus actos cuando se trata de sojuzgar las naciones más débiles”. “El territorio Nacional no podrá ser jamás cedido, traspasado, arrendado ni en forma alguna enajenado ni aun temporalmente, a nación extranjera”. Mientras que los apátridas de nuestro país lo utilizaron para `justificar´ la traición nacional y la venta al mejor postor de los intereses patrios.

En el Congreso de Angostura el Libertador funda su Colombia; Venezuela concurre con el nombre de Capitanía General de Venezuela; es decir, de acuerdo a ello y al Uti Possidetis Juris de 1810, con el mismo e íntegro territorio que para ese momento pertenecieron a dicha Capitanía General creada por Carlos III en 1777 y cuya superficie se estimaba en 2.500.000 Kms2. Según el citado principio del derecho internacional público americano, el Uti Possidetis Juris, Venezuela tiene derecho sobre los territorios que correspondían en 1810 a la Capitanía General de Venezuela, de tal manera que sus límites actuales deberían ser los mismos que en ese año tenía dicha entidad colonial con el Virreinato de la Nueva Granada, el Brasil y la Guayana Holandesa.

Queda así estructurado lo que es nuestro territorio, el que no han sabido conservar nuestros políticos y gobernantes, y por el contrario han dejado al país a merced de las arremetidas territoriales amoldándose al carácter socio-político del momento hasta llegar a la encrucijada actual, cuando la ciencia política y geopolítica le ha dado un refuerzo al principio del Uti Possidetis, al incorporar el criterio normativo de la intangibilidad del territorio en virtud de expreso mandato constitucional. Incorporando, asimismo, las más recientes conquistas que respecto al territorio del Estado, nos ha legado el moderno derecho internacional: aguas interioranas, espacios vitales, zona contigua, la historicidad, vitalidad de algunos elementos del territorio y zona económica exclusiva.

Desde el mismo momento de la separación de la gran Nación fundada por Bolívar, Venezuela pasó a ser una nación que siempre ha vivido bajo una presión externa sobre su territorio; bien por parte de naciones extracontinentales o de sus vecinos, quienes mal interpretando el concepto de espacio vital han ido ensanchando sus territorios a costa de nuestra Patria, a pesar de que no ha habido dudas sobre la legitimidad del territorio venezolano. Así, cuando por los años de 1854 el Congreso Neogranadino mediante decretos y resoluciones alentaba a algunos pueblos a separarse de Venezuela e integrarse a la Nueva Granada, el ex-presidente de ese país, el general Tomás Cipriano de Mosquera, propugnaba invasiones en contra de Venezuela.

Primer despojo o irresponsabilidad por parte de nuestro representante: El negociador por parte de Venezuela Santos Michelena, le cede a Brasil parte de nuestro territorio al sur de las sierras Tapira-peco y Pacaraima, que comprende la gran mayoría del territorio que ocupa actualmente el estado de Roraima y su capital Boavista, ese irresponsable alegó que teníamos demasiada tierra; aun qué, el negociador brasileño ofrecía que la frontera entre los dos países fuera el rio Amazonas.

Segundo despojo: Se ejecuta en el último gobierno de José Antonio Páez, por medio de su valido Pedro Rojas (alias don Perucho) a pedido de la oligarquía criolla, meses antes del tratado de Coche le enviaron oficio al gobierno de Su Majestad Británica, ofreciéndole todas las tierras al sur del Orinoco, a cambio de que intervinieran militarmente a su favor en la Guerra Federal y los dejaran a ellos en el poder. Los ingleses se quedaron con el territorio del Esequibo.

Esteban Gil Borges, el canciller de López Contreras, quien a pesar del propósito del Jefe del Estado, hace muy importantes aportes a la venezolanidad del Golfo de Venezuela. En nota del 17 de junio de 1940 que envía el embajador francés en Venezuela, asomando dos conceptos de vigencia insoslayables:

1. La historicidad del Golfo de Venezuela.
2. La concepción de nacionales de las aguas del Golfo.



Después de la traición de López Contreras el 5 de abril de 1941, con la entrega de 500.000 Km2 de nuestro territorio, la cuestión fronteriza se creía estancada. Pero con la llegada de Carlos Andrés, (parte I) a la Presidencia de la República, se consumó otra: La entrega de Montes de Oca con las minas de carbón de Cerrejón, y a partir de ese período valiéndose de CAP, el hijo amantísimo de la Colombiagranadina, la ofensiva Londoño–Barco–CAP, ha venido creciendo bajo el manto de una falsa integración, para apoderarse de nuestras riquezas, de nuestros espacios y arrinconándonos hacia el Atlántico, para convertirnos en departamentos de colombiagranadina. No pensaron acaso esos “gobernantes” en las terribles proyecciones que esa entrega concitaría contra la Soberanía Nacional.

“El territorio Nacional es el que corresponde a la Capitanía General de Venezuela antes de la transformación política iniciada en 1811 con las modificaciones resaltantes de los tratados celebrados válidamente por la República”. “La Convención del 3 de noviembre de 1916, a la que Venezuela no ha renunciado ni puede renunciar jamás, pues tales compensaciones son parte inobjetablemente integrantes de nuestro territorio”. Frente a las pretensiones colombogranadinas esos políticos blandengues, apátridas e irresponsables de la Patria de Bolívar, sepultaron el Estado de Derecho.

La oligarquía colombiana, fiel a su irrefrenable vocación imperialista, proyectó teorías geopolíticas destinadas a fundamentar la renovada agresión que la mueve contra nuestro país. Evidencia de ello son obras como Nueva Geopolítica de Colombia de Julio Londoño; El llamado Golfo de Venezuela, especie de fichero bibliográfico que firma Eduardo Zuleta Ángel; y hasta los mismísimos cancilleres neo-granadinos –no obstante las “negociaciones” que se venían siguiendo con Venezuela– han escrito algunas cosas dirigidas a minimizar los soberanos derechos territoriales de la Patria de Bolívar.

La dirigencia del Estado lindante sabe a plenitud de conciencia, que frente a Venezuela no tienen ni pueden tener derecho a reclamación territorial alguna, sino que, por el contrario, aunque lo oculten con la sagacidad que los adorna, nos deben ellos compensaciones territoriales en razón de la Convención del 3 de noviembre de 1916.

Nos preguntamos, ¿Por qué entonces pretenden arrebatarnos parte sustancial del Golfo de Venezuela? La respuesta es única: una oligarquía en crisis, tambaleante ya, agonizando en el tremedal de las contradicciones sociales, políticas y económicas que ella misma ha engendrado, urgida de recursos dinerarios, (por eso los para-militares, los grandes sembradíos de coca, producción de cocaína y el narcotráfico) con la protección del imperialismo, y por la apátrida burguesía venezolana quienes desde nuestro país buscaban como apoderarse del poder buscando su estabilidad antes que la de la Patria. Tal actitud de la oligarquía venezolana, aunada a la sui generis visión tripartita que de los Estados Soberanos sostiene la corrupta oligarquía bogotana; no encuentran otra salida que la audaz rapiña de las riquezas petroleras y gasíferas que duermen en el Golfo de Venezuela, que constituirían la momentánea solución a la crisis socio-económica en la que se debate agónicamente la clase gobernante colombo-granadina.

“Cuando los gobiernos pasan de la democracia a la oligarquía debilitan al Estado, destruyen la república y corrompen a los pueblos”. Simón Bolívar.

¡Patria Socialista o Muerte! ¡Venceremos!

Parte de lo aquí escrito es tomado de Aquiles López Sánchez:

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