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El modelo de integración latinoamericana propuesto por Venezuela, y que tiene su expresión en la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), tiene cinco rasgos fundamentales: es latinoamericanista, es decir, centra la construcción de su tejido en los países de América Latina, sin que por ello excluya a Estados Unidos de las relaciones comerciales; es política por encima de la economía, lo que supone una economía al servicio de la política; es solidaria, en tanto considera las diferencias entre los países hermanados y privilegia la dimensión humana de los pueblos, y finalmente, es integral, ya que involucra la dimensión cultural e ideológica, que recupera nuestras identidades y las reafirma, en un proceso de dignificación colectiva. Tal es la reflexión que hiciera el historiador venezolano y catedrático de la Universidad Central de Venezuela, Vladimir Acosta, en su visita a San José, entre el 14 y 15 de este mes, invitado por la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela acreditada en este país centroamericano, y durante la cual participó en diversos eventos públicos y entrevistas con varios medios de comunicación costarricenses. En una apretada agenda, Acosta dio una conferencia magistral en la Universidad de Costa Rica, para los estudiantes de la Escuela de Ciencias Políticas, acerca de “La Revolución Bolivariana y la Integración Latinoamericana”; presidió un conversatorio sobre el mismo tema, en el Salón Simón Bolívar, ubicado en la sede oficial de la Embajada venezolana, y a la cual asistieron varios embajadores de países latinoamericanos, rectores y académicos de distintas universidades públicas y privadas, intelectuales, políticos, incluyendo actuales candidatos presidenciales y ante la Asamblea Legislativa, y representantes de organizaciones sociales y sindicales; y finalmente participó en una mesa redonda, realizada ayer en la Universidad Latina de Costa Rica, con el tema “la Realidad Socioeconómica y Política de Venezuela: situación actual y perspectivas”. Recuperando la soberanía La integración, tradicionalmente – explicó el historiador-, se plantea entre grupos de países, en especial bloques regionales, más asociada a la defensa y seguridad, que a los intereses específicos de esos países. Este modelo tiene ventajas y desventajas, definidas por el tamaño de las naciones, la acumulación y posibilidad de riqueza, y el desarrollo industrial, tecnológico y agrícola. A ello se suma que la integración deja al margen a los pueblos, y se discute sólo a nivel de gobiernos, “que en el caso de América Latina, la mayoría de sus gobiernos no han representado verdaderamente a sus pueblos”. “La experiencia de integración latinoamericana, que se inicia en los años 60, apuntó a lo económico, a la discusión de políticas arancelarias, apertura de mercado y de libre comercio, es decir, a la libre entrada de libre zorro a libre gallinero, como lo definía un dirigente africano”. Para Vladimir Acosta, Venezuela plantea una nueva visión de la integración que difiere de la anterior, en tanto se fundamenta en principios y valores alejados de la racionalidad capitalista y neoliberal. La lógica actual nos remite a un intercambio de productos, contrario a lo que busca el ALBA, “generar una Latinoamérica unida, tal como fue el sueño de Simón Bolívar”. Se trata de una propuesta de integración nada utópica, y que ha dado muestras de una praxis real, explicó. Acosta refirió los ejemplos de apoyo de Venezuela a varios países, entre ellos República Dominicana, que vivió un incendio hace varios meses, y para el cual solicitó ayuda de los Estados Unidos, y a cambio recibió un listado de tarifas en dólares que debían cancelar por la supuesta “ayuda”. “Venezuela, solidariamente, y sin cobrar nada, envió helicópteros y equipos, como lo ha hecho con tragedias similares en otros países hermanos, incluso más de allá de América Latina”. En esta visión y praxis, que se está construyendo con la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), se inscriben varios proyectos: Petrocaribe, Petrosur, Telesur, la Comunidad Suramérica de Naciones, y otros más, con los cuales se pretende el desarrollo de un modelo de integración que unifique las fortalezas y potencialidades de Latinoamérica, para consolidar un frente regional, capaz de aliviar y a mediano plazo erradicar la pobreza existente en sus países, y al mismo tiempo negociar en condiciones de igualdad con otros bloques de poder político y económico. Este proceso de integración ha tenido que sortear una campaña internacional de los medios y agencias de información, que supone otra batalla, “una lucha diaria contra representantes de los mismos intereses transnacionales”, indicó. De acuerdo a Vladimir Acosta, estos intereses entraban y hacen de la integración un proceso más lento y duro, porque introducen elementos que generan ruidos, roces, reavivan conflictos superados, o crean diferencias artificiales. “Es una estrategia orientada a desestructurar, a conspirar contra un proceso cuyo éxito está teniendo una incidencia favorable y determinante en la recuperación de la soberanía de los pueblos”. “Venezuela está liderando un proceso que revierte un modelo agotado de integración y propone una visión que puede garantizar la recuperación de América Latina para sus propios pueblos, es una alternativa, una esperanza, un real amanecer, un alba”, concluyó. Noticia leida aproximadamente 1855 veces. Contador actualizado cada 3 minutos
La fuente original de este documento es:
Embajada de Venezuela en Costa Rica (http://www.embajadadevenezuelaencostarica.org) |