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"Debo expresar mi asombro por la ofensiva en comandita de las Relatorías sobre la Libertad de Expresión de la OEA y de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que prueba su ignorancia de la situación de las libertades democráticas en Venezuela y de las amenazas concertadas y permanentes contra ella de parte de algunos dueños de medios de comunicación, con complicidad internacional, para desestabilizar no sólo la democracia en Venezuela sino también a todos los procesos y gobiernos democráticos de avanzada social en el Continente," dijo Chaderton en un comunicado.
El Relator de la ONU para la Libertad de Opinión y Expresión y la Relatora Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, manifestaron estar "preocupados" por las recientes declaraciones de autoridades del gobierno venezolano en relación al rol jugado por Globovisión luego del reciente sismo que sacudió al país. Personeros del gobierno venezolano calificaron la cobertura del canal como alarmista y de intentar sembrar una sensación de zozobra y de desprotección entre la población. Para los relatores de los organismos multilaterales mencionados, "los funcionarios públicos, especialmente los que ocupan las más altas posiciones del Estado, tienen el deber de respetar la circulación de informaciones y opiniones, incluso, cuando éstas son contrarias a sus intereses y posiciones."
Para el Embajador Chaderton, con las declaraciones de los relatores queda demostrada la ignorancia existente en esos organismos en torno a las libertades democráticas existentes en Venezuela.
Chadeton expresó que tanto "Globovisión como [el también canal opositor RCTV], durante los 10 años del proceso democrático y revolucionario en Venezuela, han sido instrumentos para sembrar el pánico entre la población venezolana".
Lamentó que las relatorías de dichos organismos den mayor prioridad a las declaraciones de los dueños de los medios privados al tiempo que ignoran las pruebas concretas presentadas por el Gobierno de Venezuela. "Llama la atención que ambas Relatorías se basen en testimonios apremiantes de fuentes maliciosas para extraer conclusiones a la ligera en contra del Gobierno Bolivariano, mientras han sido banalizadas y desestimadas recurrentemente todas las denuncias sustanciadas con pruebas, nombres de personas y empresas mediáticas que hemos presentado en los debates internos de la OEA y en consistentes y repetidas declaraciones públicas," dijo.
Recordó igualmente la existencia del terrorismo mediático, al tiempo que instó al organismo a tener la valentía de enfrentarlo y nombrar a sus responsables con nombre y apellido.
En declaraciones al canal multi-estatal Telesur, Chaderton aseguró que existe una "guerra mediática", conocida como la batalla de cuarta generación.
"El hecho de que haya alternativas frente a la supresora y opresora dictadura mediática en Venezuela a través de los medios de comunicación oficiales, el desarrollo de vías alternativas, la capacitación y politización de neutra población, la difusión de información veraz, contribuyen de manera clara a este objetivo".
Resaltó que la dictadura mediática en Venezuela representada por el canal Globovisión, da la batalla tratando de mantener sus viejos privilegios como lo han tenido a lo largo de muchos años.
Calificó de "aberración" lo que está ocurriendo en Venezuela con la participación de Globovisión, canal que ha pasado a sustituir a los partidos políticos de oposición, lo cual no califica como el deber de un medio de comunicación.
A continuación la declaración del Embajador Chaderton:
Declaración del Embajador Roy Chaderton Matos, Representante Permanente de la República Bolivariana de Venezuela ante la Organización de los Estados Americanos
Washington D.C., 23 de mayo de 2009
Debo expresar mi asombro por la ofensiva en comandita de las Relatorías sobre la Libertad de Expresión de la OEA y de la ONU, que prueba su ignorancia de la situación de las libertades democráticas en Venezuela y de las amenazas concertadas y permanentes contra ella de parte de algunos dueños de medios de comunicación, con complicidad internacional, para desestabilizar no sólo la democracia en Venezuela sino también a todos los procesos y gobiernos democráticos de avanzada social en el Continente.
En un Comunicado Conjunto se manifiesta preocupación por declaraciones de las más altas autoridades venezolanas, “que generan un ambiente de intimidación en el cual se ve seriamente limitado el derecho a la libertad de expresión”; todo ello referido a la actual situación de la televisora terrorista GLOBOVISION, que recientemente alarmó a la población venezolana con información manipulada sobre un movimiento telúrico que no causó daños.
Llama la atención que ambas Relatorías se basen en testimonios apremiantes de fuentes maliciosas para extraer conclusiones a la ligera en contra del Gobierno Bolivariano, mientras han sido banalizadas y desestimadas recurrentemente todas las denuncias sustanciadas con pruebas, nombres de personas y empresas mediáticas que hemos presentado en los debates internos de la OEA y en consistentes y repetidas declaraciones públicas. En Venezuela, bajo el proceso bolivariano se han alcanzado niveles extremos de libertad de expresión, fácilmente comprobados y comprobables por quienes desde una posición equilibrada han estado siguiendo las programaciones y líneas editoriales de televisoras, radioemisoras, diarios y otros medios de comunicación golpistas.
Es curioso el empeño de la burocracia concernida dentro del Sistema Interamericano en desconocer que en nuestro Continente mientras por parte del Estado se ha mejorado y consolidado el respeto a todos los derechos humanos, incluyendo la libertad de expresión, como contraparte inexplicable desde un compromiso ético se pasa por alto la progresiva y concertada supresión de la libertad de expresión por parte de los dueños de medios privados, ante el ruidoso silencio de autocalificados guardianes de las libertades democráticas en nuestro Continente.
EL TERRORISMO MEDIATICO EXISTE. Hay ejemplos históricos de cómo el alarmismo de los medios privados puede provocar un estado de pánico entre sus usuarios. El ejemplo clásico en los años 30 fue la transmisión del programa radial “La guerra de los mundos” del genio estadounidense Orson Welles, quien al narrar la ficción sobre una invasión extra-terrestre a los Estados Unidos sembró la alarma entre millones de sus inadvertidos compatriotas con espeluznantes consecuencias; pero ésta fue una errónea interpretación de una programación inocente. Orson Welles por cierto, en su clásica película el “Ciudadano Kane” hizo la primera denuncia mundial en contra de la dictadura mediática y de la corrupción entre los propietarios monopolizadores de la información y envenenadores de la psiquis social en la sociedad democrática.
Antecedentes como éste, repetidos a estas alturas del siglo XXI, ignorados por los burócratas internacionales que desatienden denuncias oficiales contra propietarios de medios y no admiten ni reconocen que los Gobiernos, en defensa de la información veraz y el interés social, tienen el irrenunciable derecho de polemizar con los Medios, mientras que a la Justicia le compete sancionar a los violadores de la Ley cuando corresponda.
A lo largo de más de dos décadas he denunciado personalmente en innumerables foros el silenciamiento total de un ex Presidente venezolano quien durante su mandato, por razones de salud pública, se atrevió a prohibir la publicidad de licores y cigarrillos en radio, televisión, cine y prensa. Mis repetidas denuncias sobre este caso siempre han sido censuradas por la dictadura mediática.
El ex Presidente Herrera Campins murió sin que la sanción impuesta por los Medios radioeléctricos e impresos hubiese sido levantada, es decir que por iniciativa privada se declaró su “muerte civil”, como en la Roma Imperial. No se le entrevistó, ni se le mencionó durante un cuarto de Siglo; pero esto, denunciado oportuna e insistentemente, no ha logrado conmover la sensibilidad de las llamadas Relatorías de la Libertad de Expresión, a pesar de que no es el caso de un revolucionario bolivariano.
GLOBOVISION como RCTV, durante los 10 años del proceso democrático y revolucionario en Venezuela, han sido instrumentos para sembrar el pánico entre la población venezolana, con su permanente deformación de la información, participación protagónica en el Golpe de Estado mediático en abril del 2002 y en recurrentes llamados al asesinato del Presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías; práctica, por cierto, copiada de manera subliminal por CNN en español.
La noche del jueves 21, en cumplimiento de un mandato judicial ante la presunta comisión de un delito de acaparamiento, se produjo el allanamiento de un inmueble propiedad del dueño de GLOBOVISION, en acción jurídicamente independiente del tema mediático. Al propósito es de observar que una de las periodistas de GLOBOVISION que cubrieron esa noticia y un “ancla” del mismo Canal que ayer leyó el Comunicado Conjunto referido, son las mismas personas que a mediados del 2002 se regodearon en un programa de radio FM, con la predicción de una supuesta astróloga sobre la “felicidad” que podría derivar Venezuela después del asesinato del Presidente Chávez.
El silencio cómplice de las burocracias internacionales no ha hecho sino estimular la sensación de impunidad dentro de los grandes monopolios mediáticos. Llama entonces la atención cómo esas Relatorías alertan con insistencia sobre un supuesto poder intimidante de los Estados democráticos; venciendo quizás sus alegados temores; pero sería deseable que su aparente valentía fuese exhibida para referirse por su propio nombre a los culpables mundiales y regionales del terrorismo mediático: actores mayores como el Grupo Murdoch, CNN en español, el Grupo de Diarios de América, la Sociedad Interamericana de Prensa, la Asociación Interamericana de Radiodifusión, las cadenas PRISA y COPE de España y la cadena FOX de los Estados Unidos; así como actores menores y subalternos como El Tiempo de Bogotá, El Universal de México, GLOBOVISION, RCTV y el NAZIonal de Venezuela. Así le harían un gran bien a la libertad de expresión, con derechos y obligaciones para todas las personas e instituciones, como tiene que ser en la democracia participativa.
