Argenpress
tuvo ocasión de hablar con él a través de su corresponsal en Centroamérica
y el Caribe, Marcelo Colussi.
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Argenpress:
Según una encuesta de la compañía estadounidense Gallup
–nada sospechosa de socialista precisamente– el 85% de lo que un
adulto urbano término medio "sabe" y repite acerca de política,
valores, visión general de las cosas (digamos: ideología) proviene
de la televisión. ¿A dónde nos lleva esta cultura de la imagen que
pareciera llegada para quedarse?
Fernando Buen Abad
Domínguez: Padecemos el gran embrollo de las mafias mercantiles
trasnacionales que secuestraron las herramientas para la producción
de la Comunicación y hay que expropiárselas, bajo todas las modalidades
posibles, porque entre otras cosas sirven para censurar y asesinar al
espíritu rebelde de los trabajadores y los pueblos, sus creaciones,
enseñanzas y comunicaciones legítimas. Los mass-media mercantiles
repiten un modelo de agresión alienante beneficiaria del capitalismo.
Repiten un modelo mundial que es metralla ideológica de imágenes fabricadas
con calibre diverso contra cualquier sujeto que, a estas horas, luche
a cuatro puntos cardinales por sacudirse la hegemonía de la barbarie.
Se trata de ejércitos mediáticos de las oligarquías armados con calumnias
y con mentiras aceitadas a punta de corrupción y traición social.
Con el ejército y la policía como garantía. Su alma burguesa asustada
acentúa el tono nazi-fascista de su discurso. Tiran amenazas, advertencias,
augurios apocalípticos. Tiran mentiras, odio, intransigencia y obscenidad
sobre el imaginario colectivo, dicen que ellos son la "ley"
y el "orden". Es de esperarse que a estas horas la agresión
mediática histórica de las oligarquías esté pensando un plan que
repita su manía represiva bajo la batuta de las bayonetas. Eso quieren
para exhibirlo en sus "informativos", para ganar más anunciantes
y para que el mundo sepa que triunfó una guerra mediática de desprestigio…
Ellos quieren una masacre alienante con descargas de falacias a discreción
contra los pueblos. Quieren una guerra ideológica profunda que arranque,
del fondo de los corazones en lucha, el anhelo legítimo por liberarnos
de los explotadores y los saqueadores. Quieren eternizar la explotación
y el hurto. Para eso financian lo que sea con uñas y dientes mediáticos.
Sólo que a estas horas los pueblos han decidido tomar otro rumbo.
Argenpress:
Hay una cultura mediática impuesta por los factores de poder (del Norte
capitalista, de blancos eurocéntricos, basada en el consumo como nuevo
dios, verticalista y machista) que se ha extendido por todo el mundo,
estandarizando –o pretendiendo estandarizar– toda la población
global. Desde una posición de resistencia a esa invasión cultural
(léase: posición de izquierda, o posición progresista en sentido
amplio): ¿qué hacer?
Fernando Buen Abad
Domínguez: Es imposible revitalizar el capitalismo y sus modos
de imponernos su discurso, es inútil aferrarse a sus estructuras, sea
de la manera que sea. Es preciso atreverse a cambiarlo desde sus logros
mejores, es urgente impulsar un orden nuevo de abajo a arriba con la
organización de trabajadores entusiasmados con dar un estirón fuerte,
sensible e inteligente. Entre el mundo burgués y nosotros, trabajadores
de la Comunicación, la ruptura está claramente establecida. No podemos
engañarnos porque tal engaño es suicida. Es necesario un golpe letal
contra la alienación, la mentira, el bloqueo mediático, el terrorismo
mediático, la deformación de las conciencias, el mercadeo obsceno
de las farándulas impunes, la vorágine de los buitres sobre los cerebros
de los niños, la prostitución emocional y física de las mujeres,
el desparpajo de los machismos discriminadores y racistas, la barbarie
rentable de los milagreros mediáticos, curas, candidatos, ejecutivos
de empresas… Hace falta una gran revolución cultural, informativa
y comunicacional. No adelante de los pueblos, no encima, no escondida…
sino al lado de sus luchas mejores. Es necesaria una semiótica revolucionaria
que no se contente con “desmontar” el discurso sino que se disponga
a ganar el territorio de la construcción de sentido, es decir: el sentido
de la revolución socialista y mundial. Para eso hace falta la formación
de cuadros, la toma de las herramientas, el diseño de una agenda nuestra.
Argenpress:
La cultura de la imagen (televisión, internet, videojuegos, incluso
la pantalla de los teléfonos celulares) da la sensación de haberse
impuesto ya en la sociedad contemporánea de tal manera que pareciera
imposible prescindir de ella. ¿Piensas que eso nos condena a esta visión
"light" del mundo que conocemos en estos últimos tiempos,
superficial e inmediatista, tal como se presenta en buena medida la
imagen? ¿De qué manera podemos aprovechar las tecnologías digitales
para dar otra propuesta más allá de lo que hoy día nos inunda?
–"el mal gusto está de moda", dijo Pablo Milanés–
¿Es posible ello?
Fernando Buen Abad
Domínguez: Nada de lo que el capitalismo ha impuesto es inamovible
y, en particular, la tecnología con que se ayuda a hegemonizar su discurso
es expropiable toda, se la puede aprovechar mientras tenga utilidad
revolucionaria y se la pueda mejorar al servicio de las necesidades
de la construcción socialista. No veo por qué no tales herramientas
pasen a operar bajo control obrero, campesino... que no se olvide de
la claridad política necesaria que depende de un programa revolucionario
y permanente verdaderamente transformador y consensuado ampliamente,
especialmente en el campo de la Guerra contra la Alienación. Para eso
es preciso librar la batalla de las ideas, la revolución de la conciencia,
la formación de cuadros y la organización social movilizada en todos
los campos... el campo de la educación, de las ciencias, de las artes...
Pienso en la necesidad de aprovechar todo lo que mejor ha producido
el capitalismo y desde ahí continuar el desarrollo socialista de las
herramientas, no fetichizarlas, no hacerles santuarios porque una vez
que cambien las condiciones económicas, políticas e intelectuales
seguramente cambiará el uso de las herramientas, su importancia coyuntural
y su papel en el nuevo tejido social.
Argenpress:
Es más fácil que se masifique y guste un show ramplón (los que muestran
muchos pechos siliconados y concursos para ganarse una licuadora) o
un periódico sensacionalista (estos que chorrean sangre) que otro tipo
de mensajes, los que –quizá con una posición intelectual rigurosa–
podríamos llamar "serios". ¿Por qué?
Fernando Buen Abad
Domínguez: Las reglas de tal masificación y gusto de lo “ramplón”
no tienen por base las necesidades, la calidad revolucionaria ni el
interés emancipador de la clase explotada. Todas las ecuaciones del
concepto de “éxito” burgués se basan en el monopolio de valores
éticos y estéticos alienantes que, si bien se han posicionado con
hondura en algunas personas y sectores, sólo pueden reinar impunemente
con base en condiciones controladas desde la producción hasta la distribución
y el consumo. Cuando esas ecuaciones se cambian, así sea en uno solo
de sus factores, el modelo hegemónico cambia sensiblemente, lo reciente
en sus bases. Ya hemos visto cómo en épocas de la mayor agresión
mediática contra los pueblos, ha sido posible ver movilizaciones revolucionarias
que lograron vacunase contra muchos de los tóxicos ideológicos burgueses.
He ahí el caso de Venezuela, Bolivia, Cuba... Desde luego que no hay
fórmulas lineales contra la alienación y que la emancipación de la
conciencia tiene su dialéctica y sus tiempos atados a la movilización
revolucionaria y a las necesidades concretas con que los pueblos se
encuentran paso a paso. Por otra parte, y salvando muchos ejemplos excepcionales,
algunos intentos intelectuales “rigurosos”, “serios” o “revolucionarios”
no han sabido aprovecharse de los mejores logros de las tácticas y
estrategias revolucionarias en comunicación por falta de recursos,
experiencia o método. Y tales faltas ya constituyen un objeto de estudio
muy importante del cual debemos aprender a obtener las mejores lecciones
y auto-críticas. No obstante, no se puede crear un escenario polarizado
porque bien sabemos cómo muchas experiencias de la prensa obrera, por
ejemplo, han logrado, con sus aportes, generar avances tales que no
pueden compararse con la mediocridad de los discursos burgueses en casi
todas sus expresiones. Ha habido periódicos, volantes, muros canciones
–por mencionar algunos casos– que, aún con limitaciones, han obtenido
logros comunicacionales fundamentales. Un ejemplo paradigmático es
la propia publicación del "Manifiesto Comunista" en su primera
edición. En contraste, a diario podemos ver que millones de horas de
televisión, millones de páginas de diarios... no han podido producir
los efectos alienantes que quisieran sobre sus consumidores. La historia
de la publicidad mercantil es antes que nada la historia de un dispendio
descomunal plagado de fracasos.
Argenpress:
Desde el campo de los grandes poderes que fijan la marcha del mundo
–económica, política y culturalmente– sin ningún tapujo se habla
de "guerra de cuarta generación", guerra mediático-psicológica.
A veces, en el campo de la izquierda, tratando de hacer una comunicación
nueva, pretendidamente revolucionaria, se cae en el panfleto mientras
que la cultura masiva que se impone desde la más descarnada ideología
de derecha (pensemos en Hollywood por ejemplo, o en la CNN), va ganando
cada vez más terreno con un mensaje que penetra con mucha facilidad,
agradable, seductor. ¿Cómo dar el combate en esta nueva modalidad
de guerra?
Fernando Buen Abad
Domínguez: Hay que ganar la Guerra Simbólica y para eso no serán
los "comunicólogos" quienes hagan la revolución por sí
mismos, serán los obreros y los campesinos –los trabajadores con
conciencia de clase– organizados bajo un programa socialista –en
el que no estará ausente una táctica y estrategia de Comunicación–
quienes conduzcan la transformación hasta sus últimas consecuencias.
Comunicación en la que ayuden los radialistas, los videoastas, cinéfilos,
los periodistas, los informadores sociales... los escritores revolucionarios,
los poetas... quienes estén llamados a sumarse en la lucha como un
guerrero más, bajo crítica y autocrítica permanente, acompañante
de los protagonistas y protagonista a su vez. No adelante, no arriba
de los trabajadores, sino al lado, codo a codo, como trabajadores también.
No se aceptan gurúes. Sin un programa político de Comunicación Revolucionaria
para modificar radicalmente el paisaje de barbarie y miseria actual,
es un programa para ganar las herramientas de producción comunicativa
en manos de los trabajadores y hacia el socialismo, cualquier discurso
es simplemente más de lo mismo. Demagogia, reformismo, burocracia o
sectarismo que ya nos ha mostrado su incapacidad para impulsar el desarrollo
de las fuerzas expresivas. En todos sus significados la producción
desalienada de la Comunicación Revolucionaria, con sus lenguajes no
alienados y no alienantes, supone la lucha por el trabajo no alienado
y la posibilidad de participar libremente, y mundialmente, en la transformación
de la sociedad toda. Supone un pie de igualdad en las condiciones de
su producción, un acceso irrestricto a las herramientas de producción
y la construcción de espacios, medios y modos para la exhibición libre
de las propuestas y logros. Pero especialmente supone conciencia de
las necesidades puesta en programas legitimados colectivamente para
una Comunicación no sectaria, no iluminista y no burocrática de la
creación y recreación de la Cultura. Sólo organizados los trabajadores
podremos avanzar en esta lucha. La lucha de clases que (también) se
libra con valores, con ideas y con signos… en la cabeza y en los corazones,
es una pugna asimétrica de intereses que se confrontan históricamente
por ganar el terreno de los imaginarios simbólicos donde se yerguen
los principios, las ideas, los afectos… Es uno de los escenarios de
la Batalla de las Ideas (que también debemos ganar). La guerra Simbólica
es una Guerra añeja agudizada por la burguesía para tergiversar los
valores sociales, para poner el mundo patas arriba, para hacer invisibles
las cosas que realmente valen (como el trabajo) e imponernos como valiosas
las mercancías y costumbres que la burguesía ha pergeñado para enriquecerse
(aunque seamos nosotros quienes las producimos). Claro que es una Guerra
apuntalada también con misiles, cañones, metralla y golpizas, claro
que es una Guerra apuntalada con terrorismo financiero, chantaje inversionista
y vampirismo bancario. Es preciso ganar la esta Guerra Simbólica, la
Guerra contra la alienación, contra todo bloqueo mediático, exógeno
y endógeno y producir los lenguajes nuevos de la revolución socialista
capaz de aniquilar todo sometimiento de la conciencia, del estómago,
del trabajo.