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Rosenbaum, destacado crítico del Chicago Reader y uno de los mayores expertos en la obra de Orson Welles. | Credito: Felipe Vásquez, El Mercurio Online |
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VALDIVIA.- Sus amplios anteojos lo delatan: ha pasado muchas horas de
su vida frente a una pantalla. Y al crítico estadounidense Jonathan
Rosenbaum no sólo se le nota en su apariencia su cinefilia, sino
también en cada una de las palabras que emite con vigor en contra de la
industria y en defensa de la pureza artística del cine.
Rosenbaum, destacado crítico del
Chicago Reader
y uno de los mayores expertos en la obra de Orson Welles, ha
participado en el Festival Internacional de Cine de Valdivia como
jurado, dejando además su huella como uno de los iconos del periodismo
cinematográfico norteamericano, que busca ampliar las fronteras
cinematográficas de las audiencias.
Así lo afirma con vehemencia
en su libro “Las guerras del cine”, texto en el cual acusa a la
industria del cine estadounidense de limitar las opciones del público.
El frontal Rosenbaum se sentó a conversar con
Emol para profundizar sobre sus teorías y actualizarlas a través del impacto del DVD e Internet en las comunidades cinéfilas.
Una
de sus mayores batallas está escrita en su libro “Las guerras del cine”
(“Movie Wars”). ¿Por qué afirma que la audiencia no es culpable de lo
que ve?
“Primero, porque la audiencia sólo podría ser
culpable si estuviese escogiendo. Si las posibilidades son tan
limitadas, entre dos o tres películas que son muy caras, eso no es una
elección real. No pueden ser culpados por elegir la pésima película de
Hollywood A, por sobre la pésima película de Hollywood B. No están
escogiendo ninguna por sobre algún interesante film artístico, porque
nunca han escuchado de este film artístico. Creo que es muy aburrido
ver cuánta gente va a ver las películas y no creo que sea significante,
porque está determinado por cuántas copias estrenó una película, por su
cantidad de publicidad y sólo un pequeño trozo de todo eso es lo que le
gusta a la gente o no”.
Su libro salió publicado hace
algunos años y desde entonces el formato DVD ha ganado mucho terreno.
¿Cómo ve el impacto de los DVD en sus teorías?
“Me ha
dejado mucho más optimista, en términos de las alternativas de la
audiencia y en términos de lo que yo llamo la cultura del cine, la
comunidad de cinéfilos. El problema es que tienen tantas cosas a las
que pueden acceder, que tienen que tener suficiente información para
saber qué seleccionar y cómo buscar. Siento que, principalmente a
través de Internet, hay jóvenes cinéfilos veinteañeros que ya saben más
de la historia y el arte del cine de lo que yo sabía en mis treintas”.
Pero
Internet acarrea también un sensible tema, de la descarga de películas,
no necesariamente para lucrar, sino para saciar esa cinefilia.
“¿Te refieres a la piratería?”.
Sí.
“¡Adoro
la piratería! Creo que el sistema, tal como existe y así como todos los
sistemas económicos, ha sido impuesto. Han sido muy injustos, con
inequidad, no dan a las personas libertad, restringen sus opciones y
entonces esta es una forma de reparar ese balance. La gente que tiene
los catálogos en los estudios, tienen grandes filmes que nunca editan,
porque ni siquiera saben su valor e importancia. Así que la gente que
está robando estas películas y las pone gratis o las vende por
Internet, están en realidad educando y diciendo: esto es importante, la
gente quiere ver esto. ¡Así que (los estudios) deberían estar pagándole
un sueldo por venderlos!".
¿Qué cree que puede hacer la audiencia para revertir esta limitación?
“Educarse
a sí misma. Y educarse como pueda y en la dirección que quiera, porque
hay muchas maneras de educarse. Es descubrir y perseguir el gusto
propio. Creo que es algo que ya sucede, pero la gente se torna más
aventurera y más informada cuando lo hacen”.
Usted ha
dicho también que no es que las películas de hoy sean peores a las de
antes, simplemente que a las buenas no es fácil acceder.
“No
sé si los filmes de ahora sean peores. Quizás lo sean, porque creo que
la gente que hoy hace películas no le gusta el cine. Y creo que lo que
uno podría decir de los días de los grandes estudios, aunque hiciesen
películas malas, había gente que amaba el cine. Y la gente que hoy
conduce los estudios no sabe de cine y no le gusta. Y además se han
dado cuenta de que pueden sacar dinero de las películas, incluso si al
público le gustan o no. El motor económico no es bueno para hacer
películas”.
Así que usted siente cierto grado de nostalgia.
“Siento
personalmente nostalgia. Mi familia tenía una cadena de cines cuando
era niño y era el principal medio. Además, había toda una reunión
social al ir al cine, así que eran eventos comunitarios. Ahora con el
targeting: este film es para este grupo, este filme es para este otro
grupo, es casi imposible concebir a toda una sociedad yendo a una
película en particular. Creo que es una práctica social totalmente
distinta. Entonces lo importante no es sólo encontrar las películas que
quiero ver, sino que encontrar a la otra gente que quiere ver las
mismas películas para verlas juntos”.
La historia del cine ha sido testigo de diversos movimientos en el cine. ¿Percibe en la actualidad algún movimiento?
“Es
muy pronto para saber. En términos de nuevos movimientos, siento que en
algunos viajes que he hecho a Argentina, se ha hablado de la ‘Nueva ola
argentina”. Eso tiene algo que ver con una conciencia política que
requiere una nueva conciencia estética. Así lo describiría. Quizás
pueda existir algo así en el cine chileno y en otras partes, pero creo
que éstas son las películas de las que los extranjeros no enteramos
últimos, a no ser que haya mucha publicidad internacional o incluso
publicidad underground de los cinéfilos”.
¿Siente que es algo global?
“Sí,
claro. Lo he sentido en mi experiencia por la forma en que la gente me
escribe. Por supuesto que está limitado por las barreras del lenguaje,
a través de e-mails y otras formas. Puedo leer francés, pero mi español
no es tan bueno, así que en realidad no me puedo mantener al día con lo
que está sucediendo. Pero tengo un amigo que es crítico de cine español
que me envía películas en sus correos electrónicos todas las semanas.
Esto es una nueva forma algo radical de asimilar la cultura
cinematográfica y por supuesto puede involucrar la piratería y cosas
por el estilo. Pero el punto es que esta es una forma de reunir
información sobre nuevas tendencias cinematográficas, algo que no
existía antes”.