De la Universidad Colonial a la Universidad Experimental
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En Venezuela hemos tenido dos modelos de universidad: la universidad colonial y la universidad experimental. La primera, ya lo sabemos, fue una institución orientada a la formación de la elite intelectual colonial, una elite que no ponía en duda su condición de subordinados dentro del sistema colonial. Para los miembros de este grupo la Madre Patria era España, por lo que asumían sin más su condición de súbditos del Rey español. En esta universidad se aprendían los contenidos del humanismo clásico, elaborados por escritores europeos representativos del pensamiento colonialista. Pues bien, tal universidad fue la que heredó la república instaurada en territorio nacional a partir de 1830. Aquí no hubo ruptura, se mantuvo la misma universidad, igualmente formadora del minúsculo grupo de intelectuales poseedores del saber humanista al servicio de un orden que reproducía sin más la dominación foránea. No fue nunca ésta universidad una institución al servicio del desarrollo de un país soberano, pleno de justicia, en un marco de democracia plena. Fue, eso si, una universidad al servicio, no de una República, sino de una republiqueta, de la republiqueta venezolana gobernada por un minúsculo grupo de personas, constituido por terratenientes, dueños de esclavos y comerciantes, tiranos internos de una población hundida en la miseria más atroz, pero a la vez dóciles instrumentos del neocolonialismo británico, que se abalanzó sobre este territorio una vez concluidas las guerras de independencia. Tal Universidad se extendió más o menos igual hasta el año 1958, cuando empezaron a crearse las universidades experimentales, modelo impuesto en el sistema educativo venezolano por los nuevos gobernantes instalados en Miraflores a la caída de la dictadura de Marcos Evangelista Pérez Jiménez.  

No es una simple casualidad entonces que todas las universidades públicas aparecidas en el país en el trayecto comprendido entre 1958 y 1998, respondieran a este modelo experimental. Son éstas, universidades correspondientes con el modelo económico, social y político defendido por los gobernantes de la Cuarta República, modelo que en lo económico se propuso instaurar un orden de tipo desarrollista, caracterizado por la industrialización por sustitución de importaciones, impulsada en buena medida por capitales extranjeros; en lo político el orden defendido fue el bipartidismo derivado del Pacto de Punto Fijo, orden éste que de democrático sólo tenía el nombre, pues, los partidos Acción Democrática y COPEI se repartieron el país cual si esto fuera su feudo y arremetieron con dureza digna de las mejores dictaduras del Cono Sur en contra de los sectores de izquierda que osaron denunciar sus tropelías, desafueros y corruptelas; y en lo social, el modelo defendido fue el típico capitalista dependiente que ha caracterizado las economías de América Latina, en el cual el mayor segmento de población está constituido por gente empobrecida, analfabeta, habitantes de barrios, excluida totalmente del reparto de la riqueza nacional, que se queda en manos del pequeño núcleo de oligarcas, dueños de la banca, del comercio, de la tierra y de las industrias.  

Es así como aparece entonces en nuestro país la Universidad Experimental. Se trata, de igual manera que la Universidad Colonial, de un modelo educativo al servicio de un orden mayor, se trata de una Universidad adecuada al modelo socioeconómico que empieza a madurar en nuestro país a partir de la quinta década del siglo XX, orden que debemos reiterar, es de tipo capitalista dependiente. Para este nuevo orden no interesaba la vieja Universidad colonial, llena de retórica, humanista, formadora de doctores. Lo que se necesitaba ahora, y en esto fueron bastante explícitos sus proponentes, era una universidad que preparara los profesionales requeridos  por el modelo, esto es, formados como mano de obra del aparato económico, como intelectuales difusores de su ideología y cultura, como profesionales servidores del aparato político y demás instituciones del nuevo Estado. Es así como, con estos amarres, surgió la Universidad Experimental Venezolana. Una universidad al servicio del modelo político bipartidista adeco-copeyano, al servicio del modelo económico dependiente, atrasado, neocolonial y, finalmente, al servicio de un orden social clasista, profundamente desigual, que sólo reservó al pueblo, la mayoría del país, una  vida plena de miserias.  

Tal universidad fue la que hizo suyo el discurso de la competitividad, de la eficacia y de la producción, en materia educativa. Un discurso que no es originario de la educación sino del mundo empresarial, mundo que en función del incremento de sus exclusivas ganancias es el que está interesado que le proporcionen mano de obra bien entrenada para incorporarla a las tareas de la producción material. Y esto es lo que deben saber los docentes, autoridades y estudiantes de estas universidades. Que sepan que el proceso educativo que aquí tiene lugar está comprometido con un proyecto de país con las características que hemos mencionado, proyecto beneficioso para los integrantes de la elite que ha controlado la nación, que lo ha puesto al servicio de sus intereses exclusivos, que ha fortalecido nuestra condición dependiente, subalterna, en el juego de relaciones internacionales; que ha entregado nuestras riquezas económicas a la libre explotación de empresas extranjeras; que enajena a los trabajadores nacionales y les conculca sus derechos; que ha provocado que el país se haya llenado de ranchos insalubres.  

Es ésta universidad la misma que ha privilegiado, no la investigación, sino la simple enseñanza, pues su propósito es el entrenamiento de la mano de obra, la simple formación para el trabajo, la mera profesionalización de personas competentes para el ejercicio laboral. De allí que en su práctica pedagógica lo dominante ha sido la pedagogía por objetivos y ahora la pedagogía por competencias, modelos pedagógicos estos, que andan tras la búsqueda de resultados mensurables, de productos tangibles, de frutos efectivos. Sus docentes son en este contexto simples dadores de clase, simples transmisores de conocimientos elaborados por otros, sobre todo elaborados en los países europeos o en los Estados Unidos de Norteamérica, es decir, son instrumentos de un modelo educativo cuya orientación y sentido escapa de sus manos. Tal es a grandes rasgos la Universidad Experimental, un centro de entrenamiento donde se da clases pero donde no se genera saberes y menos aún saberes pertinentes, al servicio del desarrollo humano y de la independencia nacional.  

¿Qué reclamamos entonces? Reclamamos una declaratoria de principios por parte de la comunidad universitaria que hace vida en estas instituciones, tal como se hizo en Córdoba en 1918; una declaratoria abierta, de cara al país, donde se reconozca que la educación es un derecho humano, que la universidad tiene que ser una institución popular, democrática, cuya educación tiene que estar al servicio del desarrollo pleno de la personalidad autónoma, al servicio también de una nación libre y soberana, e igualmente al servicio de la justicia social. Tal declaratoria tendrá que significar fundamentalmente darle un giro copernicano al proceso educativo que hasta hoy día se viene desarrollando en tales instituciones, que la enrumbe hacia otro sentido de la formación, que priorice la investigación y no la enseñanza, que priorice la producción de saberes pertinentes a las necesidades del pueblo venezolano y que contribuya finalmente a la formación de un nuevo modelo de desarrollo nacional y latinoamericano económico y ecológicamente sustentable. Se trata como podemos ver de una universidad con responsabilidad social, comprometida en su totalidad con la liberación nacional, con la democracia participativa y protagónica, con la justicia social, con un modelo económico en donde unos no exploten a otros, sino que todos se beneficien equitativamente de la riqueza generada. Tal es en términos generales el llamado de atención que hacemos a los universitarios en esta hora crucial de la historia venezolana y de la historia mundial también; un llamado de atención oportuno y pertinente, pues de seguir las cosas como están en la universidad venezolana, ésta morirá de aburrimiento.

siglanz53yahoo.es

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