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La actitud asumida por el actual bloque en el poder acerca de los derechos y
la existencia misma de los pueblos originarios de Costa Rica y de otros países de la región no debe causarnos ninguna sorpresa. Para los gobernantes de siempre, así como para los diputados y los medios de comunicación a su servicio, las naciones bribri, cabécar, gnöbe, terebé y maleku -ubicadas en el actual territorio de Costa Rica- sencillamente no existen o a lo sumo forman parte de un cierto folklore nacional o local, al que de vez en cuando se le pueden hacer algunas concesiones retóricas. Pero eso de que deban ser consultadas a la hora de las grandes decisiones nacionales del estado nación costarricense (tal y cómo lo establece el convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo-OIT) no sólo resulta intolerable, sino algo muy molesto que convendría soslayar mediante algún subterfugio de carácter técnico. ooooo Tal es el trasfondo de la cínica indiferencia con que los diputados del bloque liberticida (conformado no sólo por los mal llamados libertarios), el ministro de la presidencia y el coro liberticida de los medios de comunicación social, siempre tan obsecuentes frente al menor llamado de sus amos, asumen los contenidos de la resolución de la Sala Constitucional acerca de los graves errores de fondo (no de forma) en la tramitación del último proyecto de la llamada agenda complementaria del TLC con los Estados Unidos. En realidad no nos interesa, en modo alguno, moralizar o lamentarnos acerca del tema ya que resultaría un acto absolutamente inútil, dado que ese comportamiento responde a la naturaleza totalitaria de un régimen que no sólo oprime sino que llega hasta a negar la existencia de sus víctimas. De ahí que prefieran el subterfugio de eliminar un inciso a un artículo de la ley de propiedad intelectual y evitar verse obligados a consultar a esas gentes cuya existencia apenas si reconocen. ooooo La voracidad y la capacidad destructiva del régimen económico social imperante a escala planetaria se traduce en lo local hasta en despojo de los conocimientos ancestrales de las comunidades y pueblos originarios, todo ello mediante el hábil expediente de patentarlos y terminar vendiéndoselos a precios de mercado, como pretende la nueva ley de propiedad intelectual. Tal ha sido, en todo momento, la nunca oculta intencionalidad de los amos del planeta y de sus corifeos locales quienes se sienten muy apenados por el hecho de haber tenido que pedir una nueva prórroga para la entrada en vigencia del TLC CAEU-RD, para el caso de Costa Rica, al gobernante de la Casa Blanca. Todo ello en vísperas de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos y cuando una quiebra financiera en Wall Street y en las bolsas europeas no hace sino augurar grandes males para la humanidad. ooooo Es bueno plantearse la pregunta acerca de si las comunidades o naciones que conforman los pueblos originarios, la mayoría de las veces mal llamados indígenas aceptarán, de manera pasiva y resignada, que se sigan vulnerando sus derechos. Por otra parte, también resultaría saludable una reacción del resto de la ciudadanía, si todavía es digna de ese nombre, exigiendo que se cumpla con lo establecido en el convenio 169 de la OIT y que se termine con la existencia de ciudadanos de segunda en este país centroamericano. No hay otra salida -y en esto estamos de acuerdo con el diputado Mario Quirós- que respetar la resolución de la Sala Constitucional y hacer la consulta a los pueblos originarios, no importa cuál sea el tiempo requerido para su realización y terminar así con el chantaje de los empresarios de las textileras, quienes con o sin TLC terminarán por realizar miles de despidos ante la imposibilidad de competir con las economías asiáticas y además, con una fuerte recesión de la economía estadounidense ya en camino. ooooo En Costa Rica, a semejanza de la Colombia de los años cuarenta del siglo anterior, de la que hablaba Jorge Eliécer Gaitán (1898-1948), parecen existir dos países muy bien diferenciados. Como bien decía el mártir colombiano de aquella generación existe el país político preocupado de sus privilegios y el país nacional conformado por el pueblo que piensa en su trabajo, su salud y su cultura. Hoy más que nunca, aquí en Costa Rica, el país nacional debe sacar de su autismo y egolatría al país político, que sigue con su acusada indiferencia y egoísmo frente a los sufrimientos y angustias de las grandes mayorías nacionales. El problema es que esto pasa por el difícil camino de reconocer la verdad de lo que está ocurriendo, algo que le resulta imposible de tragar a la oligarquía y a sus servidores, de ayer y de siempre. Articulo leido aproximadamente 504 veces
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