¡La unidad: estrategia para profundizar la revolución ¡
Edwin Aguirre M. - www.aporrea.org
25/11/03 - http://www.aporrea.org//a5782.html

La revolución venezolana transita un camino difícil enfrentada a las fuerzas imperialistas mas grandes de la historia de la humanidad con el objetivo claro de dominar militarmente el mundo. El apetecido petróleo venezolano pudiera ser secundario para la seguridad energética del Norte. Es más importante aún la destrucción del ejemplo político continental que representa el proceso bolivariano. Nuestra América con el triunfo de Lula en Brasil, el de Krichner en Argentina y la derrota del Gringo en Bolivia comienza a sacudirse el yugo imperialista. La revolución comienza como es notorio en los límites del estado nacional pero será también un proceso global, o no será.

El fracaso de los intentos golpista y de quiebre económico de abril y diciembre de 2001 aún cuando ha debilitado a las fuerzas reaccionarias, no significa que estas y el imperialismo hayan cesado en sus intentos por derrotar las fuerzas populares. Los lleva sí a preparar con más dinero, más armas y mejores estrategias la eliminación física del chavismo. No sólo el magnicidio es tarea prioritaria para las fuerzas antibolivarianas, tienen que garantizar que no se repita, con Chávez o sin él, un 13 de abril que restituya el poder de movilización del pueblo. Tienen que destruir los círculos bolivarianos, los círculos patrióticos, los frentes y movimientos revolucionarios, los sindicatos, los partidos. Destruirán toda la base legal del proceso- léase Constitución Bolivariana y sus Leyes-, desconocerán todas las instituciones burguesas infiltradas de bolivarianismo- Asamblea Nacional, Fiscalía, Defensoría, etc. Ahora irán por el espíritu del pueblo para tratar de sumirnos en una oscura y larga noche. El imperialismo ha aprendido la lección y prepara, para más temprano que tarde, la estocada final.

No olvidemos, los revolucionarios, que la democracia burguesa es, para las fuerzas imperialistas y globalizadoras, solo un instrumento más de dominación que desecharán tan pronto estén preparados para ello. Aquellos que se engañan creyendo que el juego democrático permitirá avanzar de reforma en reforma hasta consolidar la revolución bolivariana, no acaban de entender lo que esta última significa para el dominio actual y futuro del imperialismo. La recuperación del papel de la OPEP en la fijación de precios, el rechazo de la mayoría de los países a firmar el ALCA en el 2005, la recuperación de PDVSA a manos del estado y la negativa a venderla al capital trasnacional, el progresivo levantamiento de los pueblos de Nuestra América, el papel cada vez más protagónico del pueblo, la solidaridad mundial que ha levantado nuestro proceso, los planes sociales (Barrio Adentro, Robinson, Ribas, las escuelas bolivarianas) han elevado en corto tiempo la autoestima colectiva a un nivel que hacen imposible la marcha estable de un régimen democrático burgués. El enfrentamiento vendrá y será implacable.

En este sentido creemos en la necesaria recomposición de las fuerzas motoras del proceso. El aluvión que significó la participación electoral de Chávez Frías aglutinó alrededor de su figura cientos de miles de venezolanos que durante muchos años confiaron en diversos dirigentes de los partidos AD y COPEI. Ciertamente sin ese pueblo ávido de cambios, sin esa mayoría social, política y económicamente excluida no hubiese sido posible el triunfo de la opción chavista. Pero junto al pueblo se vinieron camuflados decenas de seudo-dirigentes, tránsfugas que esperaban el momento para aplicar sus conocidas maniobras que les permitiera tomarse el poder y desviar sus objetivos hacia sus apetencias personales



El ejercicio del gobierno ha hecho que sectores burocráticos del estado y de los partidos bolivarianos intenten consolidar sus privilegios. La negativa a ceder poder al pueblo, enmascarada con argumentos triviales, esconde el terror a perder sus cuotas de poder. Dentro de nuestras filas, el burocratismo, la corrupción, la imposición, el amiguismo, la improvisación, la desmovilización, desorganización y el electoralismo son los enemigos a vencer.

Ante éste panorama los revolucionarios debemos cerrar filas en la defensa de las conquistas del pueblo, en su profundización y consolidación. En la movilización y organización permanentes del poder popular. En la aplicación a fondo de las ventajas legales: asambleas de ciudadanos, sindicatos, foros propios, consejos locales de planificación, consejos estadales y municipales de los derechos del niño, cooperativas, comités de tierras y de tierra urbana, y cualquier otra forma que ayude a la consolidación de órganos de poder popular. La ampliación y consolidación de la comunicación alternativa (radios, televisoras, páginas Web, periódicos, etc.). La formación de cuadros políticos. Consolidación de la unidad cívico-militar. Propiciar la estatización y cogestión de los trabajadores en las empresas cerradas. Adelantar el control popular de los órganos de administración pública.

Pero también es necesario reconocer los liderazgos. Sin ser mesiánicos consideramos que la dirección del proceso por el Presidente Chávez ha sido necesaria y acertada. Necesaria en tanto lo vertiginoso del proceso y la debilidad política y organizativa del pueblo. Acertada en tanto ha llevado la revolución bolivariana a los logros alcanzados. Sin embargo, reconocer su liderazgo no nos obliga a aceptar sus directrices sin discernimiento.


Rechazamos la metodología de imposición de candidatos en general y en particular el que se quiera ahora utilizar el liderazgo del Presidente para tratar de imponer candidatos a gobernador, alcaldes, concejales y diputados. Como el propio Presidente ha declarado en muchas oportunidades la “única forma de acabar con la pobreza es dándole poder al pobre”. El pueblo venezolano, como lo demostró en la heroica gesta del 13 de abril, está dispuesto a tomar la dirección del proceso si se le abren los canales de participación. No seamos nosotros los encargados de taponar esta nueva conciencia y sus líderes naturales. Una forma de impulsar hoy la movilización y organización popular es iniciar de inmediato un proceso de elección primaria de candidatos a gobernador, alcaldes, diputados y concejales.
Para esto, estoy seguro, se puede contar con la UNIDAD DEL PUEBLO, LOS MILITARES Y LOS REVOLUCIONARIOS.


Edwin Aguirre M.






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