Elección de gobernadores. Vayan a la base…
Ramón Freitez - www.aporrea.org
10/05/08 - http://www.aporrea.org/ideologia/a56730.html

Escandaliza el oír los acuerdos en el PSUV para la elección de gobernadores. El presidente ha prohibido expresarse mal de algún candidato a gobernación. Nada de denuncias sobre sus comportamientos malsanos y rayanos con la indecencia o con el mal hábito de no servir a la comunidad sino a sus intereses individuales. No importa que haya pactado con sectores monopólicos, que haya denigrado, en tiempos de Carmona, del proceso que vivimos. De nada vale que los colectivos conozcan su mal obrar, sus riquezas súbitas ni sus “malas ajuntas”. Hay que preservar la unidad, dicen. Nada de ponerlos en evidencia. Somos la flor púrpura y los trapos sucios se lavan en casa. Todo sea por el poder. Que el entrismo siga floreciendo y las depuraciones sean letra muerta. Dejar hacer dejar pasar, es la lógica liberal que une para seguir existiendo.

Preservación suena preservativo, un condón que se usa para que nada nazca. Y nos seguimos preguntando: Si callamos, ¿perdemos o ganamos? ¿Edificamos en el PSUV una dirección revolucionaria conservadora? ¿Hasta cuándo los antagonismos son neutralizados por un mando único? ¿Podremos, algún día, superar el cesarismo democrático? ¿Podremos construir un ámbito de interlocución ante el Estado que permita, deslindar los campos y diferenciar en la vida pública los intereses de la colectividad, de aquellos que emanan de la lógica del poder estatal?

En la construcción revolucionaria no debería prevalecer el temor. Si construimos otra manera de hacer política sobre lógicas de consenso, debería imperar la razón de la justicia. ¿De que vale potenciar el poder participativo sino se puede conciliar democracia y comunidad? ¿Por qué esa fuerza popular no puede expresarse libremente? ¿Si no depuramos ahorita, con qué materia prima va a contar la nueva sociedad socialista a construir?

La contraloría social comunitaria debería estar por encima de todo poder. La soberanía popular es el poder constituyente frente al constituido. La comunidad y los intereses colectivos son prioritarios y si encontramos intermediarios que éticamente no son verdaderos revolucionarios entonces nuestro deber es denunciarlos y si apelan a su legalidad institucional somos los llamados a alterar esa su legalidad.

El centro a definir de todo proyecto político es el para qué y el para quién. Si es para la individualidad y la corrupción, no nos sirve. Ya con estos años sabemos quién es quién. Les hemos expropiado su oficio de vivir representándonos. Todos somos políticos al vivir en una comunidad donde hay intereses que defender. La idea política parte de lo que es el individuo en sí y ante la comunidad. Pueden hablar bonito, pero si su palabra está dicha sin peso moral ya deben rescindirse.

No maten a la sociedad que está por nacer. Prevalece en esta maquinaria electoral el pragmatismo por el poder, la falta visión transformadora. Sólo hay el formalismo de votar sin mayores discusiones ni propuestas alternativas que se confronten; una lucha descarnada por el poder, y ahora una proposición presidencial que no permite la interpelación. Todo sistema político debe confrontarse con la sociedad con una concepción abierta a las críticas y a la denuncia frontal. Si no perderemos esto.

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