“Mi vida cambió 360 grados, ya no dependo del bastón”
Emilce Chacón* - www.aporrea.org
06/05/08 - http://www.aporrea.org/misiones/a56442.html

La vista de Javier Navas siempre fue irregular debido a la toxoplamosis. Pero al acercarse a los 40 años las figuras, los colores y las letras comenzaron a desdibujarse. Cuando le dijeron que tenía cataratas sintió que se le unió el cielo y la tierra porque no tenía dinero para atender esta afección, que limitaría aún más su capacidad visual

Prensa Presidencial (05.05.08) Managua, Nicaragua. En su casa de bloque gris y techo de zinc, rodeada de calles de tierra, en el barrio Milagro de Dios de la capital de Nicaragua, Managua, donde vive con su madre y hermanos; sus familiares vieron en la televisión un programa que se llama Misión Milagro. Decían que estaban operando a los que padecen de catarata o terigio. “¡Que alegría para mí! Esto representó una luz en el túnel de esa oscuridad”, recuerda Javier.

“En la televisión daban orientación para que los interesados fueran al Centro Nacional de Oftalmología para hacerles los exámenes. Yo fui, pero los médicos no daban un chelín por mí. Me decían que no iba a ver aunque me operaran. La señora que estaba tomando nota me dijo que le diera la oportunidad a otra persona, pero yo insistí y le supliqué: apúnteme ahí por favor”.

En junio del año 2006 partió por primera vez hacia a Venezuela a través de la coordinación de Misión Milagro de la embajada venezolana, que dirige Franklin Coronado. Fue dos veces para operarse ambos ojos. Los dos fueron días de corredera. “Salí en la madrugada y llevé a mi mamá de acompañante. Llegué a ese país, donde me atendieron de maravilla desde que me bajé del avión. No obstante, sentía mucho temor”.

Cuando estaba en la sala quirúrgica Javier le dijo al médico: “Doctor yo quiero leer la Biblia porque soy evangélico, ese es mi mayor anhelo. Transcurrieron varios días de recuperación. Cuando llegó el momento de retirar el parche que lo protegía, recuerda que se generó mucha expectativa entre los médicos y los demás pacientes, porque las posibilidades de volver a ver bien eran mínimas, mientras su ansiedad crecía.

Antes de continuar su historia, se saca del bolsillo de su camisa blanca un pedazo de cartulina recortado en forma de cuadro donde se lee: “Grupo A, Javier Navas, paciente de Nicaragua”. Y nos dice emocionado: “Cuando me quitaron el parche y pude abrir el ojo lo primerito que yo miré fue esto. ¡Cuál fue mi alegría que pude leer! Yo miraba manchas, pero no las letras. Mi vida cambió 360 grados”.

“Ahora leo perfectamente la letrita chiquita. Cuando estaba estudiando en la universidad Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras, mis compañeros me ayudaban porque aunque estuviera en la primera fila no miraba la pizarra. Dejé de salir solo y dependía de un bastón. Ahora no lo necesito y puedo tomar el carro y cruzar la calle sin depender de alguien, y esto es gracias a esas nuevas iniciativas que andan por América Latina y están impulsando el acercamiento que nuestros pueblos perdieron en el camino”.

El primer viaje de nicaragüenses hacia Venezuela en el marco de este programa de salud, internacionalizado por Venezuela y Cuba para tender su mano amiga a pacientes de diferentes países de América y el Caribe, fue el 22 de abril de 2006, con 75 pacientes. Desde entonces se han realizado 29 viajes, en los que han sido operados 3 mil nicaragüenses.

El más reciente fue el pasado abril. De acuerdo con el Centro Nacional de la Visión de Nicaragua, más de cien mil personas tienen problemas en la vista, el principal de ellos es la catarata.

* Especial para Prensa Presidencial
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