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La derrota del 2 de diciembre de 2007 fue consecuencia, entre otras
cosas, de haber intentado “asar varios conejos al mismo tiempo”. Fue extenuante la batalla librada para demostrar que no era un atentado contra la libertad de expresión el no renovar la concesión a RCTV; mas no habían sanado algunas “heridas” cuando se anunció la creación del PSUV, la desaparición de los partidos de otrora Polo Patriótico y el desmontaje de una estructura organizativa que hasta ese momento marchaba invicta en procesos electorales. Como si fuera poco, no se había aún celebrado el congreso fundacional del partido, cuando nos lanzamos a una batalla por la reforma constitucional, en medio de una apretada agenda del Presidente en lo internacional. La derrota representó un frenazo, pero al mismo tiempo una oportunidad para acabar con tanto triunfalismo; para realizar una profunda revisión de la marcha del proceso revolucionario; para evaluar la estrategia hasta entonces desarrollada en la confrontación con una oligarquía que cuenta con enorme poder mediático y para entender que en las próximas elecciones regionales podría estarse jugando el destino de la Revolución Bolivariana. No tenemos dudas de que el Comandante interpretó correctamente los resultados de un referendo que despertó a una oposición que necesitaba de una victoria, aunque fuese tan pírrica como la alcanzada aquel 2 de diciembre. Es correcta, entonces, la estrategia destinada a dar respuesta a problemas como el del acaparamiento, la especulación y la inseguridad pues por allí se venía colando una oposición que trabaja para hacerle daño al pueblo y luego usa sus medios para acusar de ineficiente al gobierno y sus políticas. También es acertado el plan de trabajo que da prioridad este año, a la consolidación del PSUV, el relanzamiento del Polo Patriótico y la focalización en las elecciones del próximo noviembre. No puede la dirigencia y muchos menos los cuadros revolucionarios dejarse tentar por unos medios que apelarán al juego sucio, al escándalo y a la manipulación para tratar de sacarlos de un plan destinado a barrerlos en las elecciones del próximo noviembre. Ahora bien, lo anterior no significa que el gobierno tenga que recular ante cualquier campaña de la oposición, so pretexto de no repetir los errores que nos condujeron a la derrota del 2 de diciembre. Sería peor el remedio que la enfermedad. Ese error podría confundir a los revolucionarios dejando la sensación de que el gobierno está débil y sin capacidad de lucha, y sin duda sería aprovechado por la oposición para impulsar la matriz de opinión de que el gobierno está en retirada. No se trata, entonces, de caer en la trampa de la oposición y ser víctima gratuita del terrorismo mediático; pero tampoco de evadir las luchas que necesariamente tengan que librarse. Allí tenemos el caso del nuevo currículo de educación ¿Para qué lanzamos el tema a la calle, sino tenemos interés en esa pelea por ahora? ¿Por qué tiene el gobierno que diferir la decisión sobre su aprobación? ¿Por qué tiene el gobierno que renunciar a su atribución de decidir sobre el tema y proponer, en consecuencia, un referendo como salida? ¿No exigirán ahora que el gobierno someta a referendo todas sus decisiones? Nuestra humilde sugerencia es que gobierno, partido y pueblo se dediquen a desarrollar la estrategia del triunfo en noviembre, evitando el brindarle oportunidades a la oposición para que monte sus shows, pero confrontándola cuando sea necesario. Para ello es necesario la sincronización de todos los actores y nada mejor que el partido para ejercer esa tarea. Articulo leido aproximadamente 358 veces
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