Colombia en 3 actos y un epílogo
- www.aporrea.org
- www.aporrea.org/ddhh/n49648.html
1992. Mientras las botas del ejército que cuidan la embajada de los EEUU hacen retumbar las calles de Bogotá en una noche fría, las historias de la violencia surgen como cuentos de horror para niños. Así, me contaron que de noche, luego de saciar la sed de licor y droga en la zona rosa, es decir, en lo más chic de la capital, los niños ricos practican la “caza de los desechables”. En sus relucientes caballos de hierro recorren las madrugadas bogotanas disparando a los indigentes que duermen o transitan la noche. ¿La razón? La presunción, cierta o falsa, de que los “desechables” abusan de niños de la calle y cometen otras vilezas que las adicciones hacen aflorar. Al final, las víctimas y los victimarios, separados por su posición en la vieja lucha de clases, engrosan las grotescas estadísticas de un pueblo que amanece y anochece de bala, de bomba, de rehén del conservatismo mas ilustrado que haya parido América Latina. A más de mil kilómetros, el protagonista de otra noche fría pero digna permanece preso por un febrero fallido.

II

1999. El Palacio de Nariño es el fuerte inexpugnable del poder presidencial colombiano. Solo nosotros, periodistas venezolanos invitados a conversar con el presidente Andrés Pastrana, traspasamos por hoy las barreras de seguridad. Veintiocho años después que su papá, Misael Pastrana Borrero, dejara su cargo de embajador en los EEUU para convertirse en presidente, Pastrana hijo asume el poder en la nada inusual política hereditaria colombiana, Luego de aceptar que Chávez puede mediar con la guerrilla para evitar secuestros en Venezuela, y abogar por la paz en su país, Pastrana deja el micrófono y se acerca a nosotros. Fuera de la grabación, hace confesiones que lo colocan como prisionero/protagonista de un sistema de gobierno militarista y conservador. “Para hacer la paz con la guerrilla hay que cederles un espacio de territorio, para que lo gobiernen, pero yo no lo puedo hacer, si lo hago, voy preso”, susurra bajito. Tres años después, despejaría San Vicente del Caguán, se sentaría con Marulanda a conversar de paz, mientras los medios torpedeaban el proceso. Cerradas las negociaciones, en mayo de 2002 y con el lema “Mano firme, corazón grande”, el hijo del hacendado Alberto Uribe, supuestamente asesinado por las FARC, ex alcalde y concejal de la capital del narcotráfico, Medellín, Álvaro Uribe Vélez, llega al Palacio de Nariño, que se hace más infranqueable que nunca, mientras el presidente Hugo Chávez retoma Miraflores, gracias a un pueblo hecho río.

III

2007. Horas antes del referendo sobre la reforma constitucional, en las calles de Colombia se debate sobre Venezuela. Unos alaban a Chávez, y piden a gritos un gobierno similar para la maltratada Nueva Granada. Otros se hacen eco de los medios y satanizan al presidente venezolano. El 1 de diciembre el testimonio de Ingrid Betancur se convierte en espina clavada en el costado de muchos, en especial de Uribe, que escasos días antes aborta una mediación que conducía a un milagro, a la resurrección de los olvidados.. En su carta que prueba la vida en medio de una guerra fraticida, dice: “En Colombia todavía tenemos que pensar de dónde venimos, quiénes somos y a dónde queremos ir. Yo aspiro a que algún día tengamos esa sed de grandeza que hace surgir a los pueblos de la nada hacia el sol. Cuando seamos incondicionales ante la defensa de la vida y de la libertad de los nuestros, es decir, cuando seamos menos individualistas y más solidarios, menos indiferentes y más comprometidos, menos intolerantes y más compasivos. Entonces ese día seremos la nación grande que todos quisiéramos que fuéramos…A Piedad y a Chávez todo, todo mi afecto y mi admiración. Nuestras vidas están ahí, en el corazón de ellos, que sé que es grande y valeroso”. Uribe no es nombrado, y Chávez pierde el referendo, pero gana corazones.

Epílogo

2008. Liberadas Consuelo González y Clara Rojas, la paz toma en Colombia un camino sin retorno. Convencidos los colombianos y el mundo de que la locura debe acabar, hoy se pide apostar todo. Cuesta abajo en su rodada, el inquilino de Nariño se debate entre aceptar la ayuda de Chávez para salvar su pellejo, o seguir las órdenes del saliente Bush. La Guerra y la Paz. No faltarán tolstois en Colombia para escribir sobre este conflicto donde la violencia como método para dirimir las diferencias políticas y como expresión de la lucha inacabable de clases es la protagonista. Algo sí es seguro: en esa historia de un pueblo hecho rehén de la muerte, Chávez no será villano, y Uribe ya lo es.

[email protected]
Articulo leido aproximadamente 860 veces
Actualidad

>a<