Pensar Venezuela
Raúl Cerdeiras - www.aporrea.org
05/12/07 - http://www.aporrea.org/actualidad/a46399.html

Una idea directriz recorre todos los rincones de la militancia inventiva en Venezuela: reflexionemos sobre el 2D. Ha llegado el momento de parar la máquina y pensar. Todos los que luchamos por una política emancipativa tenemos que examinar una cuestión previa que se presenta bajo esta pregunta: ¿qué estrategia de pensamiento ponemos en acto al momento de reflexionar? Lo peor que nos puede pasar es que evaluemos la situación dentro de los cánones y dispositivos que el sistema nos propone. Eso sería fatal, no sólo porque erraríamos sobre la cuestión, sino porque ni siquiera seríamos capaces de presentar a la cuestión misma. Lo que quiero decir es que debemos emanciparnos de la manera de pensar propia de la forma política hegemónica por medio de la cual se realiza actualmente el dominio del capitalismo mundial: la democracia representativa y de partidos. Esa es la operación tenaza más sutil y terrible.

Esta forma política pone en movimiento ciertos circuitos con el que fija su horizonte y permite que en su interior aflore únicamente lo que ella quiere que se vea. Su efecto más letal es desplazar de ese campo visual cualquier indicio que pudiera haber de un real hecho político-emancipativo. Sabemos que la explosión que expandió al capitalismo a su brutal mundialización se ha hecho en el interior de una operación política regresiva que se basa en afirmar que la única elección política que la gente debe hacer estriba en optar por la democracia o el totalitarismo (o terrorismo). Se supone que optamos por la democracia. Esa es la puerta de entrada y una vez que se traspasa el umbral, ya no hay retorno. La cobertura ideológica de esa manera de practicar la política son la de los derechos humanos y el respeto a las diferencias, claro, el respeto a los diferentes en tanto y en cuanto han elegido la democracia, para el caso de no aceptar este camino les están reservadas las acciones punitivas, las intervenciones armadas, la tortura, el aniquilamiento, el sabotaje, etc. Para esta democracia, que proclama ser entre las malas formas políticas la menos mala, el acto supremo es el voto, que está encadenado a una serie de eslabones fundamentales siendo los más decisivos los siguientes: la representación, los programas, los partidos, las minorías y mayorías, el número, la legalidad y el Estado.

En consecuencia, en la actualidad cualquier acto político tendrá que pasar por el tribunal que juzgue acerca de su carácter democrático, de su respeto a los derechos humanos así como su aceptación a los otros eslabones que articulan al sistema democrático. No habrá gobernante que no se esmere por demostrar al mundo que es el más democrático que se pueda concebir. Si hay irregularidades declarará que son circunstanciales e impuestas por razones excepcionales. Para concluir esta introducción, quiero agregar que los que afirman, como es mi caso, que la política emancipativa es un pensamiento que debe tener la capacidad de interrumpir la libre circulación de una opinión instalada y hegemónica, esta democracia levantará la bandera de la libertad de opinión e impedirá tenazmente, por medio de su sistema comunicacional, que se libere el pensamiento. Ninguna corporación mediática luchará por la libertad de pensamiento. Sabe muy bien aquello que decía Spinoza: el hombre piensa.

Así las cosas, quiero declarar que:

1. La votación del 2 de diciembre de 2007 ha sido un acto inscripto esencialmente en el interior del dispositivo hegemónico del sistema político reinante tanto en Venezuela como en EE.UU y en los demás países llamados “civilizados”.

2. Que debemos cuidarnos de no seguir enterrándonos todavía más analizando esa jornada desde el mismo formato y con los mismos operadores conceptuales que el  sistema nos suministra.

3. Que es necesario pensar si el 2D aconteció algo que haya excedido realmente al dispositivo vigente y que sirva para afirmar un punto de partida diferente para el porvenir de las luchas emancipativas.

Punto 1. No me parece necesario lanzar muchos argumentos para demostrar que tanto antes, durante como después de ese acto, se reafirmaron todos los principios que sostienen al régimen llamado democrático. Los medios prestaron sus micrófonos e imágenes para que tanto chavistas como opositores mostraran su más profunda profesión de fe hacia el sistema llamado democrático. Más aún, todos coincidieron en algo: el que realmente ganó fue el sistema llamado democrático. Una fiesta de la democracia. Efectivamente una fiesta del sistema porque convenció a todos de que la política había reinado ese día, pero para Otra mirada de la política, la que emancipa, no la que liga, fue un banquete para enterrarla.

Punto 2. De ese acto no puede desprenderse sino un murmullo ensordecedor acerca de su significado. Digo un murmullo porque la mayoría de los análisis viajan cómodamente sobre las categorías conceptuales que laten en el interior del sistema. En especial, la más irresistible y criminal: el número. Si alguien preguntara cómo hacer para borrar de la faz de la tierra toda subversión política, la contestación es sencilla: someta la política a la tiranía del número, verá como lo que crece es… el desierto.

Es el sistema político de las democracias representativas, que se organizan en instituciones llamadas partidos y que giran alrededor del Estado, el que desata la lógica del número y la cantidad para juzgar, valorar o validar la capacidad o verdad de una política. Es la lógica económica del capitalismo, del mercado y la eficiencia llevada a la política. Daba lástima verlo a Chávez haciendo cuentas en un papel, cuando aceptó la “derrota” por cadena, tratando de sacar de la insignificancia de la diferencia numérica un argumento acerca de la justeza o no de su aventura. Nosotros sabemos que esta democracia es un vaciamiento del pensamiento político en la cloaca del número. Mayoría, minoría, porcentajes, encuestas de opinión, proyecciones, número de afiliados, cantidad de concurrentes a un acto, de votos, de inscriptos. Según sean los números serán las posibilidades de una política…De allí conceptos como “ganar”o “perder” y todo lo que se asocia a ello. Los chavistas que eran inmensamente críticos a las reformas no pueden decir que perdieron si perdió el Sí por cuanto ellos ganaron porque no querían las reformas. Lo más intolerable es querer juzgar una política por el número de votos que recogió, interpretar el sentido oculto e intimo del voto relacionándolo con la cantidad. Incluso como los que no votaron también son un número al cruzarlo con el de los que sí votaron uno se considera habilitado para desentrañar su significado íntimo…Los que se abstuvieron ¿son chavistas disconformes? si, dirán unos; no, dirán otros, son la reserva de una derecha que aún no los recuperó para su causa, etc. Ni lo mucho ni lo poco pueden ser árbitros de la justeza de una política si nos instalamos en el campo de la emancipación. Mucho no es sinónimo de “bueno” y pocos de “malo”, y viceversa. Para colmo de males, Deleuze se encargó de decir que una política subversiva que ataca a una hegemonía establecida necesariamente tiene que ser minoritaria, porque si no la hegemonía no sería mayoritariamente dominante. Ahora bien, si los cultores del número creen que esto significa que estar en minoría es una prueba de adherir a una política justa, es porque no entendió el sentido político y no numérico de la idea del filósofo francés y permanece atado a la lógica del número.

Creo que debemos dejar definitivamente a los politicólogos, a los cientistas sociales, a los académicos, a los genios que son invitados a los programas de opinión, y al conjunto de la vieja política, que se sigan revolcando en esa mierda. Nosotros tenemos que buscar por Otra parte, con Otras formas, con Otras armas, con Otro pensamiento. ¿Estamos dispuestos?

Punto 3. Sólo me atrevo a hilvanar algunas ideas y sugerencias despegadas de los operadores clásicos cuya esterilidad me resulta patética.

a) Una de ellas me reafirma que el conflicto real entre el chavismo como movimiento bolivariano en general, es decir, aquello a lo que se invitaba a ratificar con el Si, y la derecha, hay un conflicto de matriz esencialmente económica, de intereses económicos, básicamente una lucha por el reparto de la renta petrolera. No es una alternativa entre dos políticas: una emancipativa y la otra conservadora. El proceso electoral, la jornada electoral y cierto espíritu de negociación que se va abriendo entre ambas partes (de las que creo jugará un papel fundamental Baduel) son muestra suficiente que el M.B. chavista encaja perfectamente en el formato clásico de la vieja política. Es un medio para pelear, administrar, gestionar intereses en última instancia económicos.

La verborrea socialista o marxista-leninista, o sus invocaciones a Toni Negri, etc., son un recubrimiento para acumular poder en el seno de un pueblo largamente humillado y hambreado, y ganar la adhesión de la intelectualidad marxista con una larga tradición de lucha en Venezuela. Además, es una cáscara vacía, porque el socialismo, la revolución y el papel del Estado en todo ese proceso, es, según mi manera de pensar, una experiencia de pensamiento y acción que desde fines del siglo pasado ha perdido toda capacidad para sostener auténticas políticas de emancipación. Debe darse por concluida esa gran experiencia política con todo lo grandioso y también con todos sus desastres. Intentar reciclarla en el Siglo XXI sólo sirve para asustar a la burguesía pero no crea ninguna subjetividad política nueva y está condenada a terminar acomodándose, como no puede ser de otra manera, en el interior del Estado. Tan seca está esa política que los medios ponían como música de fondo para acompañar las manifestaciones de los estudiantes, los “hijos de papá”, la canción “me gustan los estudiantes…” , que en mi país fue emblemática en los momentos de mayor enfrentamiento entre los jóvenes y la fuerzas represivas.

Lo que inquietaba a la derecha era la manera en que un término-comodín llamado socialismo hermanado con otro que se le adosaba al término propiedad (comunal, social, pública, mixta, etc. etc.) jugueteaban por todos los artículos de la nueva constitución sin nunca jamás saberse qué realmente significaba. Esa era la verdadera espada de Damocles que irritaba a la tribu de Globovisión. El problema no era el famoso poder popular, porque los de la tribu sabían muy bien que era Chávez, el ejecutivo y el Estado el que acumulaba poder vertical y no precisamente el “pueblo”. Si levantaban la bandera de la libertad era porque no les convenía un Estado con un ejecutivo fuerte y mandado eternamente por un solo hombre, esas son las peores condiciones para posicionarse en una disputa por  intereses económicos.

b) Es posible que un imaginario, que recorre a muchos compañeros militantes chavistas, de que en Venezuela existe un poder “popular” (o algo más o menos cercano) se haga trizas desde el 2D. El pueblo no decide nada: ni la política internacional (relaciones con Irán, la política en Medio Oriente, en los bloques regionales como el MERCOSUR, etc.) ni gestó la necesidad del PSUV, ni redactó un solo artículo de la Reforma, ni siquiera se lo dejó salir a la calle después del resultado de los comicios para que diga lo que piensa.

c) Otra línea crítica a la que no debe darse mucha importancia es a lo que todo el mundo sabe: la inmensa corrupción que atraviesa todos los niveles institucionales del país. Es cierto que debe ser denunciado y combatido…pero esa no es la cuestión de fondo. Ni explica nada. Aquí seguro que aportarán lo suyo la tribu mediática, la partidocracia, y la Santa Iglesia con su moral y toda la resaca. Pero el verdadero problema no es limpiar de ladrones al Estado sino la de revisar a fondo la política que pregona que desde el Estado ocupado por honestos y abnegados luchadores se va a hacer una revolución que lleve a la nación hacia el socialismo…democrático, claro está.

d) Otra forma de estar ligados a la política tradicional, a la que quiere conservar el orden, es insistir con análisis que necesariamente tienen que pasar por una invocación a la voluntad o la supuesta intención del líder: el comandante Chávez. No es muy difícil percibir que si la persona de Chávez es el blanco del odio de los fascistas lo es simétricamente en la medida en que es el amado líder de los revolucionarios. Todo parece simplificarse cuando desde el llano se le exige a Chávez que haga esto o aquello, o se le imputa que se equivocó en tal o cual cosa, que debe rectificar tal decisión, que se confía a muerte en él o que se le está perdiendo la confianza, o se lo alienta a seguir, etc. Si no afirmamos que Chávez es parte de una política y que el núcleo que hay que encarar es esa política y no el refugio íntimo de su voluntad, estamos jodidos. Discutir sólo a partir de lo que dice o no dice Chávez es más fácil (pero impotente) que enfrentar desde las propias fuerzas personales y colectivas la complejidad de la situación política y decir nuestra palabra y tomar nuestras decisiones. Si regalamos esa complejidad a la simplificación que produce una frase del líder, seguimos estando jodidos.

e) En todos lados (en mi país pasó lo mismo con Perón) antes de producirse una necesaria distancia con la concentración de la política en el puño de un hombre, se atraviesa por una etapa previa que consiste en no hacerlo a él responsable de los supuestos males sino de un entorno que lo desvía del recto camino…Compañeros, puedo ofrecerles mi modesta experiencia: no existe tal entorno, el entorno es el entornado mismo. Si hay un grupo que rodea a Chávez, ese grupo es Chávez. No existe el neutro o puro personaje dispuesto a padecer las influencias de los anillos que lo rodean. Si uno denuncia a un entorno es porque aspira a ser el nuevo entorno. ¡No los escuches a ellos, escúchanos a nosotros!

f) Lo que permite pensar este 2D es que hay un acomodamiento del chavismo en el interior del sistema político que regía en Venezuela bajo la IV república. Las novedades del chavismo no son sino novedades reaccionarias. Llamo novedades reaccionarias a los procesos políticos de derecha que se renuevan a consecuencia del surgimiento de rupturas emancipativas que abren la posibilidad de un nuevo presente político. Creo que es posible que el Caracazo fuera el comienzo de una nueva experiencia política emancipativa en Venezuela, aunque haya sido decodificado en el interior de una política que el acontecimiento de 1989 estaba destinado a subvertir. El chavismo se fusiona en el interior de esa experiencia pero los efectos reales de su política consisten en desactivarlo. La autorización que la oligarquía le otorga al Movimiento Bolivariano con Chávez a la cabeza para que se presente a elecciones después del fallido golpe militar, es posible de ser interpretado, con el paso del tiempo, por el convencimiento de que la gobernabilidad en Venezuela estaba en peligro. Lo que no evaluó la oligarquía es la coyuntura internacional y nacional (suba del precio del petróleo, declinación de los gobiernos neoliberales en la región, insurrección de los pueblos de América, aparición del zapatismo, los Sin Tierra, el recambio continental de los gobiernos con matices pero todos con capacidad de frenar esos desbordes, Lula, Kirchner, Evo, Ortega, etc.)

Siempre pensé que iba a ser la creación del PSUV y su exigencia de disolución de las diferentes experiencias y movimientos de lucha que existían en el interior del chavismo como herencia de ese pasado que arranca en 1989, el que precipitaría una tensión y lucha interna que daría la pauta de la real capacidad y energía que habían podido acumular estos nuevos intentos de refundar nuevas formas de pensar-hacer la política por fuera del viejo formato perimido. Hoy me parece más justo decir que el verdadero acontecimiento político que sucedió el 2D, si es como presumo que el “empate” en las urnas es una simple metáfora electoral de una negociación en puerta entre el Si y el No, es la evidencia de que el proceso de la Revolución Bolivariana ha llegado a su techo. Se avecina una lucha entre los sectores internos de los rojos rojitos; la vieja y dogmática izquierda deberá elegir entre disolverse o vegetar en las orillas del chavismo; una derecha obligada a arreglar sus disputas internas para ofrecer un frente de negociación duro ante el oficialismo. Y, finalmente, nosotros. Un nuevo nosotros emancipativo formado por todas las luchas en curso que se llevan adelante aquí y en otros lados del mundo por aquellos que no renuncian a la idea de la emancipación humana. Un nosotros que sólo podrá tejer un nuevo pensar-hacer político emancipativo que mirando las luchas de los pueblos del siglo pasado pueda decir: es nuestro pasado, pero necesitamos romper con él para poder ser su continuación.

Entonces, ¿qué pensar-hacer? ¡¡Saltar la talanquera!!

Articulo leido aproximadamente 688 veces