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Uribe nunca ha creído ni deseado la paz para Colombia. De hecho, la
defensa de “la sociedad colombiana” y la propiedad privada, le sirvieron de pretexto para impulsar la creación de un ejercito genocida denominado Autodefensas Unidas de Colombia. Los colombianos siempre han sabido que Uribe es uno de los padres del paramilitarismo y con ello, responsable de miles de muertes; pero los medios de comunicación lo han tratado con mano de seda por ser aliado incondicional de los gringos y la oligarquía criolla. Aún en estos momentos cuando la justicia procesa a decenas de diputados, ministros y políticos, aliados de Uribe, por sus nexos con el paramilitarismo y el narcotráfico, la gran prensa colombiana hace esfuerzos inusitados por preservar la imagen del presidente colombiano. En cualquier otro momento lo habrían convertido en un carnicero. Incluso hoy, si se tratara de otro político, ya lo habrían transformado en un ser despreciable; pero se trata de Uribe y él representa la punta de lanza de la política gringa en el continente. En momentos en los que nuestros pueblos crecen en conciencia guiados por líderes como Chávez, Fidel, Correa, Evo, Tabaré, Ortega, Lula y Kitchner los gringos no pueden darse el lujo de que su mejor aliado sea defenestrado. Los planes militaristas, el impulso de las políticas neoliberales, la oposición a la integración suramericana y la influencia norteamericana en esta parte del continente requieren de la permanencia de Uribe en el poder. No ha podido, sin embargo, Uribe evitar que se conozcan detalles de su asquerosa hermandad con el movimiento que una vez lideró Carlos Castaño; por ello se sacó un as de la manga con el canje humanitario de prisioneros. Qué mejor manera de desviar la atención de la sociedad colombiana y latinoamericana, que crear esperanzas sobre la libertad de los prisioneros y la paz de Colombia. Sabía Uribe que si nombraba una figura de oposición como Piedad Córdoba y un hombre de la talla de Hugo Chávez al frente del proceso, crecería la esperanza y aumentaría la credibilidad de su gobierno, independientemente de que el canje de prisioneros no se concretara. De hecho, sus cálculos no pueden ser más maquiavélicos. El fracaso hipotético de la misión sería presentado como una falta de voluntad de las FARC, como una pobre gestión de la oposición que representa Piedad Córdoba y como una demostración de la falta de liderazgo y torpeza política de Hugo Chávez… tres pájaros muertos de un solo tiro. ¡Pero que empeño en subestimar la capacidad de Hugo Chávez! por ello es que les derrota una y otra vez. Chávez que cree en lo que hace, que le pone pasión a su lucha y que es un político de habilidad asombrosa está dejando a Uribe en evidencia. Lo que éste pensó serían unas simples negociaciones entre su gobierno y las FARC, moderadas por un Chávez sin autoridad para decidir; han sido convertidas, por el líder de la revolución venezolana, en un proceso cuyo escenario es el mundo entero. Chávez está haciendo añicos la estrategia de Uribe, obligándolo a dar muestras serias de que quiere la paz. No le resultará fácil al colombiano torpedear el proceso sin destruir su imagen. Ya no son suficientes las conocidas descalificaciones que el gobierno colombiano hace de las FARC, ni la manida posición de no negociar con terroristas. Chávez ha llevado a Uribe y al gobierno gringo a su terreno. Ahora, o se sientan a negociar seriamente o son ellos los que tendrán que asumir el costo político del fracaso de un proceso humanitario. Articulo leido aproximadamente 1714 veces
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